El abismo superficial: Ontología del sujeto hiperconectado y la erosión de la agencia moral

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Resumen

El presente artículo de revisión teórica analiza la transformación ontológica del sujeto contemporáneo frente al ecosistema del Big Data y la mediación algorítmica, proponiendo el concepto de «abismo superficial» como una nueva categoría de nihilismo. Mediante un diseño metodológico fundamentado en la hermenéutica crítica, se interroga a la ética clásica de la autonomía frente a las dinámicas del capitalismo de la vigilancia. El problema central radica en la aparente expansión de la libertad de elección que, paradójicamente, encubre una erosión sistemática de la agencia moral del individuo por la erradicación del tiempo reflexivo. Los resultados del análisis advierten sobre la instauración de un «determinismo asintótico», donde la lógica de las máquinas sustituye la voluntad de poder por una positividad tóxica orientada al consumo en cámaras de eco. Se concluye que este diseño algorítmico genera un estado de anestesia ética y fragilidad sociopolítica, proponiendo a las metodologías activas (como el Aprendizaje Basado en Proyectos) como mecanismos de fricción pedagógica indispensables para restituir la autonomía moral y la capacidad deliberativa en la formación humana.

Palabras clave: abismo superficial, agencia moral, determinismo tecnológico, ontología, hiperconexión, educación crítica.

Abstract

This theoretical review article analyzes the ontological transformation of the contemporary subject in the face of the Big Data ecosystem and algorithmic mediation, proposing the concept of the «superficial abyss» as a new category of nihilism. Through a methodological design based on critical hermeneutics, classical ethics of autonomy are questioned against the dynamics of surveillance capitalism. The central problem lies in the apparent expansion of freedom of choice which, paradoxically, conceals a systematic erosion of the individual’s moral agency through the eradication of reflective time. The results of the analysis warn of the establishment of an «asymptotic determinism», where the logic of machines replaces the will to power with a toxic positivity oriented towards consumption in echo chambers. It concludes that this algorithmic design generates a state of ethical anesthesia and socio-political fragility, proposing active methodologies (such as Project-Based Learning) as essential pedagogical friction mechanisms to restore moral autonomy and deliberative capacity in human formation.

Keywords: superficial abyss, moral agency, technological determinism, ontology, hyperconnection, critical education.

Introducción

 De la angustia existencial a la anestesia algorítmica

El problema de la condición humana frente al vacío ha sido uno de los motores más persistentes de la investigación filosófica. Tradicionalmente, la metáfora del abismo se ha conceptualizado como una profundidad oscura e insondable, un espacio de confrontación radical donde el ser humano, despojado de asideros metafísicos o teológicos, debe forjar su propia esencia. Sin embargo, en el tránsito hacia la tercera década del siglo XXI, marcados por la omnipresencia del Big Data y la mediación de la Inteligencia Artificial (IA), esta topografía existencial ha sufrido una mutación ontológica sin precedentes. El sujeto contemporáneo ya no se enfrenta a un abismo profundo y oscuro que genera angustia, sino a lo que propondremos denominar un abismo superficial: un vacío expansivo, hiperiluminado por pantallas, saturado de información y estructuralmente diseñado para carecer de fricción.

El presente artículo propone que este abismo superficial constituye una categoría inédita de nihilismo y una amenaza directa a la autonomía moral. En este nuevo ecosistema, también denominado «infosfera» (Floridi, 2014), la lógica predictiva de las máquinas se impone sobre la complejidad deliberativa humana. El diseño algorítmico sustituye el conflicto ético por la predicción estadística, y la voluntad de poder por la comodidad del consumo hiperpersonalizado. El objetivo central de este estudio es analizar cómo la arquitectura de la hiperconexión no solo moldea el comportamiento a nivel sociológico, sino que erosiona sistemáticamente la agencia moral del individuo desde una perspectiva ontológica, instaurando un determinismo asintótico bajo la apariencia de una libertad de elección ilimitada.

Genealogía del vacío contemporáneo: Del vértigo a la saturación

Para comprender la magnitud de la transformación que supone el abismo superficial, resulta indispensable trazar una breve genealogía de cómo la filosofía ha abordado la confrontación del sujeto con el vacío y la libertad.

En los albores de la modernidad existencial, Søren Kierkegaard (1844/2013) identificó el abismo con el vértigo de la libertad; la angustia no surgía de una amenaza externa, sino de la abrumadora posibilidad de poder elegir. Décadas más tarde, Friedrich Nietzsche (1886/2018) cristalizó la peligrosidad de este encuentro al advertir que quien lucha con monstruos debe cuidar de no convertirse en uno, pues «cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti» (p. 114). Para el existencialismo del siglo XX, ejemplificado por Jean-Paul Sartre (1943/1993), el vacío no era una ausencia inerte, sino la condición constitutiva de la conciencia; una «nada» activa que obligaba al ser humano a la responsabilidad insoslayable de inventarse a sí mismo a través de sus actos.

En todas estas formulaciones clásicas, el abismo compartía tres características fundamentales: era oscuro (implicaba incertidumbre y riesgo), era profundo (exigía una inmersión reflexiva) y era friccional (su confrontación generaba sufrimiento, duda y, finalmente, madurez moral).

La transición hacia la modernidad líquida y la infosfera

El paradigma comenzó a fracturarse con el advenimiento de lo que Zygmunt Bauman (2000/2015) denominó «modernidad líquida», donde las estructuras sólidas que anclaban la identidad (instituciones, narrativas históricas, compromisos a largo plazo) se disolvieron. No obstante, la digitalización masiva y la economía de los datos han llevado esta liquidez a un nuevo estado que trasciende lo social para adentrarse en lo cognitivo y lo moral.

En la era del Big Data, el entorno humano principal ha migrado hacia la infosfera, un espacio donde las fronteras entre la realidad offline y online desaparecen por completo, transformando a los individuos en «inforgs» (organismos informacionales) (Floridi, 2014). Es en este escenario tecnológico donde el abismo clásico se aplana y se vuelve superficial.

La positividad tóxica y la erradicación del Otro

La naturaleza de este nuevo vacío ha sido agudamente diagnosticada por Byung-Chul Han (2012, 2022), quien argumenta que la sociedad contemporánea ya no padece de un exceso de negatividad (prohibiciones, culpas, límites), sino de un exceso de «positividad». El abismo superficial está construido sobre la hipercomunicación, el exceso de estímulos y la transparencia absoluta. En las plataformas digitales mediadas por algoritmos, la alteridad; es decir, la confrontación con el Otro que piensa diferente, que resiste o que incomoda, es sistemáticamente erradicada.

Los sistemas predictivos agrupan a los sujetos en cámaras de eco ontológicas, rodeándolos únicamente de reflejos de sus propias inclinaciones pre-calculadas. Al eliminar la fricción intelectual y emocional, el algoritmo suprime la necesidad de la deliberación ética. El individuo contemporáneo se desliza sobre una superficie plana y pulida de dopamina, creyendo ejercer su libertad mediante interacciones efímeras (likes, swipes, clics), cuando en realidad se encuentra sumido en un vacío narcisista. Así, la angustia existencial de enfrentarse a lo desconocido es reemplazada por la ansiedad algorítmica de mantenerse perpetuamente conectado y validado, configurando una anestesia moral que anula la capacidad reflexiva del sujeto.

 

 

Metodología

Enfoque metodológico y diseño de la investigación

El presente trabajo se enmarca dentro de la investigación cualitativa de diseño no experimental, estructurándose específicamente como un artículo de revisión teórica y reflexión filosófica. Dada la naturaleza del objeto de estudio, la transformación ontológica del sujeto y la erosión de la agencia moral en el entorno digital, se adoptó un enfoque metodológico fundamentado en la hermenéutica crítica (Gadamer, 1960/1996). Este paradigma permite no solo la exégesis de los textos clásicos, sino la actualización de su horizonte de sentido para interpretar fenómenos contemporáneos inéditos, como la algoritmización del comportamiento.

El diseño documental se orientó hacia la construcción de un marco categorial analítico. En lugar de limitarse a una revisión bibliográfica descriptiva, se implementó un análisis dialéctico que buscó confrontar los axiomas de la ética clásica de la autonomía con los diagnósticos actuales sobre el Big Data y la mediación tecnológica.

Criterios de conformación del corpus teórico

Para garantizar el rigor y la exhaustividad del análisis, la recolección del corpus documental no obedeció a un rastreo probabilístico, sino a un muestreo teórico e intencional o de conveniencia epistemológica. Se seleccionaron fuentes primarias y secundarias que cumplieran con el criterio de saturación teórica en torno a dos ejes fundamentales: la ontología del vacío/libertad y la sociología del control digital.

El corpus se estructuró, en consecuencia, en dos bloques dialógicos:

  1. Bloque de fundamentación filosófica clásica: Integrado por obras capitales que abordan la constitución del sujeto moral y la confrontación con el vacío existencial. Aquí se priorizó la ética formal de Immanuel Kant para establecer el estándar de la «autonomía», así como los planteamientos ontológicos de Friedrich Nietzsche, Søren Kierkegaard y Jean-Paul Sartre respecto a la libertad radical y la voluntad.
  2. Bloque de crítica sociológica y tecnológica contemporánea: Compuesto por investigaciones recientes que analizan la mutación del tejido social frente al paradigma digital. Se seleccionaron autores de alto impacto en el debate actual, tales como Shoshana Zuboff (Capitalismo de la vigilancia), Byung-Chul Han (Positividad y enjambre digital), Zygmunt Bauman (Modernidad líquida) y Luciano Floridi (Filosofía de la información e infosfera).

Fases del procedimiento analítico

El tratamiento de la información y la posterior construcción de las inferencias argumentativas se desarrolló a través de tres fases metodológicas sucesivas:

  • Fase Heurística (Identificación y sistematización): Consistió en la localización, evaluación y clasificación lógica de las fuentes. En esta etapa se aislaron las categorías conceptuales clave de cada autor, tales como: voluntad de poder, imperativo categórico, arquitectura de elección y economía de la atención.
  • Fase Hermenéutica (Interpretación y cruce dialéctico): Constituyó el núcleo del trabajo metodológico. Se procedió a interrogar los textos clásicos desde el contexto de la hiperconexión actual. La pregunta motora de esta fase fue: ¿Cómo opera la imperatividad kantiana o el vértigo kierkegaardiano en un entorno donde las opciones están predeterminadas por un sistema predictivo? Este cruce permitió vislumbrar la incompatibilidad estructural entre la fricción que exige la moralidad clásica y la fluidez que impone el diseño algorítmico.
  • Fase de Síntesis y Propuesta Teórica: A partir de la fricción categorial evidenciada en la fase anterior, se procedió a la formulación de inferencias deductivas originales. Esta fase culminó con la articulación teórica de los dos conceptos que vertebran esta investigación: el abismo superficial»(como reinterpretación del nihilismo en la era de la información) y el determinismo asintótico (como diagnóstico de la erosión de la agencia moral).

 

La ontología de la hiperconexión y el secuestro algorítmico de la voluntad

Habiendo establecido que el vacío contemporáneo se caracteriza por su superficialidad hiperiluminada y su positividad asfixiante, resulta imperativo deconstruir la arquitectura que sostiene este ecosistema. El abismo superficial no es un fenómeno natural derivado de la mera evolución tecnológica, sino el resultado de una intencionalidad de diseño inscrita en el modelo económico dominante de la era digital: el capitalismo de la vigilancia (Zuboff, 2019).

El Capitalismo de la Vigilancia como marco extractivo

Para comprender la erosión de la agencia moral, primero debe comprenderse la ontología del sujeto dentro de este modelo. Zuboff (2019) postula que las corporaciones tecnológicas han trascendido la mera comercialización de bienes y servicios para adentrarse en la extracción del «excedente conductual» (behavioral surplus). En esta dinámica, el ser humano no es el cliente, ni siquiera es el producto; el individuo moderno ha sido reducido a la condición de materia prima. Sus experiencias, emociones, dudas y patrones de búsqueda son extraídos, cuantificados y procesados por inteligencias artificiales para fabricar productos predictivos que anticipan y, en última instancia, modifican su comportamiento futuro.

Es precisamente en la asimetría de esta relación donde el abismo superficial cobra su dimensión más amenazante. Existe una disparidad epistémica radical: el sistema algorítmico acumula un conocimiento omnisciente sobre las vulnerabilidades psicológicas del sujeto, mientras que el sujeto opera en una ignorancia casi total respecto a los mecanismos de la máquina (la arquitectura de caja negra). El individuo cree navegar libremente por un océano infinito de posibilidades, cuando en realidad sus trayectorias han sido milimétricamente precalculadas para maximizar la rentabilidad de su atención.

La subversión de la voluntad de poder

Esta manipulación arquitectónica tiene consecuencias devastadoras para la constitución del sujeto moral. Históricamente, la filosofía occidental ha entendido el desarrollo de la identidad a través del concepto del esfuerzo y la resistencia. La voluntad de poder nietzscheana (Nietzsche, 1886/2018), entendida no como dominación sobre el otro, sino como la fuerza vital de autosuperación, de afirmación frente a la adversidad y de creación de nuevos valores, requiere inexorablemente del conflicto. Requiere una fricción contra la cual el individuo pueda forjar su carácter.

El diseño algorítmico actual perpetra lo que podríamos denominar un «secuestro de la voluntad». La interfaz no reprime los impulsos del sujeto mediante la coacción externa (como lo harían los totalitarismos clásicos del siglo XX), sino que los hackea. Redirecciona la pulsión natural humana de afirmación y pertenencia social hacia métricas de validación cuantificables y efímeras (likes, retuits, visualizaciones). La voluntad de creación se atrofia, transformándose en una mera voluntad de consumo pasivo y exhibición narcisista.

La economía de la atención y la erradicación del tiempo reflexivo

La autonomía moral, entendida desde el paradigma kantiano, no es un estado automático; es un logro que exige una condición temporal específica: la pausa deliberativa. Para que un acto sea considerado genuinamente moral, el sujeto debe ser capaz de suspender sus inclinaciones sensibles inmediatas y someter su máxima de acción al escrutinio del imperativo categórico racional (Kant, 1785/2012). Este proceso requiere tiempo, silencio y aislamiento cognitivo.

Sin embargo, el abismo superficial está estructurado sobre la lógica de la «economía de la atención», cuyo objetivo es precisamente la abolición del silencio y la aniquilación del tiempo de pausa. Como señala Han (2022), hemos pasado de la era de la narrativa a la era de la información. La narrativa tiene extensión, temporalidad y profundidad; permite la construcción de sentido y de verdad. La información, por el contrario, es puramente aditiva, fugaz y carece de centro gravitatorio. El entorno digital bombardea al cerebro con estímulos diseñados a través de ingeniería psicológica persuasiva (recompensas variables, notificaciones rojas, scroll infinito) que activan respuestas límbicas primarias, puenteando el córtex prefrontal donde reside la deliberación ética.

En consecuencia, el individuo hiperconectado se encuentra en un estado de reactividad perpetua. Se le exige opinar, comprar, rechazar o aceptar en fracciones de segundo. Al erradicar la fricción temporal, el algoritmo despoja al ser humano del espacio vital necesario para la reflexión moral. El sujeto no delibera; simplemente reacciona a una estructura de incentivos diseñada para mantenerlo en movimiento dentro de un laberinto sin salida. El abismo es superficial porque en él no hay tiempo para hundirse en el pensamiento complejo; solo queda deslizarse frenéticamente sobre la lisa superficie de los datos.

Determinismo asintótico y el colapso de la ética kantiana

Si el abismo superficial, sostenido por el capitalismo de la vigilancia, ha logrado secuestrar la voluntad mediante la erradicación del tiempo reflexivo, es imperativo interrogar el estatus de la moralidad dentro de este ecosistema. Para abordar esta cuestión, resulta metodológicamente necesario recurrir al estándar más riguroso de la filosofía moral moderna: la ética deontológica de Immanuel Kant.

La autonomía y el problema de la inclinación empírica

En la Fundamentación para una metafísica de las costumbres, Kant (1785/2012) establece que el único elemento incondicionalmente bueno en el mundo es la «buena voluntad». Esta voluntad no es buena por los fines que alcanza, sino por su capacidad de obrar por deber, al margen de cualquier inclinación empírica (deseos, miedos, pasiones corporales o presiones sociales). Para Kant, la verdadera libertad humana (la autonomía) no consiste en hacer lo que uno desea, sino en la capacidad racional de darse a sí mismo su propia ley moral a través del imperativo categórico. Cuando el sujeto actúa movido por el deseo o la comodidad, opera bajo la «heteronomía»: su voluntad está siendo legislada por factores externos a la razón.

El problema ontológico que plantea el Big Data es la sofisticación sin precedentes de la heteronomía. Kant advertía sobre las inclinaciones biológicas y sociales, pero el sujeto contemporáneo se enfrenta a inclinaciones sintéticas, fabricadas a medida mediante ingeniería algorítmica. El algoritmo no solo anticipa el deseo; lo produce. Al perfilar psicológicamente al usuario a través de miles de puntos de datos diarios (desde el tiempo de detención en una imagen hasta las pulsaciones del teclado), la Inteligencia Artificial construye una arquitectura de estímulos hiperpersonalizada. En el abismo superficial, la frontera entre el deseo auténtico y la inclinación inducida se desdibuja por completo.

La formulación del determinismo asintótico

En este punto es donde proponemos la categoría de determinismo asintótico. No estamos frente al determinismo mecanicista estricto del siglo XVIII (como el demonio de Laplace), donde el conocimiento de todas las partículas del universo permitiría predecir el futuro con exactitud absoluta. El ecosistema algorítmico es probabilístico. Siempre existe un margen matemático para el error, la anomalía y, teóricamente, para la espontaneidad humana.

Sin embargo, el volumen masivo de datos (la escala Big Data) y la capacidad de aprendizaje profundo (Deep Learning) permiten que la curva de predicción algorítmica se acerque al comportamiento humano de manera asintótica. Al igual que en geometría una asíntota es una línea que se acerca infinitamente a una curva sin llegar jamás a tocarla, el algoritmo se acerca infinitamente a la predicción total y al control conductual del individuo. El espacio de libertad no calculable, el margen de error de la máquina, que es precisamente donde habita la libertad moral, se reduce a una fracción tan minúscula que resulta irrelevante a efectos de la agencia sociológica. El sujeto se percibe libre, pero sus trayectorias vitales están estadísticamente clausuradas.

El colapso del Imperativo Categórico en la cámara de eco

Esta reducción asintótica de la libertad provoca el colapso estructural de la propuesta ética kantiana. El imperativo categórico exige que el individuo evalúe sus acciones bajo la fórmula de la ley universal: «Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal» (Kant, 1785/2012, p. 120).

Esta universalidad exige como precondición una realidad compartida, un «mundo» en el que la alteridad (los otros) esté presente en igualdad de condiciones. No obstante, como se argumentó en el análisis de la ontología de la hiperconexión, las redes predictivas erradican la realidad compartida en favor de alimentadores de contenido (feeds) estrictamente individuales. Cada inforg (Floridi, 2014) habita en su propia cámara de eco, una burbuja epistémica donde la realidad ha sido privatizada y moldeada para confirmar sus propios prejuicios y maximizar su comodidad emocional.

¿Cómo puede el individuo aplicar la prueba de la universalidad kantiana si está ontológicamente aislado en un multiverso algorítmico diseñado a su medida? La respuesta hermenéutica es que no puede. En el abismo superficial, el Otro desaparece como fin en sí mismo y se reduce a un mero instrumento de validación o a un enemigo esquemático polarizado. La ética del deber se atrofia porque la exigencia de universalidad resulta inaplicable en un entorno donde la propia noción de «universo compartido» ha sido desmantelada por la programación predictiva. El algoritmo asume, de facto, el papel de legislador universal, dictaminando no solo lo que es deseable, sino lo que es moralmente visible.

Resultados de la reflexión e implicaciones prácticas

El recorrido analítico desarrollado a lo largo de este estudio permite cristalizar una serie de resultados teóricos en torno a la condición del sujeto en el ecosistema digital. El hallazgo principal radica en la conceptualización del abismo superficial no como un accidente derivado de la sobreexposición tecnológica, sino como una estructura ontológica diseñada para sustituir la angustia de la libertad por la anestesia del consumo predecible.

Se ha evidenciado que el capitalismo de la vigilancia opera bajo un determinismo asintótico que, al secuestrar la voluntad de poder y erradicar el tiempo reflexivo, hace colapsar las precondiciones necesarias para el ejercicio de la autonomía moral kantiana. El sujeto, aislado en su cámara de eco, pierde la capacidad de universalizar sus máximas, cediendo la legislación de su conducta al algoritmo.

Más allá de la disquisición puramente filosófica, este vaciamiento de la agencia moral detona ramificaciones críticas en el tejido social y, muy particularmente, en los modelos de formación humana.

Implicaciones sociopolíticas: La fragilidad del enjambre

A nivel social, la erosión de la autonomía engendra lo que Han (2012) denomina el «enjambre digital»: un colectivo de individuos aislados que carece de un nosotros articulado. Al desaparecer la alteridad y el conflicto constructivo, elementos suprimidos por la positividad de la interfaz, la sociedad se vuelve profundamente frágil frente a la manipulación. Las decisiones políticas, económicas y éticas dejan de ser el resultado de un debate público racional para convertirse en el producto de contagios emocionales orquestados por el análisis masivo de datos. La democracia, que ontológicamente depende de ciudadanos capaces de deliberación autónoma, se ve degradada a una mera gestión estadística de las reacciones afectivas.

Implicaciones pedagógicas: La restitución de la agencia a través de la praxis

Frente a este escenario de pasividad algorítmica, el campo de batalla fundamental para la restitución del sujeto moral es el ámbito educativo. Si el abismo superficial se caracteriza por la falta de fricción y la recepción pasiva de opciones pre-digeridas, la pedagogía contemporánea debe erigirse como un motor de resistencia que reintroduzca el esfuerzo cognitivo, la duda y la capacidad transformadora.

La educación tradicional, basada en la transmisión unidireccional de información, resulta insuficiente en la era de la infosfera; de hecho, corre el riesgo de mimetizarse con la dinámica algorítmica si concibe al estudiante como un mero receptáculo de datos. La superación de este determinismo asintótico requiere la implementación de metodologías activas que devuelvan al individuo su rol como agente creador y constructor de realidades tangibles.

En este sentido, modelos como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABPr) emergen no solo como herramientas didácticas, sino como imperativos éticos. Particularmente dentro del ámbito de la formación técnico-profesional, el ABPr obliga al sujeto a salir de la abstracción hiperconectada y enfrentarse a la fricción de la materia, del trabajo colaborativo y de la resolución de problemas reales. Al planificar, ejecutar y evaluar un proyecto que impacta directamente en el desarrollo social de su entorno, el individuo ejercita la voluntad de poder en su vertiente más constructiva. La formación técnica y profesional, al centrarse en el saber hacer fundamentado, actúa como un ancla ontológica: reconecta al estudiante con la causalidad del mundo físico y social, fracturando la ilusión de pasividad del entorno digital y restituyendo la musculatura moral necesaria para la autonomía.

 

 

 

 

 

 

Conclusiones preliminares

El presente artículo ha trazado la genealogía y la estructura del abismo superficial del hombre actual, demostrando que la hiperconexión, lejos de emancipar, ha generado un nuevo estado de servidumbre invisible. La interfaz digital, al suprimir el tiempo reflexivo y parametrizar el deseo, desmantela la capacidad del sujeto para actuar por deber racional, hundiéndolo en un letargo donde la libertad es apenas un espejismo estadístico.

No obstante, el reconocimiento de esta arquitectura extractiva constituye el primer acto de emancipación. El determinismo asintótico de las máquinas es poderoso, pero no es absoluto; siempre existe un resto incalculable en el espíritu humano que escapa a la cuantificación. La defensa de ese espacio irreductible requiere un giro profundo en nuestra comprensión de la ética práctica y la educación.

Si en este primer análisis hemos diagnosticado la topografía del vacío algorítmico y la atrofia del sujeto moral, queda abierta la interrogante sobre los mecanismos filosóficos específicos para articular la resistencia. La tarea ineludible de futuras indagaciones será explorar cómo, partiendo de este diagnóstico crítico, es posible edificar una arquitectura de rehumanización consciente; un marco donde la lógica de la libertad logre imponerse, de manera definitiva, sobre el imperio del algoritmo.

Referencias Bibliográficas

 

Bauman, Z. (2015). Modernidad líquida (C. Rosenberg, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 2000).

Floridi, L. (2014). The fourth revolution: How the infosphere is reshaping human reality. Oxford University Press.

Gadamer, H.-G. (1996). Verdad y método: Fundamentos de una hermenéutica filosófica (A. Agud & R. de Agapito, Trads.). Ediciones Sígueme. (Obra original publicada en 1960).

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (A. S. Mendelsohn, Trad.). Herder Editorial.

Han, B.-C. (2022). La crisis de la narración. Herder Editorial.

Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres (R. R. Aramayo, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1785).

Kierkegaard, S. (2013). El concepto de la angustia (D. G. Rivero, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1844).

Nietzsche, F. (2018). Más allá del bien y del mal (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1886).

Sartre, J.-P. (1993). El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica (J. Valmar, Trad.). Altaya. (Obra original publicada en 1943).

Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.

Glosario de Términos

Abismo superficial: Categoría ontológica que describe la naturaleza del nihilismo contemporáneo. A diferencia del vacío existencial clásico (oscuro, profundo y angustiante), es un espacio hiperiluminado, saturado de información y carente de fricción, donde el sujeto pierde su capacidad reflexiva en la ilusión de opciones ilimitadas.

Agencia moral: Capacidad del ser humano para deliberar, elegir y actuar de forma autónoma, guiado por principios éticos racionales y no por inclinaciones inducidas, haciéndose responsable de sus decisiones frente a sí mismo y la comunidad.

Cámara de eco ontológica: Entorno digital cerrado y autorreferencial creado por algoritmos predictivos, donde la alteridad (lo distinto, lo conflictivo) es suprimida. Aísla al sujeto en una simulación de la realidad que solo refleja y amplifica sus inclinaciones previas.

Capitalismo de la vigilancia: Modelo económico (Zuboff) que extrae el excedente conductual de la experiencia humana (datos) no solo para predecir, sino para modificar y mercantilizar el comportamiento futuro de los usuarios.

Determinismo asintótico: Concepto propuesto que describe el grado de control predictivo del algoritmo sobre la conducta humana. Aunque estadísticamente siempre existe un margen para la libertad o el error, la recolección masiva de datos hace que la predicción se acerque de manera infinita (asíntota) a la certeza, reduciendo la agencia no calculable a su mínima expresión.

Infosfera: Ecosistema global de la información (Floridi) donde las fronteras entre la realidad física (offline) y la digital (online) se han disuelto, convirtiéndose en el principal hábitat del sujeto contemporáneo.

Voluntad de poder (secuestrada): En su forma clásica, es la pulsión vital hacia la autosuperación y la creación frente a la fricción del mundo. En el entorno algorítmico, es hackeada y redireccionada hacia la validación efímera (métricas, likes) y el consumo pasivo.

Canción: ANTES DEL GRITO

Canción: ANTES DEL GRITO

Oh…
Oh…
Antes del grito…
Antes del grito…

La ciudad nos crió bajo un cielo de pantallas,
con la sed en la garganta y la fe hecha migajas.
Aprendimos muy temprano a fingir que amanecía,
a llamar “libertad” a una fuga repetida.
Nos llenaron los ojos de velocidad y brillo,
de cuerpos impecables, de victoria y de delirio,
pero nadie nos dijo, cuando ardía la farsa,
que el alma se marchita si nadie la abraza.

Éramos hermosos, sí, pero también derrotados,
con el miedo bien vestido y los sueños maquillados,
con mil noches encendidas sobre un fondo sin orilla,
con canciones en la boca y un abismo en las costillas.
Nos besamos muchas veces no por amor, sino por ruido,
por no sentir el vértigo de ser nosotros mismos,
por no ver que en el espejo ya no quedaba casi nada,
solo una generación sonriendo mientras sangraba.

Y nadie quería apagar la luz,
porque en la penumbra asomaba la herida.
Nombre por nombre, desnuda verdad,
rompiendo el engaño de toda la huida.

Antes del grito ya se estaba cayendo todo,
ya se nos llenaba el corazón de polvo y lodo.
Y nosotros bailando como si no fuera con nosotros,
como si el vacío no llevara nuestros rostros.
Antes del grito ya se estaba apagando el alma,
ya se estaba hundiendo el mundo detrás de la pantalla.
Y ahora esta noche me viene a decir:
no basta mirar, hay que aprender a vivir.

Oh…
No basta mirar…
Oh…
Hay que aprender a vivir…

Vi muchachos tan fuertes que ya no podían llorar,
vi muchachas tan lúcidas que se querían quebrar,
vi cuerpos convertidos en vitrina y sacrificio,
vi la ansiedad sonriendo con medallas y prestigio.
Vi el éxito vacío devorándose a sí mismo,
vi el deseo hecho mercado, vi el amor vuelto espejismo,
vi la soledad vestida con neón y algoritmos,
vi a mi siglo pidiendo auxilio sin saber decirlo.

Y te vi frente a la noche, fascinada y con miedo,
en una ciudad que prometía todo menos un regreso.
Yo tenía entre las manos la distancia y la cobardía,
una cámara, mi orgullo, y mi propia hipocresía.
Quise hacer de tu silencio una imagen soportable,
quise dejar la herida quieta, limpia, casi presentable,
pero hay instantes en que el cielo parte el maquillaje
y le arranca a uno la máscara delante del desastre.

Y nadie quiso nombrar el dolor,
todos supimos volverlo elegante,
hacerlo frase, hacerlo canción,
hacerlo bello para no tocar la sangre.

Antes del grito ya se estaba cayendo todo,
ya se nos llenaba el corazón de polvo y lodo.
Y nosotros bailando como si no fuera con nosotros,
como si el vacío no llevara nuestros rostros.
Antes del grito ya se estaba apagando el alma,
ya se estaba hundiendo el mundo detrás de la pantalla.
Y ahora esta noche me viene a decir:
no basta mirar, hay que aprender a vivir.

Después vino el silencio más hondo que la música,
la ciudad hecha cuchillo, la madre en vela y aturdida,
la casa desnuda, la culpa abierta en canal,
la cruz en penumbra, la verdad final.
Y una voz en el fondo de todo mi cansancio:
“No sigas brillando si te estás despedazando.
No cambies el alma por ruido compartido.
No llames amor a lo que te deja vacío”.

No quiero más cuerpos sin casa,
no quiero más noches vendidas como hazaña.
No quiero más jóvenes muriendo por dentro
mientras el mundo les aplaude el talento.
No quiero más gloria tragándose el pulso,
no quiero más besos nacidos del susto.
No quiero más vidas vividas desde fuera,
quiero volver al sitio donde el alma empieza.

Quiero una verdad que nos parta y nos salve,
una mano llegando antes de que sea tarde.
Un silencio capaz de romper la mentira,
una herida nombrada sin volverla vitrina.
Quiero que esta generación deje de huir del reflejo,
deje de ofrecer el cuerpo para esconder el desierto,
deje de encender mil luces para no ver su ruina,
y encuentre entre las ruinas una llama todavía viva.

Antes del grito ya se estaba cayendo todo,
pero no está escrito que muramos de este modo.
No nacimos para el brillo que nos deja rotos,
ni para vender la sed por un aplauso corto.
Antes del grito se nos estaba yendo el alma,
pero aún queda fuego detrás de la pantalla.
Y si esta noche nos atrevemos a sentir,
todavía hay regreso, todavía hay porvenir.

Que caigan las luces que no dejan ver.
Que ceda el teatro. Que hable la piel.
Que el ruido se aparte. Que respire el dolor.
Que vuelva el silencio. Que vuelva el amor.

La ciudad sigue ardiendo,
pero no todo murió.
Debajo de las ruinas,
todavía late Dios.

5 Revelaciones sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) que Transformarán tu Visión en la Era de la IA

5 Revelaciones sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) que Transformarán tu Visión en la Era de la IA

Estamos rompiendo las cadenas de un modelo estático y tradicional. Durante años, la formación técnica ha arrastrado una brecha profunda entre la teoría del pupitre y la vorágine del mundo laboral. Hoy, esa brecha es aún más crítica: nos enfrentamos a una era donde la Inteligencia Artificial (IA) puede redactar un manual, calcular un presupuesto o generar un código en segundos (UNESCO, 2023). Ante esta realidad, surge una verdad incómoda: ¿De qué sirve que un estudiante memorice datos para brillar en un examen, si una máquina puede hacerlo más rápido y sin margen de error?

Aprender para el examen ya no tiene sentido. Por eso, el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) deja de ser una simple técnica en nuestro repertorio para convertirse en el escudo y la brújula de nuestra metodología. Es el motor diseñado para inyectar significado a la formación, transformando el aula en un ecosistema donde el conocimiento no se acumula —porque para eso ya están los servidores—, sino que se vive, se cuestiona y se aplica (Thomas, 2000).

1. El Participante como Protagonista: De Oyente a Director de su Destino

El ABP exige un cambio de paradigma radical: el aula deja de ser un teatro de monólogos. En tiempos donde los algoritmos nos dan respuestas prefabricadas, el estudiante no puede limitarse a «esperar instrucciones»; debe aprender a «conquistar soluciones». Este empoderamiento, basado en lo que la literatura define como «voz y elección» del alumno (Larmer, Mergendoller y Boss, 2015), dispara la motivación intrínseca; el alumno se implica porque el proyecto exige su perspectiva humana.

Al otorgar esta autonomía, realizamos un acto de confianza pedagógica vital. Como dicta el manual institucional: «El Aprendizaje Basado en Proyectos constituye una nueva metodología en la que se propone que la persona participante sea el protagonista de su propio aprendizaje» (Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional [INFOTEP], 2021). Ceder el control no es renunciar a la autoridad; es preparar al profesional para autogestionarse en escenarios donde no habrá un instructor —ni un chat de IA— dictando el siguiente paso físico en el taller o en la comunidad.

2. El «Proyecto Integrado»: Una Revolución Logística en el Mundo Físico

Debemos dejar de ver el conocimiento como «silos» aislados. El Proyecto Integrado derriba los muros entre módulos, fomentando un enfoque transdisciplinario (Drake y Burns, 2004). Mientras que la IA es excelente resolviendo tareas aisladas en un entorno digital, el valor humano radica en la capacidad de integrar soluciones complejas en el mundo real.

Un ejemplo icónico es el diseño de una instalación eléctrica residencial. Una máquina puede generar el diagrama, pero el participante debe ir al terreno, interpretar las necesidades del cliente, integrar el cálculo, el diseño técnico y las normativas vigentes, y luego ejecutarlo físicamente. Esta capacidad de conectar puntos dispersos, enfrentar imprevistos materiales y aplicar el pensamiento complejo (Morin, 1999) es algo que la automatización aún no puede replicar.

3. Habilidades Blandas: El «Saber Ser» como Barrera contra la Obsolescencia

Es un error pensar que la formación técnica se limita al «hacer». El éxito laboral depende de una «triple amenaza» de competencias: Saber (conocimiento), Saber Hacer (habilidad técnica) y Saber Ser (actitud y valores) (Delors, 1996). Si la IA amenaza con dominar gran parte del Saber enciclopédico, nuestro refugio y mayor fortaleza es el Saber Ser.

A través de la resolución de problemas reales, los participantes desarrollan habilidades socioemocionales que ningún algoritmo posee (Trilling y Fadel, 2009):

  • Pensamiento crítico: Para cuestionar la veracidad de los datos que la tecnología arroja (Bostrom, 2014).
  • Colaboración y empatía: Para convivir en equipos diversos y entender las necesidades reales de un cliente.
  • Toma de decisiones éticas: Asumir la responsabilidad de los impactos sociales o ambientales de una solución técnica.

4. Del Instructor al Facilitador: Scaffolding en Tiempos de Incertidumbre

La transformación del docente es total. Ya no eres un «instructor» que deposita verdades indiscutibles; te conviertes en un facilitador estratégico. En el ABPr moderno, el estudiante usará herramientas tecnológicas y se enfrentará a un exceso de información, lo que genera altos niveles de duda e incertidumbre inicial.

Tu rol es ofrecer un «andamio» (scaffolding) emocional y cognitivo (Hmelo-Silver, Duncan y Chinn, 2007). No estás ahí para darle la respuesta, sino para enseñarle a hacerle las preguntas correctas a la tecnología, a superar la frustración cuando la teoría falla en la práctica, y a guiarlo desde el aula hacia contextos auténticos. Eres el ancla humana que valida la competencia real del alumno.

5. La Evaluación como Metacognición: El Proceso Importa Más que el Producto

Si una IA puede entregar un producto final perfecto en segundos (un ensayo, un diseño, un presupuesto), la evaluación tradicional pierde sentido. En el ABPr, la evaluación se convierte en un tiempo pedagógico de reflexión formativa (Black y Wiliam, 1998). Lo que evaluamos es el «proceso»: cómo el estudiante investigó, cómo manejó los conflictos del equipo y por qué tomó ciertas decisiones éticas.

La clave es la metacognición: utilizar momentos de reflexión para que el alumno tome conciencia de cómo aprende (Flavell, 1979). Al fomentar la autoevaluación y la defensa oral del proyecto, transformamos el error en aprendizaje. Esta capacidad de introspección constructiva y de sustentar las propias ideas frente a otros es la prueba definitiva de una asimilación que ninguna máquina puede falsificar.

Conclusión: Un Futuro Basado en la Acción y la Conciencia

El Aprendizaje Basado en Proyectos es mucho más que una innovación didáctica; es una respuesta filosófica y práctica a los retos de la vida actual. Al alinear nuestra enseñanza con esta visión, no estamos simplemente certificando técnicos que competirán (y perderán) contra la automatización; estamos forjando ciudadanos críticos, resilientes e innovadores. Profesionales que entienden que el conocimiento solo cobra valor real cuando pasa por el filtro de la conciencia humana y se transforma en acción colectiva.

Si los desafíos del mundo real no vienen en formatos de opción múltiple, ¿por qué debería hacerlo nuestra forma de enseñar?

Referencias

  • Black, P., y Wiliam, D. (1998). Assessment and classroom learning. Assessment in Education: Principles, Policy & Practice, 5(1), 7-74.
  • Bostrom, N. (2014). Superintelligence: Paths, dangers, strategies. Oxford University Press.
  • Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Santillana / Ediciones UNESCO.
  • Drake, S. M., y Burns, R. C. (2004). Meeting standards through integrated curriculum. Association for Supervision and Curriculum Development (ASCD).
  • Flavell, J. H. (1979). Metacognition and cognitive monitoring: A new area of cognitive–developmental inquiry. American Psychologist, 34(10), 906–911.
  • Hmelo-Silver, C. E., Duncan, R. G., y Chinn, C. A. (2007). Scaffolding and achievement in problem-based and inquiry learning: A response to Kirschner, Sweller, and Clark (2006). Educational Psychologist, 42(2), 99-107.
  • Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional [INFOTEP]. (2021). Manual metodológico para el facilitador. INFOTEP.
  • Larmer, J., Mergendoller, J., y Boss, S. (2015). Setting the standard for project based learning. ASCD.
  • Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
  • Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO]. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO.
  • Thomas, J. W. (2000). A review of research on project-based learning. Autodesk Foundation.
  • Trilling, B., y Fadel, C. (2009). 21st century skills: Learning for life in our times. John Wiley & Sons.

5 Revelaciones sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) que Transformarán tu Visión de la Enseñanza

5 Revelaciones sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) que Transformarán tu Visión de la Enseñanza

Estamos rompiendo las cadenas de un modelo estático y tradicional. Durante años, la formación técnica ha arrastrado una brecha silenciosa pero profunda: el abismo entre la teoría del pupitre y la vorágine del mundo laboral real. Como docentes, nos enfrentamos a una verdad incómoda: ¿Cuántas veces hemos visto a un estudiante memorizar un manual para brillar en un examen, solo para quedar paralizado ante un tablero eléctrico real o una situación de crisis empresarial?

Aprender para el examen no es aprender para la vida. Por eso, el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABPr) no es simplemente una técnica adicional en el repertorio; es nuestra metodología por excelencia. Es el motor diseñado para inyectar significado a la formación, transformando el aula en un ecosistema de productividad donde el conocimiento no se acumula, sino que se vive y se aplica (Thomas, 2000).

1. El Participante como Protagonista: De Oyente a Director de su Destino

El ABPr exige un cambio de paradigma radical: el aula deja de ser un teatro de monólogos para convertirse en un centro de operaciones liderado por el participante. Aquí, el estudiante no «espera instrucciones», sino que «conquista soluciones». Este empoderamiento, basado en lo que la literatura pedagógica define como «voz y elección» del alumno (Larmer, Mergendoller y Boss, 2015), es lo que dispara la motivación intrínseca; el alumno se implica porque el proyecto le pertenece.

Al otorgar esta autonomía, estamos realizando un acto de confianza pedagógica vital para la economía global. Como bien dicta el manual institucional: «El Aprendizaje Basado en Proyectos constituye una nueva metodología en la que se propone que la persona participante sea el protagonista de su propio aprendizaje» (Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional [INFOTEP], 2021, p. XX). En un mundo diverso y globalizado, ceder el control no es renunciar a la autoridad; es preparar al profesional para que sea capaz de autogestionarse en escenarios donde no habrá un instructor dictando el siguiente paso.

2. El «Proyecto Integrado»: Una Revolución Logística entre Disciplinas

Debemos dejar de ver el conocimiento como una serie de «silos» aislados. El Proyecto Integrado es el puente que derriba los muros entre módulos y materias, fomentando un enfoque transdisciplinario (Drake y Burns, 2004). No es una simple tarea; es una revolución que exige acciones pedagógicas, curriculares y de investigación coordinadas. Este enfoque no solo desafía al alumno, sino que obliga a los docentes a colaborar, articulando saberes que en la realidad nunca actúan por separado.

La potencia de esta estrategia radica en su escalabilidad:

  • En un Nivel 1 de cualificación, el proyecto puede abordar problemáticas básicas y de corta duración.
  • En niveles superiores, la complejidad aumenta, integrando múltiples variables y exigiendo una mayor profundidad investigativa.

Un ejemplo icónico es el diseño y ejecución de una instalación eléctrica residencial. Aquí, el participante no estudia «presupuesto» en una hora y «normativa» en otra; debe integrar el cálculo, el diseño técnico y las normativas vigentes en una solución tangible. Esta capacidad de conectar puntos dispersos es el rasgo más potente del pensamiento complejo (Morin, 1999).

3. Habilidades Blandas: El «Saber Ser» como Triple Amenaza de Excelencia

Es un error pensar que la formación técnica se limita al «hacer». El éxito en el mercado laboral moderno depende de una «triple amenaza» de competencias establecidas por la UNESCO: Saber (conocimiento), Saber Hacer (habilidad técnica) y, fundamentalmente, Saber Ser (actitud y valores) (Delors, 1996). El ABPr es el terreno donde este «Saber Ser» florece, preparando al egresado para una convivencia ciudadana pacífica y una alta productividad empresarial.

A través de la resolución de problemas reales, los participantes desarrollan habilidades socioemocionales críticas para el siglo XXI (Trilling y Fadel, 2009):

  • Comunicación efectiva (oral y escrita).
  • Pensamiento crítico y capacidad de argumentación.
  • Colaboración y convivencia en equipos diversos.
  • Creatividad e innovación ante lo inesperado.
  • Autonomía y toma de decisiones responsables.

4. Del Instructor al Facilitador: Scaffolding Emocional y Técnico

La transformación del docente es total. Ya no eres un «instructor» que deposita verdades; te conviertes en un facilitador que guía. Es vital comprender que, en el ABPr, el participante no necesita menos de ti, sino un apoyo más estratégico. Debido a que se enfrentan a problemas reales y abiertos, los estudiantes experimentan niveles más altos de duda e incertidumbre inicial.

Tu rol es ofrecer un «andamio» (scaffolding) emocional y cognitivo (Hmelo-Silver, Duncan y Chinn, 2007), estando presente en los momentos de frustración para convertirlos en hitos de aprendizaje. Esta nueva práctica docente reporta beneficios invaluables:

  • Dominio de estrategias metodológicas: Especialización en guiar procesos desde el aula hacia contextos auténticos y reales.
  • Obtención de evidencias tangibles: Recolección de pruebas reales y productos de desempeño que validan la competencia del alumno.
  • Mejora continua de la práctica: Reflexión constante sobre los resultados obtenidos para ajustar la didáctica basándose en la experiencia grupal.

5. La Evaluación como Metacognición: El Error como Oportunidad

En el ABPr, la evaluación se aleja del castigo final para convertirse en un tiempo pedagógico de reflexión formativa (Black y Wiliam, 1998). No evaluamos solo el «producto» (la calidad de la solución final), sino el «proceso» (el manejo de conflictos, la investigación y el esfuerzo).

La clave aquí es la metacognición: utilizar momentos de reflexión planificados para que el alumno tome conciencia de cómo aprende (Flavell, 1979). Al fomentar la autoevaluación y la evaluación por pares, transformamos el error. Si algo falla durante el proyecto, no es un fracaso definitivo, sino una señal necesaria para ajustar el rumbo. Este hábito de introspección constructiva es lo que permite al egresado extrapolar lo aprendido a cualquier contexto de su vida social o familiar.

Conclusión: Un Futuro Basado en la Acción El Aprendizaje Basado en Proyectos es mucho más que una innovación en el aula; es el motor de productividad nacional que el país necesita. Al alinear nuestra enseñanza con la misión de las instituciones de formación técnica profesional, estamos contribuyendo directamente al desarrollo económico y social. No estamos simplemente certificando técnicos; estamos forjando ciudadanos críticos e innovadores que entienden que el conocimiento solo cobra valor cuando se transforma en acción colectiva.

Si el mundo real no está dividido en materias aisladas, ¿por qué debería estarlo nuestra forma de enseñar?


Referencias

  • Black, P., y Wiliam, D. (1998). Assessment and classroom learning. Assessment in Education: Principles, Policy & Practice, 5(1), 7-74.
  • Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Santillana / Ediciones UNESCO.
  • Drake, S. M., y Burns, R. C. (2004). Meeting standards through integrated curriculum. Association for Supervision and Curriculum Development (ASCD).
  • Flavell, J. H. (1979). Metacognition and cognitive monitoring: A new area of cognitive–developmental inquiry. American Psychologist, 34(10), 906–911.
  • Hmelo-Silver, C. E., Duncan, R. G., y Chinn, C. A. (2007). Scaffolding and achievement in problem-based and inquiry learning: A response to Kirschner, Sweller, and Clark (2006). Educational Psychologist, 42(2), 99-107.
  • Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional [INFOTEP]. (2021). Manual metodológico para el facilitador. INFOTEP.
  • Larmer, J., Mergendoller, J., y Boss, S. (2015). Setting the standard for project based learning. ASCD.
  • Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
  • Thomas, J. W. (2000). A review of research on project-based learning. Autodesk Foundation.
  • Trilling, B., y Fadel, C. (2009). 21st century skills: Learning for life in our times. John Wiley & Sons.

🐒 El Mono que Nunca Estaba Satisfecho

🐒 El Mono que Nunca Estaba Satisfecho

Fábula 1

En lo alto de un árbol infinito vivía un mono inquieto. No era un árbol cualquiera: daba frutos, muchos frutos, más de los que cualquier criatura podría comer en una vida. Colgaban en todas las ramas, en todos los tonos, como si cada uno guardara una promesa distinta.

El mono probó uno. Dulce. Luego otro. Más dulce. Luego otro, distinto, mejor. Y así comenzó, sin darse cuenta del momento exacto en que dejó de probar y empezó a perseguir. Saltaba de rama en rama buscando siempre el fruto perfecto: el más brillante, el más grande, el más prometedor.

Cada vez que mordía uno, por un instante sonreía. Pero apenas terminaba, algo dentro de él susurraba: “Hay uno mejor”. No era una voz ajena, ni extraña; era íntima, familiar, imposible de ignorar. Y entonces volvía a saltar.

Pasaron días, meses, años. Nunca pasó hambre, pero tampoco conoció la calma. Sus manos siempre estaban ocupadas, pero su interior permanecía inquieto, como si nada de lo que alcanzaba lograra realmente sostenerlo.

Un día, agotado, se detuvo. No por decisión, sino por desgaste. Y entonces lo vio: un búho, inmóvil, observándolo en silencio desde una rama cercana, como si hubiera estado allí desde siempre.

—¿Por qué no comes y descansas? —preguntó el búho con una serenidad que contrastaba con el temblor del mono.

El mono rió, pero su risa sonó vacía.

—Porque aún no encuentro el mejor fruto.

El búho inclinó la cabeza, como quien escucha algo más profundo que las palabras.

—No estás buscando el mejor fruto.

El mono frunció el ceño, desconcertado.

—Entonces, ¿qué busco?

El búho respondió sin prisa:

—La sensación que crees que ese fruto te dará.

El silencio cayó entre ambos, no como ausencia, sino como revelación. El mono se quedó inmóvil. Por primera vez en mucho tiempo, no saltó. Miró el fruto que tenía en la mano, luego el árbol interminable, luego el vacío entre una rama y otra.

Y entendió algo que no le gustó.

No estaba hambriento.

Estaba atrapado.

Filosofía del zaguán: Pluralismo normativo y justicia en las fronteras del Sur Global

 

Santos Eleuterio Moreta Reyes

Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA)

smoreta@itla.edu.do

ORCID: https://orcid.org/0009-0004-3592-5908

Santo Domingo – República Dominicana

 

 

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

 

 

Resumen

Este artículo constituye la tercera entrega del programa de la Filosofía del Zaguán, centrada en explorar su dimensión normativa frente a la crisis del universalismo moral moderno. Partiendo de la crítica decolonial, el texto argumenta que la experiencia histórica de liminalidad en el Sur Global no solo revela estructuras de dominación, sino que engendra una racionalidad práctica particular. El estudio introduce el concepto de «juicio de umbral» para describir una deliberación ética situada en la intersección de múltiples sistemas normativos. Distanciándose tanto del universalismo abstracto como del relativismo estricto, este juicio opera mediante tres dimensiones: la mediación intercultural para traducir lenguajes morales, la prudencia situada para interpretar circunstancias particulares, y la hospitalidad normativa como disposición ética hacia la alteridad. Finalmente, el trabajo proyecta esta racionalidad hacia el ámbito social mediante la propuesta de «instituciones liminales», diseñadas para articular, traducir y negociar entre diversas tradiciones sin anular sus diferencias. Se concluye que el veredicto del zaguán transforma la marginalidad histórica latinoamericana en una categoría filosófica de alcance global, ofreciendo claves conceptuales para gestionar el pluralismo normativo y repensar la convivencia democrática en las sociedades contemporáneas.

            Palabras clave: filosofía latinoamericana , liminalidad , juicio de umbral , pluralismo normativo , colonialidad , mediación intercultural , instituciones liminales

 

 

 

 

Abstract

This article constitutes the third installment of the Philosophy of the Zaguán program, focusing on its normative dimension in response to the crisis of modern moral universalism. Drawing from decolonial critique, the text argues that the historical experience of liminality in the Global South not only reveals structures of domination but also generates a distinct practical rationality. The study introduces the concept of «threshold judgment» (juicio de umbral) to describe an ethical deliberation situated at the intersection of multiple normative systems. Distancing itself from both abstract universalism and strict relativism, this judgment operates through three dimensions: intercultural mediation to translate moral languages, situated prudence to interpret particular circumstances, and normative hospitality as an ethical disposition toward alterity. Finally, the work projects this rationality into the social sphere by proposing «liminal institutions,» designed to articulate, translate, and negotiate between diverse traditions without erasing their differences. The article concludes that the verdict of the zaguán transforms Latin American historical marginality into a philosophical category with global reach, offering conceptual keys for managing normative pluralism and rethinking democratic coexistence in contemporary societies.

            Keywords: Latin American philosophy , liminality , threshold judgment , normative pluralism , coloniality , intercultural mediation , liminal institutions

Introducción

Durante las últimas décadas, una parte significativa de la filosofía latinoamericana se ha concentrado en examinar las estructuras históricas que dieron forma al sistema moderno-colonial. Desde la emergencia de la filosofía de la liberación hasta el desarrollo de los estudios decoloniales contemporáneos, el pensamiento crítico del Sur Global ha buscado mostrar que la modernidad europea no puede comprenderse sin considerar las relaciones coloniales que organizaron la economía mundial y la producción global de conocimiento (Dussel, 1998; Quijano, 2000; Mignolo & Walsh, 2018).

Estos análisis han permitido identificar lo que diversos autores han denominado colonialidad del poder, colonialidad del saber y colonialidad del ser, tres dimensiones interrelacionadas que continúan influyendo en las instituciones contemporáneas (Maldonado-Torres, 2007). La modernidad, desde esta perspectiva, no constituye únicamente un proceso histórico de emancipación racional, sino también un orden global de jerarquización política, económica y epistémica.

Sin embargo, el vigor analítico de estas críticas ha planteado un desafío adicional para el pensamiento filosófico latinoamericano. Si bien el diagnóstico de la colonialidad ha permitido comprender las condiciones históricas de subordinación que afectaron al Sur Global, queda todavía por desarrollar una pregunta complementaria: ¿qué tipo de racionalidad filosófica puede surgir desde esas experiencias históricas?

Responder a esta pregunta implica desplazarse desde el análisis crítico hacia la construcción de propuestas teóricas positivas. En otras palabras, la filosofía latinoamericana no solo debe explicar cómo se configuraron las estructuras de dominación del mundo moderno, sino también explorar qué formas de conocimiento, institucionalidad y normatividad pueden emerger desde las experiencias históricas de las sociedades situadas en los márgenes de ese sistema.

La Filosofía del Zaguán constituye un intento de avanzar en esa dirección. En el primer artículo de esta serie se propuso interpretar la experiencia histórica latinoamericana mediante la metáfora del zaguán: un espacio arquitectónico situado entre la calle y el interior de la casa que funciona como lugar de tránsito, mediación y encuentro.

Esta metáfora permitió conceptualizar lo que se denominó Ser-en-el-Zaguán, una forma de existencia histórica caracterizada por la convivencia simultánea de múltiples tradiciones culturales.

El segundo artículo extendió esta intuición hacia el ámbito institucional mediante el concepto de zaguanería, entendido como la capacidad cultural de transformar la liminalidad histórica en una práctica social de mediación y creatividad institucional.

El presente estudio introduce una tercera dimensión de este programa filosófico: la dimensión normativa del zaguán. Si las sociedades del Sur Global han desarrollado formas específicas de mediación cultural, resulta inevitable preguntar cómo se configura el juicio moral en contextos donde coexisten múltiples horizontes normativos.

La hipótesis central de este artículo sostiene que la experiencia histórica de la liminalidad produce una forma particular de racionalidad práctica que aquí se denomina juicio de umbral. Este tipo de juicio no consiste en aplicar reglas universales de manera mecánica ni en afirmar particularismos culturales cerrados, sino en desarrollar una práctica interpretativa orientada a traducir entre marcos normativos diversos.

Modernidad, colonialidad y la crisis del universalismo moral

La filosofía moral moderna se desarrolló bajo la aspiración de identificar principios universales capaces de orientar el juicio ético en cualquier contexto cultural. Desde la ética kantiana hasta las teorías contemporáneas de la justicia, gran parte de la tradición filosófica occidental ha buscado fundamentar la normatividad en estructuras racionales independientes de las particularidades históricas (Kant, 1785/1997; Rawls, 1971).

Este proyecto universalista desempeñó un papel decisivo en la construcción de instituciones modernas como el constitucionalismo, los derechos humanos y el derecho internacional. Sin embargo, durante las últimas décadas ha sido objeto de críticas cada vez más profundas.

Autores provenientes de la filosofía comunitarista señalaron que las teorías universalistas tendían a ignorar el papel que desempeñan las tradiciones culturales en la formación del juicio moral (MacIntyre, 1988; Taylor, 1992). Paralelamente, la teoría crítica y el feminismo filosófico subrayaron que las pretensiones de neutralidad universal frecuentemente ocultaban relaciones de poder que privilegiaban determinadas perspectivas sociales (Fraser, 2008).

La crítica decolonial ha radicalizado esta discusión al señalar que el universalismo moderno se desarrolló dentro de un sistema mundial organizado por relaciones coloniales. Según esta perspectiva, la universalidad proclamada por la modernidad europea se construyó mediante la subordinación sistemática de otras tradiciones culturales y epistémicas (Mignolo & Walsh, 2018).

Esta crítica converge con desarrollos recientes de la epistemología social, particularmente con la noción de injusticia epistémica, concepto que designa aquellas formas de injusticia que afectan a los sujetos en su condición de agentes cognitivos (Fricker, 2017).

Desde esta perspectiva, las desigualdades sociales no se manifiestan únicamente en la distribución de recursos materiales, sino también en la distribución de credibilidad y reconocimiento epistemológico.

Las sociedades coloniales, por ejemplo, produjeron jerarquías epistémicas que deslegitimaron sistemáticamente los conocimientos indígenas y afrodescendientes, considerándolos inferiores frente al conocimiento científico europeo.

Sin embargo, reconocer estas jerarquías no implica aceptar que las sociedades subalternizadas carezcan de recursos conceptuales propios para elaborar formas alternativas de racionalidad normativa.

Por el contrario, la experiencia histórica de la marginalidad epistémica puede generar una forma particular de reflexividad crítica. Aquellos sujetos que se encuentran situados entre múltiples sistemas culturales desarrollan con frecuencia una sensibilidad hermenéutica que les permite percibir los límites de cada marco normativo.

Esta sensibilidad constituye precisamente el punto de partida para comprender la racionalidad práctica que emerge en el zaguán.

Liminalidad histórica y racionalidad interpretativa

El concepto de liminalidad ocupa un lugar central en la comprensión antropológica de los procesos de transición cultural. Introducido originalmente por el antropólogo Arnold van Gennep en su estudio clásico sobre los ritos de paso, el término fue posteriormente desarrollado por Victor Turner para describir aquellos momentos en los que los individuos o las comunidades se encuentran suspendidos entre estructuras sociales definidas. En estas fases intermedias —ni plenamente integradas en el orden anterior ni completamente incorporadas al nuevo— emergen formas particulares de experiencia social caracterizadas por la ambigüedad, la transformación y la apertura a configuraciones inéditas del sentido (Turner, 1969).

Cuando esta categoría se traslada al ámbito filosófico, adquiere una resonancia más amplia. La liminalidad deja de referirse únicamente a episodios rituales específicos y pasa a nombrar una condición histórica más extensa: la de aquellos espacios culturales que se desarrollan en la intersección de múltiples tradiciones civilizatorias. Pensada de este modo, la liminalidad permite explorar las formas de racionalidad que emergen en contextos donde los marcos culturales no se presentan como sistemas cerrados, sino como horizontes en constante interacción y transformación.

Diversos autores han señalado que la historia cultural latinoamericana ofrece un ejemplo particularmente significativo de este tipo de configuración histórica. Los procesos prolongados de mestizaje, migración y mediación entre tradiciones indígenas, europeas y africanas han producido sociedades cuya identidad cultural se define menos por la homogeneidad que por la coexistencia dinámica de múltiples herencias civilizatorias. Esta complejidad ha sido conceptualizada mediante nociones como hibridación cultural, frontera epistemológica o conciencia mestiza, categorías que intentan dar cuenta de la creatividad cultural que surge precisamente en los espacios de intersección (Anzaldúa, 1987; Bhabha, 1994).

En esta misma línea, las epistemologías del Sur han subrayado que los conocimientos generados en contextos históricamente marginalizados poseen un valor epistemológico específico, precisamente porque emergen de experiencias que permanecieron invisibilizadas para los paradigmas dominantes del conocimiento moderno (Santos, 2018). Lejos de constituir meras variantes locales de teorías elaboradas en otros contextos, estos saberes revelan perspectivas capaces de cuestionar las pretensiones de universalidad que acompañaron al desarrollo histórico de la modernidad occidental.

Desde esta perspectiva, la liminalidad histórica puede interpretarse como una posición privilegiada para ejercer una crítica reflexiva sobre los fundamentos de la racionalidad moderna. Quienes habitan espacios culturales intermedios —aquellos que en este trabajo se han metaforizado como el zaguán— se encuentran en condiciones de observar simultáneamente múltiples sistemas normativos y simbólicos. Esta posición intermedia permite reconocer con mayor claridad la contingencia histórica de cada marco cultural y, al mismo tiempo, la necesidad de establecer formas de mediación entre ellos.

La experiencia de habitar entre mundos culturales distintos no conduce necesariamente a la fragmentación normativa o al relativismo absoluto. Por el contrario, puede dar lugar a una forma específica de racionalidad interpretativa, caracterizada por la capacidad de traducir entre horizontes de sentido diversos. Esta racionalidad, que emerge precisamente de la experiencia histórica de la liminalidad, constituye el fundamento de lo que en este trabajo se denomina juicio de umbral.

El juicio de umbral

El concepto de juicio de umbral intenta nombrar la forma de deliberación ética que se vuelve necesaria cuando el sujeto se encuentra situado en la intersección de múltiples sistemas normativos. En contextos culturales relativamente homogéneos, el juicio moral puede apoyarse con mayor facilidad en tradiciones normativas relativamente estables. Sin embargo, en sociedades marcadas por la superposición de herencias culturales distintas, las decisiones morales rara vez pueden resolverse mediante la simple aplicación de reglas preestablecidas.

En estas circunstancias, el sujeto se ve obligado a desplazarse constantemente entre diferentes horizontes normativos, interpretando, comparando y articulando perspectivas diversas. La deliberación ética adquiere entonces un carácter eminentemente hermenéutico: el juicio moral no consiste únicamente en determinar qué norma debe aplicarse, sino en comprender cómo se relacionan entre sí los diferentes lenguajes morales presentes en una situación concreta.

Desde esta perspectiva, el juicio de umbral se distingue tanto del universalismo moral abstracto como de los relativismos culturales estrictos. Frente al primero, reconoce que las normas morales se desarrollan siempre en contextos históricos específicos y que, por lo tanto, su aplicación requiere procesos interpretativos sensibles a las particularidades culturales. Frente al segundo, sostiene que la coexistencia de tradiciones normativas diferentes no impide la posibilidad de deliberación racional, siempre que existan prácticas de mediación capaces de traducir entre ellas.

El sujeto del zaguán, en este sentido, no dispone de un único marco normativo desde el cual evaluar las situaciones. Su tarea consiste más bien en articular perspectivas diversas, negociando significados, valores y criterios de justicia en escenarios donde ninguna tradición puede reclamar una autoridad absoluta. Esta práctica deliberativa puede describirse, de manera analítica, a partir de tres dimensiones interrelacionadas que estructuran el funcionamiento del juicio de umbral: la mediación intercultural, la prudencia situada y la hospitalidad normativa.

Mediación intercultural

La primera dimensión del juicio de umbral se manifiesta en la capacidad de mediar entre tradiciones culturales diferentes. En sociedades plurales, muchos de los conflictos éticos más significativos surgen precisamente cuando normas o valores provenientes de universos culturales distintos entran en tensión dentro de una misma situación social. En estos casos, el problema moral no se reduce a determinar cuál norma es correcta, sino a comprender cómo pueden dialogar entre sí sistemas normativos que se originan en contextos históricos distintos.

El ejercicio del juicio moral exige entonces una labor de traducción conceptual. Los significados morales deben desplazarse de un lenguaje cultural a otro, reinterpretándose a la luz de marcos de referencia que no siempre comparten las mismas categorías fundamentales. Esta tarea de mediación no consiste simplemente en trasladar términos de un sistema a otro, sino en reconstruir los sentidos que cada tradición atribuye a nociones como justicia, dignidad o responsabilidad.

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos ha desarrollado el concepto de traducción intercultural para describir este tipo de procesos, mediante los cuales diferentes sistemas de conocimiento pueden entrar en diálogo sin quedar subsumidos bajo una única lógica epistémica (Santos, 2018). Desde la perspectiva aquí propuesta, el juicio de umbral puede entenderse como una forma específica de esta práctica aplicada al ámbito de la deliberación ética: un ejercicio continuo de interpretación que busca hacer inteligibles, unas para otras, las diferentes tradiciones normativas presentes en una comunidad plural.

Prudencia situada

La segunda dimensión del juicio de umbral se vincula con la tradición clásica de la prudencia práctica. Ya en la filosofía moral de Aristotle aparece la idea de que el juicio ético no puede reducirse a la aplicación automática de reglas generales. La noción de phronesis —traducida habitualmente como prudencia o sabiduría práctica— designa precisamente la capacidad de deliberar adecuadamente sobre aquello que debe hacerse en situaciones concretas, teniendo en cuenta las particularidades irrepetibles de cada contexto (Aristóteles, 2009).

La hermenéutica filosófica contemporánea ha profundizado esta intuición al subrayar el carácter interpretativo de toda deliberación moral. Según el filósofo francés Paul Ricoeur, el juicio ético se desarrolla siempre en un movimiento dinámico entre principios generales y circunstancias particulares. Las normas ofrecen orientaciones valiosas, pero su aplicación requiere un proceso de interpretación que permita ajustarlas a la complejidad de la vida social (Ricoeur, 1990).

El juicio de umbral retoma esta tradición de la prudencia práctica, pero la sitúa en un contexto histórico caracterizado por la pluralidad cultural. La prudencia ya no consiste únicamente en interpretar la relación entre normas universales y situaciones concretas, sino también en navegar entre tradiciones normativas diferentes que coexisten dentro de una misma sociedad. La deliberación ética se convierte así en un ejercicio de equilibrio interpretativo, donde el sujeto debe evaluar cómo interactúan entre sí distintos horizontes culturales.

Hospitalidad normativa

La tercera dimensión del juicio de umbral puede describirse como una actitud de hospitalidad normativa. Si la mediación intercultural permite traducir entre tradiciones morales distintas y la prudencia situada orienta la interpretación de las circunstancias particulares, la hospitalidad normativa establece la disposición ética que hace posible este proceso de diálogo.

Esta actitud encuentra una de sus raíces filosóficas en la ética de la alteridad desarrollada por Emmanuel Levinas, quien subrayó que la relación con el otro constituye una dimensión fundamental de la experiencia moral (Levinas, 1969). Desde esta perspectiva, la presencia de perspectivas distintas no debe interpretarse como una amenaza para la identidad moral propia, sino como una interpelación que invita a revisar y ampliar los propios horizontes de comprensión.

La filosofía de la liberación latinoamericana, particularmente en la obra de Enrique Dussel, ha ampliado esta intuición al destacar que el reconocimiento ético del otro implica también una crítica de las estructuras históricas que han producido exclusión y subordinación (Dussel, 1998). La hospitalidad normativa supone, en este sentido, una disposición a escuchar aquellas voces que han sido tradicionalmente marginadas dentro de los sistemas dominantes de conocimiento y poder.

Entendida de este modo, la hospitalidad normativa no equivale a aceptar acríticamente todas las prácticas culturales. Más bien implica la creación de un espacio de diálogo en el que diferentes tradiciones puedan interpelarse mutuamente y someter sus propias pretensiones de validez a un proceso de reflexión compartida. Es precisamente en ese espacio —un verdadero umbral entre horizontes morales— donde el juicio de umbral encuentra su terreno más fértil para desplegarse.

Instituciones liminales y justicia plural

Las implicaciones institucionales del tipo de racionalidad ética descrito en las secciones anteriores resultan particularmente relevantes cuando se examinan las formas concretas mediante las cuales las sociedades plurales organizan la vida colectiva. Si el juicio de umbral se caracteriza por la capacidad de mediar entre horizontes normativos diversos, entonces la pregunta institucional se vuelve inevitable: ¿qué tipo de estructuras sociales pueden sostener y canalizar de manera estable esa práctica de mediación?

En contextos culturalmente heterogéneos, la justicia difícilmente puede sostenerse sobre la base de un único sistema normativo que pretenda imponerse como horizonte exclusivo de validez. La experiencia histórica de muchas sociedades del Sur Global sugiere, por el contrario, que la convivencia entre tradiciones culturales diferentes exige formas institucionales capaces de articular, traducir y negociar entre marcos normativos múltiples. No se trata simplemente de tolerar la diversidad, sino de construir dispositivos institucionales que permitan procesarla de manera reflexiva y productiva.

Es en este punto donde adquiere relevancia la noción de instituciones liminales, entendidas como estructuras sociales que operan en espacios de intersección cultural y que, por ello, desarrollan mecanismos específicos de mediación normativa. Estas instituciones no buscan eliminar las diferencias entre tradiciones jurídicas, morales o epistémicas, sino generar ámbitos en los que dichas diferencias puedan interactuar sin anularse mutuamente. En este sentido, pueden interpretarse como una prolongación institucional de la práctica cultural que en este trabajo se ha denominado zaguanería: la capacidad de habitar el umbral entre mundos culturales distintos y transformar ese espacio intermedio en un lugar de encuentro y deliberación.

La historia reciente de América Latina ofrece ejemplos particularmente elocuentes de este tipo de arreglos institucionales. Diversos países de la región han incorporado en sus marcos constitucionales formas de pluralismo jurídico que reconocen la coexistencia de sistemas legales indígenas junto al derecho estatal. Lejos de representar una anomalía dentro del orden jurídico moderno, estos experimentos institucionales ponen de manifiesto que la justicia puede organizarse a partir de la interacción entre tradiciones normativas diferentes, siempre que existan mecanismos adecuados de articulación y reconocimiento mutuo (Sieder, 2011).

Un fenómeno análogo puede observarse en el ámbito de la producción de conocimiento. Las discusiones contemporáneas sobre gobernanza científica han mostrado que los procesos de toma de decisiones públicas se benefician cuando integran saberes provenientes de distintas tradiciones cognitivas. En esta línea, los enfoques de coproducción epistémica desarrollados por Sheila Jasanoff han destacado cómo la interacción entre conocimientos científicos, saberes locales y experiencias comunitarias puede enriquecer la comprensión de problemas complejos, desde la gestión ambiental hasta la formulación de políticas tecnológicas (Jasanoff, 2004).

Tanto en el campo jurídico como en el epistémico, estos desarrollos sugieren que las sociedades contemporáneas se encuentran experimentando, a menudo de manera implícita, con formas institucionales que reflejan precisamente la lógica del umbral. Allí donde diferentes tradiciones normativas o cognitivas convergen, surgen espacios institucionales cuya función principal no consiste en imponer una uniformidad normativa, sino en facilitar procesos de mediación y traducción entre perspectivas diversas.

Desde la perspectiva de la filosofía del zaguán, estos arreglos institucionales pueden interpretarse como manifestaciones concretas de una racionalidad ética que ha aprendido a operar en condiciones de pluralidad cultural. Las instituciones liminales no eliminan los conflictos normativos, pero sí crean las condiciones para que dichos conflictos puedan ser elaborados mediante prácticas deliberativas abiertas a la traducción intercultural. En este sentido, constituyen uno de los escenarios donde el veredicto del zaguán deja de ser una intuición filosófica abstracta y comienza a materializarse como una forma efectiva de organización social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusión

El recorrido argumentativo desarrollado en este artículo ha buscado mostrar que la experiencia histórica de la liminalidad cultural no constituye simplemente una condición sociológica particular del Sur Global, sino una fuente potencial de elaboración filosófica. En lugar de entenderse como una posición periférica respecto de la racionalidad moderna, la condición del zaguán puede interpretarse como un espacio privilegiado para repensar las formas contemporáneas del juicio moral en contextos de pluralidad cultural.

La tradición filosófica moderna aspiró a fundamentar la normatividad moral mediante principios universales capaces de trascender las diferencias históricas y culturales. Sin embargo, el desarrollo del mundo globalizado ha puesto de manifiesto que las sociedades contemporáneas se encuentran atravesadas por una diversidad de tradiciones normativas cuya coexistencia no puede resolverse mediante la simple aplicación de reglas abstractas. Como han señalado diversas corrientes de la filosofía contemporánea , desde la hermenéutica hasta la teoría crítica y las epistemologías del Sur, la deliberación ética ocurre siempre dentro de contextos históricos específicos donde interactúan múltiples horizontes de sentido (Ricoeur, 1990; Fraser, 2008; Santos, 2018).

En este escenario, el juicio de umbral propuesto en este trabajo constituye una tentativa de conceptualizar la racionalidad práctica que emerge cuando el sujeto debe deliberar en contextos caracterizados por la superposición de marcos normativos heterogéneos. Este tipo de juicio no se define por la aplicación automática de normas universales ni por la afirmación cerrada de particularismos culturales, sino por una práctica interpretativa orientada a mediar entre tradiciones morales diversas.

El veredicto del zaguán, en este sentido, no debe entenderse como una categoría meramente descriptiva. Se trata más bien de una propuesta filosófica que intenta nombrar una forma de racionalidad ética que ya se encuentra operando en múltiples prácticas sociales del Sur Global. La mediación intercultural, la prudencia situada y la hospitalidad normativa que caracterizan el juicio de umbral no son únicamente principios teóricos; constituyen también prácticas cotidianas mediante las cuales comunidades históricamente plurales han logrado sostener formas de convivencia relativamente estables a pesar de profundas diferencias culturales.

Desde esta perspectiva, la experiencia histórica del Sur Global puede interpretarse como una escuela práctica de pluralismo normativo. Las sociedades que han debido habitar espacios culturales intermedios entre lenguas, tradiciones religiosas, sistemas jurídicos y cosmovisiones diversas, han desarrollado estrategias de mediación que anticipan algunos de los dilemas centrales de la gobernanza global contemporánea. En este sentido, el zaguán deja de ser únicamente una metáfora cultural latinoamericana para convertirse en una categoría filosófica capaz de iluminar problemas normativos de alcance global.

Esta reinterpretación tiene implicaciones relevantes para la comprensión del papel que puede desempeñar el pensamiento latinoamericano en el debate filosófico contemporáneo. Durante mucho tiempo, la filosofía producida en el Sur Global fue interpretada principalmente como una respuesta crítica a la hegemonía intelectual del Norte. Si bien esta dimensión crítica sigue siendo indispensable, el desarrollo de proyectos filosóficos propios exige también avanzar hacia la formulación de propuestas conceptuales positivas capaces de dialogar en condiciones de igualdad con las tradiciones filosóficas dominantes.

La Filosofía del Zaguán se inscribe precisamente en este esfuerzo, al proponer una ontología de la liminalidad, una epistemología del umbral y, ahora, una teoría del juicio moral situada en contextos de pluralidad cultural, esta serie de trabajos busca contribuir a la construcción de un programa filosófico coherente que permita interpretar la experiencia histórica latinoamericana desde categorías conceptuales propias.

En este marco, el veredicto del zaguán puede entenderse como el momento normativo de dicho programa. Si el primer artículo de la serie se ocupó de pensar la condición ontológica del Ser-en-el-Zaguán y el segundo exploró las prácticas institucionales de la zaguanería, el presente trabajo introduce la dimensión ética de este horizonte filosófico al examinar cómo se configura el juicio moral en contextos marcados por la coexistencia de múltiples tradiciones culturales.

No obstante, el desarrollo de esta propuesta abre también nuevas preguntas que exceden los límites del presente estudio. En particular, queda por explorar con mayor detenimiento el modo en que esta forma de racionalidad ética podría traducirse en estructuras institucionales capaces de sostener de manera estable el pluralismo normativo.

En otras palabras, si el juicio de umbral describe una práctica de deliberación moral propia de sociedades culturalmente complejas, resulta necesario preguntarse qué tipo de orden político podría institucionalizar esta práctica sin neutralizar la diversidad que la hace posible. Esta cuestión remite directamente al problema de la relación entre pluralismo cultural, democracia y justicia en el mundo contemporáneo.

Diversos autores han señalado que las democracias liberales heredadas del siglo XX enfrentan dificultades crecientes para gestionar sociedades caracterizadas por identidades múltiples y tradiciones normativas heterogéneas (Fraser, 2008; Jasanoff, 2004). En este contexto, la noción de instituciones liminales desarrollada en el marco de la Filosofía del Zaguán podría ofrecer un punto de partida para imaginar formas de organización política más sensibles a la diversidad cultural.

Explorar esta posibilidad constituye precisamente el horizonte hacia el cual se orienta la siguiente etapa del proyecto. Si el zaguán puede pensarse como un espacio de mediación ética y epistemológica, cabe preguntarse si también podría funcionar como principio organizador de una teoría política capaz de articular pluralismo cultural y justicia democrática.

Desde esta perspectiva, el veredicto del zaguán no representa el cierre de una reflexión filosófica, sino más bien la apertura de un campo de investigación que invita a repensar la relación entre cultura, normatividad y política en el mundo contemporáneo. En última instancia, el desafío consiste en determinar si la experiencia histórica de las sociedades que han habitado durante siglos espacios de frontera cultural puede ofrecer claves conceptuales para imaginar formas más inclusivas de convivencia en un planeta crecientemente interdependiente.

En este sentido, la filosofía del zaguán propone una intuición fundamental: allí donde diferentes tradiciones culturales se encuentran, no surge necesariamente el conflicto irreconciliable ni la simple asimilación de unas por otras. Puede surgir también un espacio intermedio (un umbral), donde las diferencias se traducen, se reinterpretan y se transforman en nuevas posibilidades de comprensión mutua.

Habitar filosóficamente ese umbral constituye, quizá, una de las tareas más urgentes para el pensamiento del siglo XXI.

Referencias

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Coaching Relacional y Modelo CALMA: un marco psicobiológico-fenomenológico para la co-regulación interpersonal

Resumen

Este artículo introduce el Coaching Relacional® como un enfoque de intervención profesional centrado en la co‑regulación emocional y la seguridad sentida entre personas, integrando bases de la neurociencia interpersonal y su operacionalización en cinco fases mediante el Modelo CALMA® (Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro, Actuar con presencia). Sobre la base de una revisión narrativa de la literatura, se argumenta que, aunque existen usos del término, no se halla un marco teórico unificado que articule la neurociencia interpersonal y la intervención psicocorporal en la disciplina. Se adoptan desarrollos sobre la mente como proceso encarnado y el cerebro como órgano social de adaptación, para explicar cómo la presencia segura reorganiza en tiempo real la reactividad y la disponibilidad mutua. La propuesta converge con la evidencia relacional que destaca las ofertas de conexión como predictores de estabilidad vincular. Finalmente, se formulan principios y proposiciones testables para la investigación futura, y se discuten sus profundas implicaciones para la autonomía moral y los contextos clínicos, educativos y organizacionales. (Nota: Párrafo único sin sangrías, redactado en voz activa).

Palabras clave: Coaching Relacional, Modelo CALMA, co‑regulación, neurociencia interpersonal, seguridad sentida, ofertas de conexión.

Abstract

This paper introduces Relational Coaching® as a professional approach centered on co‑regulation and felt safety between persons, grounded in Interpersonal Neurobiology and operationalized through the five‑phase CALMA® Model (Connect, Air—Breath, Loose—Release, Mind—Mentalize, Act—Presence). Based on a narrative scoping review, we argue that while relationship coaching exists, no unified theoretical framework integrates co‑regulation, interpersonal neurobiology, and psychocorporal intervention in coaching. We draw on Interpersonal Neurobiology, viewing the mind as embodied and relational, and the brain as a social organ of adaptation to explain how secure presence reorganizes reactivity and mutual availability in real time. The proposal converges with relational evidence on bids for connection and turning toward as predictors of relationship stability. We outline principles and testable propositions for future research, discussing implications for moral autonomy across clinical, educational, and organizational settings.

Keywords: Relational Coaching®, CALMA® Model, co‑regulation, Interpersonal Neurobiology, felt safety, bids for connection.

Introducción

En la evolución contemporánea del acompañamiento humano, el coaching ha transitado desde una disciplina orientada casi exclusivamente al desempeño y la consecución de objetivos hacia una comprensión profunda de la relación como el vehículo primordial del cambio. Tradicionalmente, enfoques como el coaching ejecutivo han destacado el vínculo entre coach y coachee como un factor crítico de éxito, basándose en la premisa de que el aprendizaje uno a uno florece en un espacio de confianza y sintonía mutua (de Haan, 2008). Paralelamente, en el ámbito educativo, el coaching se ha conceptualizado como un proceso esencialmente dialógico y co-constructivo, donde el desarrollo docente surge de la interacción reflexiva entre pares (Robertson et al., 2020).

Sin embargo, a pesar de este «giro relacional», existe una brecha significativa en la literatura actual: la falta de un marco teórico unificado en español que articule la co-regulación emocional, la neurociencia interpersonal y la intervención psicocorporal en la práctica del coaching. Aunque el término «coaching relacional» se utiliza en contextos comerciales, su aplicación suele carecer de un sustento psicobiológico que explique cómo la presencia del facilitador puede reorganizar, en tiempo real, la neurofisiología del otro. Este trabajo sostiene que el coaching no puede seguir ignorando los mecanismos de la Neurociencia Interpersonal (IPNB), la cual define la mente como un proceso encarnado y relacional donde la integración es el mecanismo fundamental de la salud (Siegel, 2019).

Fundamentación del Problema y Vacío Teórico

La necesidad de este nuevo marco surge al observar que los modelos previos, si bien valiosos, son parciales en su alcance:

  • Enfoque en el Vínculo: El «relational coaching» propuesto por de Haan (2008) se centra primordialmente en la dinámica relacional entre coach y cliente, pero no profundiza en los procesos co-regulatorios somáticos.
  • Enfoque Dialógico: Estudios en el área educativa describen la relación en clave conversacional y de significado compartido, omitiendo a menudo la dimensión psicobiológica de la seguridad sentida (Robertson et al., 2020).
  • Modelos Sistémicos: Enfoques como el Organization and Relationship Systems Coaching (ORSC) abordan la dinámica de equipos, pero no ofrecen un protocolo psicocorporal explícito de cinco fases para la regulación del sistema nervioso en el encuentro.

Desde la neurobiología relacional, se comprende que el cerebro opera como un «órgano social de adaptación» (Cozolino, 2014). Los estados de resonancia interpersonal y seguridad sentida tienen el poder de esculpir el desarrollo neuronal y la regulación emocional a través de la plasticidad dependiente de la experiencia. Por tanto, la ausencia de una metodología que traduzca estos hallazgos a micro-conductas observables representa una limitación para la eficacia de las intervenciones en contextos de alta reactividad o amenaza percibida.

Propuesta y Objetivos

Para cubrir esta laguna, el presente artículo introduce el Coaching Relacional® como un enfoque de intervención profesional centrado en la co-regulación y la seguridad sentida. Esta propuesta converge con la evidencia relacional del Instituto Gottman, que identifica las «ofertas de conexión» (bids) y los «giros hacia» (girando hacia a) como los predictores más robustos de estabilidad y satisfacción en los vínculos (Gottman & Silver, 2015).

El objetivo central de este trabajo es desarrollar y fundamentar la operacionalización de este enfoque mediante el Modelo CALMA® (Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro, Actuar con presencia). Se busca establecer un puente translacional entre la teoría de la IPNB y la ciencia de las interacciones, formulando principios y proposiciones testables que permitan la investigación empírica futura en ámbitos clínicos, educativos y organizacionales.

Bases neurocientíficas: El cerebro social y la mente integrada

La fundamentación del Coaching Relacional® no reside únicamente en la efectividad técnica, sino en la comprensión de los mecanismos biológicos que sustentan la interacción humana. Para ello, es imperativo analizar cómo el sistema nervioso se organiza en presencia de otro y cómo esta organización facilita o inhibe los procesos de aprendizaje y cambio.

El cerebro como órgano social de adaptación

Desde la perspectiva de la neurobiología relacional, el cerebro humano no debe ser concebido como una entidad aislada, sino como un «órgano social de adaptación». Esta premisa sugiere que nuestra arquitectura neuronal se esculpe y se regula a través de la plasticidad dependiente de la experiencia, particularmente en contextos de resonancia interpersonal.

En la práctica del coaching, esto implica que la presencia del facilitador no es neutral. Cozolino (2014) sistematiza cómo las relaciones tienen la capacidad de modular circuitos que regulan la emoción, la cognición y el comportamiento. Cuando un individuo percibe una presencia segura, se activan mecanismos neurofisiológicos que:

  • Modulan la reactividad de la amígdala: Reduciendo la percepción de amenaza que suele acompañar a los procesos de cambio.
  • Fortalecen el control prefrontal: Permitiendo que el coachee acceda a funciones ejecutivas superiores, necesarias para la toma de decisiones y la reflexión profunda.
  • Activan circuitos vagales: Promoviendo un estado de calma que favorece la vinculación y la apertura hacia el aprendizaje.

Bajo esta óptica, el coach actúa como un regulador externo del sistema nervioso del cliente, permitiendo que este último transite de un estado de vigilancia defensiva a uno de seguridad sentida, donde la autonomía y la creatividad pueden florecer.

La mente encarnada y el mecanismo de integración

Complementando la visión neurobiológica, la Neurociencia Interpersonal (IPNB) propone una definición de la mente que trasciende los límites del cráneo, describiéndola como un proceso encarnado y relacional que regula el flujo de energía e información. En este marco, el bienestar y la salud mental son el resultado directo de la integración.

La integración se define como el vínculo de partes diferenciadas de un sistema. En el contexto del coaching, esto se traduce en la capacidad de armonizar diversas dimensiones de la experiencia:

  1. Integración Intrapersonal: La conexión entre los estados somáticos, las emociones y los procesos cognitivos del coachee.
  2. Integración Interpersonal: El desarrollo de una sintonía que permite que dos mentes funcionen como un sistema coordinado, facilitando el cambio duradero.

El mecanismo de salud de la IPNB sugiere que cuando un sistema no está integrado, cae en estados de caos o rigidez. El Coaching Relacional® utiliza el Modelo CALMA® para intervenir precisamente en estos puntos de quiebre, guiando al individuo hacia una mayor flexibilidad y coherencia interna a través de prácticas situadas que involucran tanto el cuerpo como la reflexión mental.

Co-regulación explícita y seguridad sentida

La co-regulación no es un concepto abstracto, sino un mecanismo por el cual la calidad del encuentro reorganiza los estados neurofisiológicos en tiempo real. La propuesta de este marco es que la intervención profesional debe guiar señales somáticas y micro-conductas de forma explícita para abrir canales de sintonía.

Este proceso es crítico para establecer lo que denominamos Calma Relacional®, un estado compartido de seguridad que permite reducir la amenaza percibida y aumentar la tasa de respuesta a las ofertas de conexión. Al trabajar sobre la atención, la respiración y el tono corporal, el coach facilita que el cerebro social del cliente detecte señales de «no-amenaza», permitiendo una alineación más efectiva entre la lectura emocional y la necesidad relacional.

Operacionalización del Coaching Relacional®: El Modelo CALMA®

La operacionalización de la neurobiología relacional en la práctica profesional requiere de un protocolo que permita al facilitador navegar los micro-procesos de la interacción. El Modelo CALMA® se propone como una secuencia de cinco fases diseñadas para facilitar la co-regulación y la integración sistémica. A diferencia de los modelos puramente cognitivos, este enfoque integra la dimensión somática y fenomenológica, permitiendo una intervención que aborda la arquitectura del cerebro social en tiempo real.

Fase 1: Conectar (C) – Señalización de Seguridad Interpersonal

La primera fase se fundamenta en la capacidad del coach para emitir señales de seguridad que el sistema nervioso del cliente pueda detectar de forma no consciente. Este proceso, denominado neurocepción, es la base de la alianza de trabajo. Según la Teoría Polivagal, la seguridad no es solo la ausencia de amenaza, sino la presencia de señales activas de vinculación social (Porges, 2017).

En esta etapa, el facilitador utiliza la prosodia vocal, el contacto visual sintonizado y la expresión facial para modular el estado del nervio vago ventral del coachee. El objetivo es establecer un «contenedor seguro» donde la reactividad defensiva disminuya, permitiendo que la corteza prefrontal retome el mando de las funciones ejecutivas. Sin esta conexión biológica previa, cualquier intervención cognitiva corre el riesgo de ser rechazada por un sistema nervioso en estado de alerta.

Fase 2: Acariciar la respiración (A) – Regulación del Ritmo Autonómico

Una vez establecida la conexión inicial, el modelo se desplaza hacia la estabilización fisiológica. «Acariciar la respiración» no implica una técnica de control respiratorio forzado, sino una toma de conciencia suave y rítmica del flujo de aire. La investigación en variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) demuestra que una respiración coherente actúa como un marcapasos biológico que armoniza el sistema cardiovascular y el sistema nervioso central (Siegel, 2019).

Desde la fenomenología del encuentro, esta fase permite que el coachee se asiente en el momento presente. El coach acompaña este proceso manteniendo su propia regulación, sirviendo como un «ancla» biológica. Este acoplamiento fisiológico es lo que permite que la diada transite de la desregulación individual a la co-regulación compartida.

Fase 3: Liberar (L) – Desbloqueo de la Tensión Somática

La fase de liberación se enfoca en la dimensión psicocorporal. La tensión acumulada en el cuerpo suele ser el residuo de patrones defensivos crónicos o de estrés no procesado. Integrando perspectivas de la experiencia somática, el Modelo CALMA® invita a identificar y soltar estas cargas físicas para abrir espacio a nuevas posibilidades de acción.

Este paso es fundamental para la integración vertical (Siegel, 2019), vinculando las sensaciones corporales profundas con la conciencia superior. Al liberar la tensión, se reduce la interferencia sensorial que a menudo distorsiona la percepción de la realidad, permitiendo que el individuo recupere una mayor autonomía sobre sus respuestas impulsivas.

Fase 4: Mirar hacia dentro (M) – Interocepción y Mentalización

Con el sistema nervioso regulado y el cuerpo liberado, el enfoque se dirige hacia el mundo interno. Esta fase combina la interocepción (la percepción de los estados internos del cuerpo) con la mentalización (la capacidad de entender los propios estados mentales y los de los demás).

La neurociencia ha demostrado que el fortalecimiento de la ínsula y la corteza cingulada anterior, responsables de la interocepción, está directamente relacionado con una mayor resiliencia emocional y una mejor toma de decisiones (Cozolino, 2014). En esta etapa del coaching, se fomenta que el coachee explore sus narrativas internas no desde el juicio, sino desde una curiosidad compasiva, facilitando la emergencia de insights profundos que antes estaban bloqueados por el ruido emocional.

Fase 5: Actuar con presencia (A) – Integración y Acción Ética

La fase final del modelo es la síntesis de todo el proceso. Actuar con presencia implica que la acción resultante no es una reacción automática al entorno, sino una respuesta elegida desde un estado de integración total. Es aquí donde la propuesta del Coaching Relacional® se encuentra con la praxis: el cambio no es solo una idea, sino una nueva forma de estar y actuar en el mundo.

Esta fase asegura que los aprendizajes obtenidos en la sesión se traduzcan en micro-conductas relacionales fuera de ella. Siguiendo los hallazgos de Gottman y Silver (2015), se entrena al individuo para reconocer las «ofertas de conexión» en su entorno y responder a ellas con una mayor disponibilidad y conciencia, cerrando el ciclo de la transformación personal a través de la mejora del tejido vinculante.

Discusión y Perspectivas Futuras

La propuesta del Coaching Relacional® y su operacionalización a través del Modelo CALMA® plantean una ruptura necesaria con las visiones puramente mecanicistas del desarrollo humano. Al situar la co-regulación y la seguridad sentida en el centro de la praxis, se desplaza el foco de la simple «consecución de objetivos» hacia la restauración de la capacidad integradora del individuo.

Contraste con Modelos Tradicionales y Dialógicos

Mientras que el coaching tradicional ha priorizado el lenguaje y la reencuadración cognitiva como motores de cambio, la evidencia presentada sugiere que estas herramientas son ineficaces si el sistema nervioso del consultante se encuentra en un estado de amenaza. En este sentido, el trabajo de Haan (2008) sobre la relación de ayuda se ve enriquecido por la dimensión neurobiológica: la relación no es solo el contexto del cambio, sino que la calidad de la interacción es, en sí misma, el agente de cambio.

Frente a los modelos dialógicos predominantes en el ámbito educativo (Robertson et al., 2020), el Coaching Relacional® ofrece una capa de profundidad somática. La integración de la interocepción y la regulación vagal permite que el diálogo no sea solo un intercambio de información, sino una experiencia encarnada. Esto es particularmente relevante en contextos de alta presión, donde la capacidad de mentalización —entender los estados mentales propios y ajenos— suele colapsar ante el estrés crónico.

Autonomía Moral y la Conquista de la Libertad en la Era Digital

Un punto de discusión fundamental reside en la preservación de la autonomía moral del individuo. En un entorno contemporáneo caracterizado por el determinismo de los algoritmos y la datificación de la conducta humana, el fortalecimiento de la «ley interior» y la autogestión emocional se vuelven actos de resistencia. La neurociencia interpersonal, al promover la integración prefrontal, no busca la programación de conductas, sino la recuperación de la soberanía del sujeto sobre sus impulsos automáticos.

El Modelo CALMA®, al fomentar que el coachee «mire hacia dentro» (fase M), actúa como un antídoto contra la reactividad externa. La libertad moral, desde esta perspectiva, no es una abstracción metafísica, sino una capacidad biológica que requiere un sistema nervioso regulado para manifestarse. Como sugiere la literatura sobre neurobiología relacional (Cozolino, 2014), la verdadera autonomía surge de la seguridad vinculante; solo cuando nos sentimos seguros en relación con el otro, podemos explorar nuestra propia identidad y valores con integridad.

Limitaciones y Desafíos de Implementación

A pesar de la solidez teórica del marco propuesto, su implementación enfrenta desafíos significativos:

  1. Formación Técnica: Requiere que el facilitador posea conocimientos básicos de neurobiología y una alta capacidad de autorregulación, lo que demanda programas de certificación más rigurosos que los estándares actuales de la industria.
  2. Medición Empírica: Aunque las bases de la IPNB están bien documentadas, la validación del Modelo CALMA® como protocolo específico requiere estudios longitudinales que utilicen medidas de variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) y escalas de seguridad sentida para cuantificar su eficacia frente a otros métodos.
  3. Sesgo Cultural: Es necesario investigar cómo operan estas micro-conductas de conexión en contextos culturales diversos, donde las señales de seguridad y proximidad pueden variar significativamente.

Hacia una Nueva Ética del Acompañamiento

El futuro del coaching relacional apunta hacia una integración disciplinar donde la ética, la filosofía y la ciencia se encuentren. La propuesta aquí presentada no pretende ser una técnica cerrada, sino un campo de investigación abierto. La posibilidad de utilizar el encuentro humano para promover la salud mental y la cohesión social es, quizás, la contribución más relevante de este enfoque en un mundo cada vez más fragmentado.

Resultados Esperados, Proposiciones Falsables e Implicaciones Prácticas

La consolidación del Coaching Relacional® como una disciplina fundamentada en la evidencia requiere trascender la mera descripción teórica para adentrarse en la formulación de hipótesis medibles. A diferencia de aproximaciones previas que evalúan el éxito del coaching exclusivamente a través de la consecución de metas de desempeño o el reporte subjetivo de satisfacción, el enfoque apoyado en la Neurociencia Interpersonal (IPNB) y el Modelo CALMA® permite establecer métricas tanto fisiológicas como conductuales.

Proposiciones Falsables y Agenda de Investigación

Para guiar la futura validación empírica de este marco, se plantean las siguientes proposiciones testables, diseñadas para evaluar la eficacia de la co-regulación explícita frente al coaching estándar:

  • Proposición 1 (Dimensión Conductual): La aplicación sistemática del Modelo CALMA® incrementará de manera estadísticamente significativa la tasa de «giros hacia» (girando hacia aún) ante las ofertas de conexión (bids) emitidas por el coachee, en comparación con sesiones de coaching dialógico tradicional. Esta proposición se fundamenta en la observabilidad de las micro-conductas documentadas por Gottman y Silver (2015).
  • Proposición 2 (Dimensión Fisiológica): Las sesiones guiadas bajo el protocolo CALMA® mostrarán reducciones mayores y más sostenidas en marcadores autonómicos de estrés —tales como el aumento de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC)— respecto a las sesiones de control.
  • Proposición 3 (Dimensión Fenomenológica y Cognitiva): Los participantes reportarán un nivel superior de «seguridad sentida» y claridad cognitiva post-sesión. Esta claridad es el reflejo de la integración prefrontal, la cual restaura la capacidad del individuo para tomar decisiones deliberadas, alejándose de respuestas automáticas o condicionadas por el entorno.
  • Proposición 4 (Dimensión Longitudinal): A mediano y largo plazo, los equipos de trabajo o diadas que incorporen intervenciones basadas en CALMA® presentarán mejoras significativas en el clima relacional y los índices de confianza.

Implicaciones Prácticas para la Formación del Coach

La adopción de este paradigma exige una reestructuración profunda en los currículos de formación de coaches. El entrenamiento ya no puede limitarse a la adquisición de competencias conversacionales o a la formulación de preguntas poderosas. Requiere, ineludiblemente, el cultivo de una «presencia encarnada» y el desarrollo de habilidades de lectura somática.

El profesional debe ser capaz de identificar las fluctuaciones en el sistema nervioso del cliente y, simultáneamente, sostener su propia regulación autonómica. Esto implica que la supervisión del coach debe abarcar el manejo de intensidades relacionales y fenómenos de resonancia límbica, asegurando que el espacio de acompañamiento se mantenga como un contenedor seguro.

Límites, Ética y Responsabilidad Moral

En la aplicación del Coaching Relacional®, es imperativo trazar fronteras éticas nítidas. La principal limitación reside en la necesidad de diferenciar estrictamente este acompañamiento de la psicoterapia. Aunque el modelo opera sobre mecanismos psicobiológicos, su objetivo no es el tratamiento de psicopatologías. Ante la emergencia de trauma no estabilizado o desregulación crónica severa, el protocolo exige la derivación inmediata a profesionales de la salud mental.

Más allá de los límites clínicos, el modelo plantea una implicación ética fundamental respecto a la responsabilidad moral del individuo. En la actual era del Big Data, donde el comportamiento humano es constantemente perfilado, anticipado y condicionado por determinismos algorítmicos, el espacio de coaching relacional emerge como un bastión para la recuperación de la autonomía.

Al facilitar la transición desde estados de reactividad neurofisiológica hacia la calma vagal, el facilitador permite que el cliente recupere su «ley interior». Es decir, la co-regulación se convierte en la precondición biológica para ejercer la verdadera libertad moral. Una mente desregulada es presa fácil del algoritmo y la impulsividad; una mente integrada, sostenida por vínculos seguros, es capaz de reflexionar, asumir la responsabilidad de sus actos y reconquistar su agencia frente al determinismo del entorno.

Ámbitos de Aplicación Extensiva

Las aplicaciones prácticas de este marco son vastas y prometedoras. En el ámbito organizacional, el Coaching Relacional® actúa como un enfoque complementario a metodologías sistémicas (como ORSC), integrando la regulación psicocorporal en la cultura de liderazgo. En la educación, transforma el «coaching docente» al proveer a los educadores de herramientas somáticas para co-regular el clima del aula, fomentando espacios donde el aprendizaje neurobiológicamente seguro sea posible.

Conclusiones

El Coaching Relacional® y su Modelo CALMA® ofrecen un marco teórico e integrador sin precedentes en la literatura en español, al traducir a la práctica del coaching los hallazgos fundamentales de la Neurociencia Interpersonal (IPNB) y la evidencia longitudinal sobre micro-procesos relacionales. Este enfoque trasciende la concepción del coaching como un mero intercambio dialógico o procedimental, situando la co-regulación del sistema nervioso y la seguridad sentida como los verdaderos motores del cambio y el aprendizaje.

Al articular conductas observables y fisiológicas, este modelo responde a la necesidad de dotar a la disciplina de mayor rigor científico. La operacionalización a través de las cinco fases de CALMA® permite a los profesionales intervenir directamente sobre la reactividad autonómica, facilitando la integración de las funciones prefrontales. En un contexto histórico marcado por la datificación del comportamiento y la hiperconectividad algorítmica, esta integración adquiere una relevancia crítica: la regulación psicobiológica compartida se erige como una condición necesaria para que el individuo recupere su agencia y ejerzca una genuina autonomía moral, reconquistando su capacidad de elegir libremente más allá de los automatismos y el determinismo de los estímulos externos.

Si bien la presente revisión narrativa se fundamenta en marcos seminales robustos, se reconocen como limitaciones la ausencia de datos empíricos propios y la necesidad de validar el protocolo en diversos contextos culturales y organizacionales. No obstante, la agenda de investigación aquí propuesta habilita la evaluación empírica mediante indicadores conductuales y fisiológicos falsables. Se delimita así un campo original de investigación y práctica profesional que no solo persigue el desarrollo de competencias, sino la consolidación de la salud relacional y la integridad del ser humano en su dimensión más profunda.

Referencias

(Nota: Asegúrese de aplicar sangría francesa / tabulación francesa en su procesador de textos para cada una de estas entradas).

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Gottman, J. M., & Silver, N. (2015). Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione (Rev. ed.). Libros de la Armonía.

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Siegel, D. J. (2019). La mente en la psicoterapia: un marco de neurobiología interpersonal para comprender y cultivar la salud mental. Psicología y psicoterapia: teoría, investigación y práctica, 92(2), 224–237. https://doi.org/10.1111/papt.12248

El Instituto Gottman. (1 de abril de 2015). Gira hacia en lugar de alejarte. https://www.gottman.com/blog/turn-toward-instead-of-away/

Calma Relacional® y Modelo CALMA®: Propuesta de un Marco Psicobiológico Integral para la Regulación Mutua

Resumen

Este trabajo introduce Calma Relacional® como un estado de regulación emocionalcompartida que surge cuando dos personas interactúan desde presencia, empatía y apertura, generando seguridad sentida y reorganizando en tiempo real la reactividad, la sintonía y la disponibilidad mutua. El concepto se fundamenta en la neurociencia interpersonal, que concibe la mente como un proceso encarnado y relacional e identifica la integración como mecanismo central de salud (Siegel), así como en la neurobiología relacional que describe al cerebro como “órgano social de adaptación” (Cozolino). Su operacionalización se realiza mediante el Modelo CALMA®: Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro y Actuar con presencia—, un protocolo de cinco fases orientado a coordinar atención, respiración, tono corporal, mentalización y conducta para climatizar el encuentro hacia la co‑regulación. En diálogo con la investigación de Gottman, la teoría resalta el papel de las ofertas de conexión (bids) y los giros hacia como unidades conductuales que sostienen la Calma Relacional® en la práctica cotidiana. Se discuten implicaciones para contextos familiares, educativos, organizacionales y clínicos.

Palabras clave: Calma Relacional®, Modelo CALMA®, co‑regulación, neurociencia interpersonal, ofertas de conexión, turning toward.

Abstract

This paper introduces Relational Calm® as a state of shared emotional regulation that emerges when two persons meet with presence, empathy, and openness, thereby generating felt safety and reorganizing reactivity, synchrony, and mutual availability in real time. The concept is grounded in Interpersonal Neurobiology, which frames the mind as an embodied and relational process and identifies integration as a core mechanism of well‑being (Siegel), as well as in relational neuroscience describing the brain as a “social organ of adaptation”(Cozolino). Operationalization is achieved through the CALMA® Model: Connect, Air (Breath), Loose (Release), Mind (Mentalize), Act (Presence), a five‑phase protocol that aligns attention, breathing, postural tone, mentalizing, and behavior in order to shape interactions toward co‑regulation. Converging with Gottman’s relational science, bids for connectionandturning toward are presented as the behavioral ecosystem that sustains Relational Calm® in everyday interactions. Broader implications are discussed for families, education, leadership, organizations, and clinical practice.

Keywords: Relational Calm®, CALMA® Model, co‑regulation, Interpersonal Neurobiology, bids for connection, turning toward.

Introducción

La propuesta de Calma Relacional® parte de una pregunta sencilla y decisiva: ¿puede la calma dejar de ser un fenómeno exclusivamente intrapsíquico para convertirse en una experiencia compartida que reorganiza, en tiempo real, lo que dos personas sienten, piensan y hacen? Desde el marco de la neurociencia interpersonal, la mente no es solo un conjunto de contenidos mentales, sino un proceso encarnado y relacional que se moldea en la interacción con otros; en ese contexto, la integración, la vinculación funcional de partes diferenciadas dentro de una mente y entre mentes, opera como mecanismo central de salud psicológica y relacional.

Bajo esta lente, el cerebro humano puede describirse, siguiendo a Cozolino, como un “órgano social de adaptación”: su funcionamiento óptimo depende de experiencias de seguridad relacional sostenida que amortiguan la amenaza, facilitan el control prefrontal, promueven resonancia afectiva y expanden la capacidad reflexiva. Dicho de otro modo, pensamos y nos regulamos mejor con otro que nos ofrece presencia segura. La Calma Relacional® nombra precisamente lamanifestación conductual, emocional y fisiológica de esa seguridad sentida: un estado de co‑regulaciónen el que dos sistemas nerviosos convergen hacia menor reactividad, mayor sintonía y disponibilidad mutua.

Para traducir esta comprensión a práctica cotidiana, el Modelo CALMA® se presenta como un protocolo regulatorio de cinco fases: Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro y Actuar con presencia, que coordina atención, respiración, tono corporal, mentalización y conducta expresiva. Al aplicarse en la interacción, CALMA® climatiza el encuentro: reduce señales de amenaza (rostro, voz, postura), estabiliza la fisiología (calma vagal), mejora la lectura del otro (mentalización) y convierte la regulación interna en gestos de apertura, habilitando así la Calma Relacional® como estado compartido.

Esta arquitectura dialoga de manera natural con la ciencia relacional contemporánea. La investigación de Gottman muestra que la estabilidad y satisfacción vincular dependen, sobre todo, de cómo respondemos a las ofertas de conexión (los bids) y de la frecuencia con que realizamos “giros hacia”(turning toward) en las micro‑interacciones de la vida diaria. Estos patrones, observables y entrenables, forman el ecosistema conductual de la Calma Relacional®: acumulaciones de micro‑respuestas que construyen confianza, previsibilidad y cooperación en el tiempo.

En conjunto, Calma Relacional® (teoría conceptual) y CALMA® (método de aplicación) ofrecen un lenguaje y una tecnología humana para convertir la calma en vínculo: un andamiaje fenomenológico y operativo que facilita el tránsito desde la autorregulación hacia la regulación mutua, con implicaciones directas para familia, educación, organizaciones, liderazgo y práctica clínica.

Enfoque psicobiológico y fenomenológico para comprender la serenidad compartida

En un mundo donde la hiperconectividad convive con niveles crecientes de ansiedad interpersonal, surge la necesidad de un marco conceptual que describa no solo la calma individual, sino la calma compartida: aquella que emerge en el espacio entre dos personas cuando ambas se encuentran desde la presencia y la sintonía. Este fenómeno, frecuentemente intuido pero escasamente descrito en la literatura psicológica tradicional, lo denomino Calma Relacional®: un estado de co‑regulación emocional en el cual dos sistemas nerviosos interactúan de manera que generan seguridad mutua, disminución de reactividad y un clima propicio para la conexión profunda.

La neurociencia interpersonal ha demostrado que el cerebro humano es, ante todo, un órgano social, cuya estructura funcional se desarrolla y se reorganiza en respuesta a patrones de relación[1]. Según Dan Siegel, la mente es un proceso “encarnado y relacional” donde integración —entendida como la vinculación coherente de partes diferenciadas— constituye el núcleo del bienestar emocional (Siegel, 2012)[2]. En este sentido, la Calma Relacional® puede entenderse como la manifestación práctica de dicha integración en la interacción humana: un modo en que dos subjetividades regulan conjuntamente el flujo de energía y de información.

La experiencia cotidiana de la Calma Relacional®

Antes de avanzar hacia definiciones técnicas, conviene situar el concepto en escenas comunes. Imagina llegar agotado a casa, tu pareja nota tu respiración corta, tu voz más baja y evita bombardearte con preguntas. En su lugar, te ofrece una mirada suave y un gesto silencioso que parece decir: “descansa un momento; estoy contigo”. No se pronuncia ninguna palabra extraordinaria, y, sin embargo, tu cuerpo cambia: hombros que bajan, mandíbula que se afloja, respiración que se normaliza. Lo que sucede ahí no es simplemente empatía; es una forma de regulación mutua que activa mecanismos neurobiológicos de seguridad social[3].

O imagina un conflicto en el trabajo, estás a punto de responder de manera defensiva, pero tu interlocutor hace una pausa consciente, una micro interrupción que suspende el impulso del intercambio reactivo, y te dice con voz estable: “Quiero entender lo que sientes; toma tu tiempo para explicarlo”. Esa pausa, tan breve como un parpadeo, modifica el clima interno de ambos y abre la puerta a un diálogo más sereno. Nuevamente, la Calma Relacional® está actuando: una coordinación tácita entre cuerpos, emociones y significados plenamente interrelacionados.

Fundamento psicobiológico del concepto: el cerebro como órgano social de adaptación

La regulación afectiva es un proceso que no ocurre exclusivamente en la intimidad individual, sino en la interacción con otros. La teoría del apego y la neurociencia del vínculo han demostrado que los humanos están diseñados para regular su estado emocional a través de la presencia del otro, muy especialmente cuando perciben señales de disponibilidad, protección y responsabilidad.

Los principios de la interpersonal neurobiology descritos por Siegel señalan que la presencia atenta, el contacto seguro y la resonancia emocional transforman el estado mental mediante mecanismos como:

  1. Modulación del sistema nervioso autónomo,
  2. Integración de hemisferios y redes corticales,
  3. Reducción de estados defensivos activados por la amígdala (Siegel, 2012)

muestran que el cerebro es un “órgano social de adaptación”, cuyo funcionamiento óptimo depende de experiencias de seguridad relacional sostenida (Cozolino, 2014)[4]. En términos operativos, la Calma Relacional® es la manifestación conductual, emocional y fisiológica de esta seguridad sentida.

Asimismo, las investigaciones de Cozolino describen al cerebro humano como un órgano social de adaptación, es decir, un sistema que funciona óptimamente dentro de contextos relacionales que proveen seguridad, resonancia y predictibilidad. No es una metáfora meramente inspiradora: es un marco neurocientífico sustentado en evidencia clínica y básica. En The Neuroscience of Human Relationships (2.ª ed.), Cozolino sintetiza décadas de hallazgos para mostrar cómo las relaciones esculpen el cerebro a través de la plasticidad dependiente de la experiencia y la integración funcional de sistemas que regulan el estrés, la percepción social y la reflexividad (Cozolino, 2014).

Lo crucial aquí es que la interacción humana modula redes neurofisiológicas encargadas de:

  1. Inhibir la hiperactivación amigdalina (disminuyendo la percepción de amenaza),
  2. Potenciar el control prefrontal (claridad, planificación, regulación),
  3. Activar el nervio vago (calma fisiológica), y
  4. Sincronizar sistemas implicados en mentalización, empatía y resonancia afectiva.
    En lenguaje cotidiano: cuando alguien nos ofrece presencia atenta, nuestro organismo se organiza mejor, pensamos con más claridad, regulamos mejor y nos sentimos mejor; precisamente porque el cerebro prospera en experiencias de seguridad relacional sostenida (Cozolino, 2014).

Desde este encuadre, la Calma Relacional® es la manifestación conductual, emocional y fisiológica de esa seguridad sentida. No es sólo “estar tranquilos”: es condición neuro‑relacional que facilita el funcionamiento óptimo del organismo, observable en el tono de voz, la postura más abierta, el contacto visual disponible y la disminución de la necesidad defensiva. Cuando la relación ofrece refugio, cada sistema nervioso reconoce al otro como recurso de regulación y no como amenaza; el resultado es una cascada de efectos beneficiosos; coherencia fisiológica compartida; menor hiperalerta; y, mayor capacidad reflexiva, que se sienten como alivio, claridad y cercanía (Cozolino, 2014; Siegel, 2012).

Relación con los “giros hacia” descritos por Gottman

Gottman ha demostrado empíricamente que la estabilidad de los vínculos depende menos de grandes acciones y más de la acumulación de pequeñas respuestas sensibles, los llamados bids for connection o “ofertas de conexión”; que, cuando se acogen, constituyen un “giro hacia” el otro (Gottman & Silver, 2015)[5]. Esta microdinámica interpersonal genera confianza, previsibilidad emocional y un clima de mutua regulación afectiva.

La Calma Relacional® emerge justamente ahí: cuando estos giros hacia no sólo se producen, sino que crean una atmósfera sostenida de baja amenaza, alta sintonía y profunda disponibilidad emocional.

El Modelo CALMA®: fundamento práctico para cultivar Calma Relacional®

El Modelo CALMA®, acrónimo de Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro y Actuar con presencia, no es sólo una técnica de regulación emocional, sino una metodología completa de reorganización psicofisiológica diseñada para restaurar la presencia consciente, la claridad y la capacidad de encuentro intra e interpersonal. Su estructura nace del entrelazamiento de tres grandes tradiciones: la psicología humanista, lasprácticas contemplativas basadas en evidencia y los hallazgos de la neurobiología interpersonal, que describen cómo el sistema nervioso se reorganiza en contextos de seguridad y resonancia.

En términos prácticos, CALMA® es un protocolo de cinco movimientos internos que puede activarse en cualquier situación, conversaciones difíciles, emociones intensas, momentos de desconexión, conflictos, silencios cargados altos niveles de estrés, preparando al organismo para relacionarse desde un estado de mayor coherencia. Cada paso modula una dimensión distinta: la atención, la respiración, el tono corporal, la mentalización y la conducta expresiva.
Por eso, más que un método secuencial, puede entenderse como un campo de entrenamiento fenomenológico, donde la persona aprende a permanecer consciente dentro de su experiencia y, al mismo tiempo, disponible para el otro.

Aplicado a la dinámica relacional, el Modelo CALMA® se convierte en el andamiaje operativo que hace posible la Calma Relacional®. Es decir, ofrece la estructura interna para que la calma no quede confinada en la subjetividad, sino que pueda viajar entre dos o más personas, generando un clima emocional compartido caracterizado por baja amenaza, alta presencia y mayor accesibilidad interpersonal.


Esta integración convierte a CALMA® en un puente entre el trabajo interior y la convivencia humana: cultivar la calma dentro para ofrecer calma fuera, dejando de ser sólo mía y pasando a ser nuestra.

Como hemos visto, el Modelo CALMA® puede entenderse como un protocolo regulatorio de cinco fases, orientado a optimizar la coordinación entre atención, respiración, tono corporal, mentalización y conducta. A modo ilustrativo, funciona como un velero conceptual en el que cada maniobra: Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro y Actuar con presencia, ajusta un componente específico del sistema psicobiológico, permitiendo estabilizar la interacción y favorecer estados de co‑regulación. Este encuadre técnico sitúa a CALMA® como un mecanismo estructurado para facilitar la emergencia de Calma Relacional® en contextos interpersonales.

A continuación, vamos a utilizar como ilustración la metáfora de un velero, a modo conceptual, para comprender todo el alcance que tiene el Modelo CALMA en cada una de sus cinco fases:

Metáfora: El velero de cinco maniobras

Imagina que cada conversación es mar abierto, a veces hay brisa suave; otras, ráfagas que nos empujan hacia la defensa. En este sentido, CALMA® funciona como cinco maniobras náuticas para entrar juntos al mismo puerto:

  1. Conectar = Echar el ancla interior por unos segundos (pausa consciente) para estabilizar el casco y no derivar con la marea de la reactividad.
  2. Acariciar la respiración = Orientar la vela a la brisa (ritmo respiratorio suave) para ganar gobernabilidad y no “cazar” viento de más.
  3. Liberar = Aflorar cabos y rigidez del mástil (soltar hombros, mandíbula, pecho) para reducir tensión estructural del barco.
  4. Mirar hacia dentro = Leer la carta y el cielo (mentalización: ¿qué siento yo?, ¿qué está pidiendo el otro?) y trazar la derrota más segura.
  5. Actuar con presencia = Timonear fino hacia el puerto compartido: un gesto, una frase que abre, un acercamiento cuidadoso.

Cuando estas maniobras se ejecutan en dúo, la conversación entra a bahía, el oleaje baja y se hace palpable la Calma Relacional®, ese puerto seguro donde pensar, sentir y decidir se vuelven más claros.

Con esta ilustración metafórica, ya tenemos una comprensión más amplia del Modelo, de modo que podemos pasar a contextualizar cada fase en función de acciones diarias que tenemos con los demás:

 Conectar

En la interacción humana, la conexión comienza antes de las palabras. Una pausa de dos segundos, un cambio en la postura o un simple ajuste en la mirada puede determinar si se activa el circuito de defensa o el circuito de apertura. Esta micro‑pausa funciona como un mecanismo de inhibición de reactividad[6] y prepara el terreno para la sintonía.

Ejemplo cotidiano:
Vas a responder a un mensaje tenso…detienes los dedos sobre el teclado, respiras una vez profundamente y eliges un tono diferente. Este gesto invisible ya es un acto poderoso de Calma Relacional®.

Acariciar la respiración

La respiración suave funciona como señal de seguridad social. Estudios de neurobiología afectiva muestran que la respiración rítmica regula el sistema simpático y parasimpático, lo cual influye directamente en el estado emocional del otro, incluso sin contacto explícito[7].

Ejemplo cotidiano:
Durante una conversación difícil con tu hija adolescente, mantienes un ritmo respiratorio estable. Ella inconscientemente sincroniza parte de su sistema nervioso al tuyo, disminuyendo la tensión inicial.

Liberar

La liberación muscular, particularmente en la mandíbula, los hombros y la zona torácica, es una señal poderosa de no amenaza. El cuerpo del otro lo interpreta de inmediato, reduciendo activaciones defensivas.

Ejemplo cotidiano:
Un colega malinterpreta tu comentario y, en vez de tensarte, relajas tus hombros y dices con voz de tranquila y serena: “Déjame explicarlo mejor”. La conversación cambiará su tono de forma instantánea.

Mirar hacia dentro

Mirar hacia dentro implica identificar las propias emociones y, simultáneamente, reconocer las señales afectivas del otro. En la teoría relacional, este doble movimiento se denomina mentalización y constituye la base de toda sintonía afectiva.

Ejemplo cotidiano:
Tu pareja llega con un gesto serio y, en vez de asumir que está molesta contigo, te preguntas: “¿Qué estará viviendo?” y lo verbalizas: “Te noto preocupado/a, ¿quieres hablar o prefieres un rato en silencio?”

Actuar con presencia

Este paso convierte la calma interna en comportamiento visible. Pequeñas intervenciones, un tono, un gesto, una frase que abre espacio, pueden regular estados afectivos complejos en ambas personas.

Ejemplo cotidiano:
Un amigo te escribe diciendo: “No sé qué hacer.”
La respuesta habitual sería: “¿Qué pasó?”
La respuesta desde CALMA Relacional sería:
“Estoy contigo, vamos a ver esto con calma. ¿Quieres que te escuche o que pensemos juntos?”
El simple ofrecimiento ya modifica su percepción de apoyo.

Diagramas: Modelo CALMA hacia la Calma Relacional

Los siguientes diagramas sintetizan la arquitectura funcional del Modelo CALMA® y su relación con la Calma Relacional®, traduciendo el proceso en una secuencia observable y replicable. Al representar visualmente la dinámica entre regulación interna y co‑regulación interpersonal, estos esquemas nos permiten apreciar cómo los cinco movimientos del modelo operan como un sistema integrativo que reorganiza la respuesta psicobiológica en tiempo real. Su propósito es ofrecer al lector una cartografía precisa del tránsito desde la autorregulación hacia la regulación mutua, evidenciando las interacciones micro‑procesuales que sostienen los estados de seguridad, sintonía y presencia compartida.

 

 Figura 1: Flujo de CALMA® hacia Calma Relacional®[8]

Cómo los 5 movimientos encadenan resultados inmediatos que culminan en Calma Relacional®:

Lectura rápida del diagrama:
Los cinco movimientos generan, de manera natural, cuatro efectos inmediatos (↓ amenaza, ↑ sintonía, giro hacia las ofertas del otro y mensajería de seguridad). La convergencia de estos efectos consolida la Calma Relacional®.

Figura 2: Bucle de co‑regulación (tú ↔ el otro)[9]

Cómo la práctica individual se vuelve experiencia compartida en tiempo real:

Claves del bucle:

  • La señal de no amenaza (rostro/voz/postura) suele preceder al giro hacia.
  • El circuito se refuerza con micro‑acuerdos (“¿Quieres que sólo te escuche o que pensemos opciones?”).
  • La Calma Relacional® es estado compartido, no solo disposición individual.

Conclusión

La Calma Relacional® propone un giro sutil pero decisivo: comprender la calma no solo como un estado intrapsíquico, sino como un hecho relacional que emerge cuando dos personas se encuentran desde presencia, sintonía y disponibilidad. Esta perspectiva converge con los marcos de neurociencia interpersonal, que describen a la mente como un proceso encarnado y relacional, y a la integración como mecanismo clave de salud, dentro de una mente y entrementes; en contextos de seguridad, la regulación emocional, la claridad cognitiva y la flexibilidad conductual se incrementan (Siegel, 2019).

Desde la neurobiología relacional, el cerebro es un “órgano social de adaptación”: su funcionamiento óptimo depende de climas vinculares de seguridad sostenida. En esas condiciones, disminuye la lectura de amenaza, aumenta el control prefrontal y se habilitan circuitos de resonancia afectiva y mentalización; dicho de otro modo, pensamos y sentimos mejor con otro presente de forma segura (Cozolino, 2014). La Calma Relacional® es la expresión conductual, emocional y fisiológica de esa seguridad sentida.

Operativamente, el Modelo CALMA® estructura el tránsito desde la autorregulación hacia la co‑regulación: Conectar inhibe la impulsividad con una pausa atencional; Acariciar la respiración estabiliza la fisiología (calma parasimpática); Liberaremite señales de no amenaza; Mirar hacia dentro facilita la mentalización propia y del otro; Actuar con presenciatransforma la regulación en conductas de apertura. Este recorrido no solo reduce reactividad, dentro de cada uno, sino que climatiza la interacción hacia estados de sincronía y seguridad compartida.

El puente con la ciencia relacional contemporánea es natural: la investigación de Gottmanmuestra que la salud del vínculo depende de cómo respondemos a las ofertas de conexión (los bids) y de la frecuencia con que realizamos giros hacia el otro en la vida cotidiana. Este patrón —observable y entrenable— predice estabilidad y satisfacción a largo plazo y puede concebirse como el “ecosistema conductual” de la Calma Relacional®: micro‑respuestas que, en conjunto, sostienen seguridad, confianza y cooperación (Gottman & Silver, 2015; The Gottman Institute, 2015; Navarra & Gottman, 2017).

Las implicaciones son amplias: en familia y educación, formar en micro‑pausas, respiración y lectura de señales no verbales incrementa la capacidad de contención y reduce escaladas reactivas; en organizaciones y liderazgo, diseñar interacciones que privilegien la presencia encarnada y los giros hacia (feedback que valida, preguntas que abren, ritmos conversacionales que no sobrecargan) es una forma concreta de higiene relacional; y, en contextos clínicos y psicoeducativos, la cartografía de CALMA® se ofrece como protocolo breve, replicable y sensible a la complejidad humana para restaurar seguridadymejorar resultados (Siegel, 2019; Cozolino, 2014).

En síntesis, la Calma Relacional® articula un lenguaje y una práctica: nombra un fenómeno que ya ocurre cuando nos tratamos con presencia y nos da un método —CALMA®— para hacerlo más probable y más estable. En tiempos de ruido emocional e hiperestimulación, convertir la calma en vínculo no es un lujo, es una capacidad estratégica para educar, liderar, cuidar y convivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Glosario de términos

  • Acariciar la respiración
    Estabilizar un ritmo respiratorio suave que favorece la calma parasimpática (vagal) y mejora la receptividad interpersonal; la sensación de “seguridad” se potencia cuando el otro percibe esa regulación y la acompasa.
  • Actuar con presencia
    Convertir la regulación interna en conducta: un gesto, un cambio de tono, una frase que abre (p. ej., “¿Quieres que solo te escuche o que pensemos opciones?”). Consolidación práctica de la Calma Relacional®.
  • Banco emocional
    Metáfora de la acumulación de micro‑interacciones positivas (responder a bids, validar, acompañar) que amortiguan el conflicto y sostienen intimidad.
  • Calma Relacional®
    Estado de regulación emocional compartida que emerge cuando dos personas interactúan desde presencia, empatía y apertura, generando seguridad sentida y disminución de la reactividad. Es un fenómeno psicobiológico y relacional observable en la conducta (voz, postura, mirada) y en la fisiología (respiración más estable).
  • Conectar
    Micro‑pausa atencional para inhibir reactividad y habilitar respuesta deliberada (1–3 s). Se utiliza al inicio de un intercambio y antes de responder en situaciones tensas.
  • Co‑regulación
    Proceso por el cual dos sistemas nerviosos se estabilizan mutuamente a través de la sintonía afectiva y la presencia; es un mecanismo central del bienestar desde el marco de la neurociencia interpersonal.
  • Giro hacia (turning toward)
    Respuesta sensible y positiva a una oferta de conexión del otro; incrementa el “capital emocional” de la relación y fortalece la confianza. Giro de espaldas / en contra (turning away/against)
    Ignorar (o responder negativamente a) una oferta de conexión; se asocia a deterioro del vínculo en estudios longitudinales.
  • Integración (IPNB)
    Vínculo coherente de elementos diferenciados (neuronales, somáticos, relacionales) que promueve flexibilidad y salud. En interacción, la integración se expresa como resonancia y armonía vincular.
  • Liberar
    Soltar tensión en rostro, mandíbula, hombros y pecho para emitir señales de no amenazaque el cerebro social del interlocutor interpreta rápidamente, reduciendo la hiperalerta y facilitando la sintonía.
  • Mirar hacia dentro
    Doble movimiento de autoconciencia(¿qué siento?) ymentalización (¿qué podría estar necesitando el otro?) que prepara una respuesta empática y ajustada al contexto.
  • Modelo CALMA®
    Protocolo regulatorio de cinco fases, Conectar, Acariciar la respiración, Liberar, Mirar hacia dentro, Actuar con presencia, orientado a coordinar atención, respiración, tono corporal, mentalización y conducta expresiva, de modo que la calma individual se traduzca en co‑regulación interpersonal.
  • Ofertas de conexión (bids)
    Micro‑intentos, verbales o no verbales, de acercamientoque buscan atención, afecto o cooperación. Su reconocimiento y acogida predicen estabilidad y satisfacción relacional.
  • Presencia encarnada
    Atención sostenida y sensible que integra cuerpo, emoción y cognición enel encuentro; principio operativo central en el enfoque de neurociencia interpersonal.
  • Seguridad relacional
    Clima de baja amenaza y alta disponibilidad que optimiza las funciones ejecutivas, la regulación emocional y la apertura al vínculo; el cerebro humano “funciona mejor” en contextos de seguridad sostenida.
  • Sincronía somática/respiratoria
    Ajustes finos en respiración, tempo vocal, mirada y gesto que emergen en estados de sintonía; facilitan la regulación y la sensación de “estar con”.

Referencias

Cozolino, L. (2014). The neuroscience of human relationships: Attachment and the developing social brain (2nd ed.). W. W. Norton. [en.wikipedia.org]

GoodTherapy. (2025, December 12). How feeling safe heals your brain: 5 ways interpersonal neurobiology explains it. https://www.goodtherapy.org/ [mayoclinic.org]

Gottman, J. M., & Silver, N. (2015). The seven principles for making marriage work (Rev. ed.). Harmony Books. [scholar.google.com]

Navarra, R. J., & Gottman, J. M. (2017). Bids and turning toward in Gottman Method Couple Therapy. In Encyclopedia of Couple and Family Therapy (pp. 1–3). Springer. [institutod…ciones.com]

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Siegel, D. J. (2019). The mind in psychotherapy: An interpersonal neurobiology framework for understanding and cultivating mental health. Psychology and Psychotherapy: Theory, Research and Practice, 92(2), 224–237. https://doi.org/10.1111/papt.12248 [therapistaid.com]

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The Gottman Institute. (2015, April 1). Turn towards instead of away. https://www.gottman.com/blog/turn-toward-instead-of-away/ [psicologianova.com]


[1] En neurociencia interpersonal se sostiene que la estructura y función del cerebro humano se desarrollan y reorganizan en respuesta a patrones de interacción social. Las experiencias relacionales, especialmente aquellas que generan seguridad o amenaza, moldean los circuitos límbicos y prefrontales, influyendo en la capacidad de regulación emocional, memoria implícita y percepción social. Esta idea está ampliamente respaldada en el campo de la neurobiología del apego.

[2] Daniel J. Siegel utiliza el concepto de integración para describir el proceso que conecta elementos diferenciados de un sistema (neuronas, regiones cerebrales, o incluso dos mentes en interacción). Según Siegel, esta integración es el mecanismo esencial del bienestar psicológico y fisiológico. Cuando la presencia, la resonancia y la atención plena se dan en una relación, se actúa directamente sobre los procesos de integración interpersonal.

[3] Las señales corporales —expresiones faciales, postura, tensión muscular, microgestos— son registradas por el sistema de “percepción social” del cerebro, particularmente por las redes vinculadas a la amígdala, la ínsula y el córtex prefrontal ventromedial. Estas señales influyen instantáneamente en la activación del sistema nervioso autónomo del observador, modulando sentimientos de amenaza o seguridad.

[4] Louis Cozolino plantea que el cerebro es un “órgano social de adaptación”. Esto significa que su funcionamiento óptimo depende del contexto relacional: cuando los seres humanos se sienten comprendidos, acompañados y protegidos, el sistema nervioso se organiza de manera más flexible y saludable. La seguridad emocional actúa como un factor neuroprotector.

[5] Los “giros hacia” (turning-toward) descritos por John Gottman consisten en la tendencia a responder de manera sensible y positiva a las “ofertas de conexión” del otro. Según sus investigaciones longitudinales, la estabilidad y satisfacción relacional dependen significativamente de la frecuencia y calidad con que estas micro‑interacciones se validan. Una relación con un alto porcentaje de giros hacia se asocia con mayor seguridad emocional y menor reactividad.

[6] Las pausas conscientes de uno a tres segundos antes de reaccionar activan mecanismos prefrontales que inhiben la impulsividad generada por la amígdala. Esta “interrupción neurofisiológica” permite reorganizar la respuesta emocional, ofreciendo al sistema nervioso propio y al del otro un margen de regulación.

[7] La respiración lenta y rítmica estimula el nervio vago, que activa el sistema parasimpático responsable de los estados de relajación, claridad mental y seguridad fisiológica. Este efecto vagal puede contagiarse indirectamente al otro mediante sincronización afectiva y respiratoria, incluso sin contacto físico

[8] Figura 1. El diagrama ilustra la secuencia funcional del Modelo CALMA® y su impacto progresivo sobre la dinámica psicobiológica del vínculo. Cada fase —desde la modulación atencional inicial hasta la conducta expresiva final— desencadena micro‑ajustes que reducen la percepción de amenaza, incrementan la sintonía somática y facilitan los “giros hacia” descritos por la literatura relacional. La convergencia de estos efectos constituye la base operativa de la Calma Relacional® como estado de seguridad compartida.

[9] Figura 2. El diagrama representa el circuito de co‑regulación que se activa durante una interacción guiada por el Modelo CALMA®, mostrando cómo los ajustes internos de una persona generan señales externas de no‑amenaza que reorganizan el estado del otro. Este intercambio bidireccional, pausa, regulación respiratoria, liberación corporal, mentalización y respuesta presente, configura un bucle dinámico en el que ambos sistemas nerviosos convergen hacia la Calma Relacional® como resultado emergente de la interacción.

GENERACIÓN DE IDEAS EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

EL VÉRTIGO DEL INFINITO ARTIFICIAL

Vivimos bajo el influjo de un nuevo vértigo. Durante siglos, el acto creativo se enfrentó al abismo de la página en blanco, al silencio del lienzo vacío. Hoy, el abismo ha sido reemplazado por un océano: un torrente infinito de contenido, imágenes y textos generados por una inteligencia artificial que nunca duerme. La ansiedad ya no nace del vacío, sino de la saturación. La pregunta que atormenta al creador, al estratega, al pensador, ya no es «¿Cómo puedo tener una idea?», sino «¿Cómo puede mi idea tener valor en un mundo donde una máquina produce un millón por minuto?».

La respuesta no reside en competir con la máquina en velocidad o volumen, sino en comprender la diferencia fundamental en la naturaleza de nuestros respectivos actos creativos. Este ensayo se aleja del pánico y la hipérbole para ofrecer una guía filosófica y práctica, desglosada en tres recomendaciones puntuales para navegar y prosperar en esta nueva era.

La Distinción Esencial: Anchura vs. Profundidad

Antes de las recomendaciones, es crucial internalizar la metáfora central.

Por un lado, tenemos la prodigiosa Inteligencia Artificial: La creatividad de la IA es un acto de combinatoria prodigiosa, esencialmente, descompone la totalidad del conocimiento humano digitalizado en miles de millones de pequeñas teselas (datos, palabras, píxeles, notas musicales) y las reensambla a velocidades sobrehumanas para crear patrones nuevos y estadísticamente probables. Su poder reside en la anchura: tiene acceso a un universo de información que ningún humano podría abarcar. Sin embargo, su limitación fundamental es que opera en la superficie. No puede crear una tesela nueva; solo puede reconfigurar las existentes. Carece de experiencia vivida, de intención, de un «porqué».

Por el otro lado, tenemos la insuperable Creatividad Humana: Una idea genuinamente humana no es un mosaico de datos preexistentes. Es una semilla: una estructura orgánica, compacta y cargada de potencial, que nace de la profundidad. Su origen no está en la data, sino en la tensión: la contradicción observada, la pregunta que nos desvela, la injusticia que nos indigna, la conexión inesperada entre dos emociones. La semilla no se nutre de información, sino de experiencia, conciencia y propósito. Es la manifestación de nuestra interioridad.

Entender esta diferencia es liberador. Dejamos de ver a la IA como un competidor para empezar a verla como lo que es: una herramienta de superficie increíblemente potente que podemos usar para nutrir y hacer crecer nuestras propias ideas de profundidad.

Recomendaciones para el Creador en la Era de la IA

Uno: La Primacía de la Experiencia Humana.

En un mundo que nos empuja a la conexión digital constante, la primera y más radical recomendación es la desconexión intencionada. Si la materia prima de la IA son los datos, tu materia prima es la experiencia vivida y la reflexión silenciosa. Debes convertirte en un coleccionista obsesivo de «semillas».

  • Acciones Puntuales:
    • Practica el «Aburrimiento Activo»: Dedica periodos de tiempo sin estímulos digitales. Camina sin rumbo, siéntate en un parque a observar, permite que tu mente divague. Es en estos espacios de aparente inactividad donde las conexiones subconscientes se forman y las semillas de las ideas germinan.
    • Consume Contenido de «Baja Velocidad»: Prioriza la lectura de libros físicos, las conversaciones largas y sin interrupciones, la visita a museos. Estas actividades fomentan el pensamiento profundo y la reflexión, en contraste con el consumo fragmentado y acelerado de las redes sociales.
    • Lleva un «Diario de Tensiones»: En lugar de un diario de eventos, documenta preguntas, frustraciones y contradicciones que observes. Anota: «¿Por qué la gente se siente más sola en las ciudades más conectadas?» o «¿Qué contradicción hay entre nuestro discurso sobre la sostenibilidad y nuestras acciones?».

Dos: Dialoga con la Inteligencia Artificial como un compañero de entrenamiento Socrático.

Una vez que tienes el germen de una idea —una pregunta, una tensión— es hora de acercarte a la máquina. Pero no lo hagas como quien pide una respuesta, sino como quien inicia un diálogo socrático para explorar los límites de su propia idea. Tu rol no es el de un operador, sino el de un interrogador experto.

Acciones Puntuales:

  • Formula «Preguntas Generativas», no Órdenes: No le pidas a la IA «Escribe un poema sobre la soledad». Pregúntale: «Genera diez metáforas inesperadas que conecten la soledad urbana con la física cuántica». «Explora los argumentos históricos a favor y en contra de mi idea X». «Reescribe este párrafo en el estilo de un filósofo estoico y luego en el de un manifiesto futurista».
  • Utilízala para Romper tus Propios Patrones: La IA, al no tener sesgos cognitivos humanos, puede crear conexiones que a nosotros nos parecerían ilógicas. Pídele que fusione conceptos imposibles («diseña una silla inspirada en el concepto de la melancolía»). El 99% de los resultados será inútil, pero el 1% puede ofrecer una perspectiva que rompa tu bloqueo y te muestre un ángulo completamente nuevo.
  • Pide Múltiples Perspectivas: Usa la IA como un «simulador de audiencias». Pídele que critique tu idea desde el punto de vista de un economista, un artista, un niño de 10 años o un ingeniero. Esto te permitirá anticipar objeciones y fortalecer tu argumento.

3. Sintetiza con Propósito

La IA te entregará un vasto mosaico de posibilidades, un torbellino de datos y opciones. La etapa final, y la más crucialmente humana, es la de la síntesis. Aquí es donde tu semilla original actúa como el filtro definitivo, como el criterio para dar sentido a todo ese ruido de dispersión.

Acciones Puntuales:

  • Imprime y Externaliza: No trabajes solo dentro de la interfaz. Imprime las respuestas más interesantes de la IA. Pégalas en una pared. Usa marcadores, post-its. Externalizar el material te permite verlo en su conjunto y empezar a trazar conexiones con tu propia intuición.
  • Aplica el Criterio del «Porqué»: Para cada fragmento de información generado por la IA, pregúntate: «¿Cómo sirve esto al propósito central de mi semilla? ¿Refuerza mi intención o la diluye?». Sé un editor implacable. Tu valor no está en la cantidad de información que incluyes, sino en la coherencia y la potencia del mensaje que construyes.
  • Inyecta Ética y Emoción: La IA puede generar un texto que suene empático, pero no puede sentir empatía. Puede construir un argumento lógico, pero no tiene una brújula ética. Tu labor final es infundir en el producto final los elementos que la máquina nunca podrá replicar: la vulnerabilidad, la convicción ética, la resonancia emocional, la sabiduría nacida de la experiencia.

Conclusión: El Imperativo de Ser Más Humanos

La llegada de la inteligencia artificial no es el fin de la creatividad humana. Es, por el contrario, una provocación para refinarla, para destilarla hasta su esencia más pura. Nos libera de la carga de la combinatoria y nos obliga a invertir nuestro tiempo en la profundidad, en la experiencia, en el propósito.

El futuro no pertenece a quienes intenten ganarle a la IA en su propio juego de velocidad y escala, sino a aquellos que dominen el arte de colaborar con ella, aportando lo que es irremplazable.

En la era de la inteligencia artificial, la verdadera pregunta no es si las máquinas pueden pensar. La verdadera pregunta es si nosotros, como humanos, nos atreveremos a sentir, a preguntar y a liderar con propósito.

Fuentes de Consulta y Profundización

Para aquellos interesados en explorar más a fondo los conceptos discutidos en este ensayo, se recomienda la siguiente selección de recursos, que abordan la creatividad, la tecnología y el pensamiento profundo desde diversas perspectivas.

1. Sobre la Crítica a la Cultura Digital y la Necesidad de Profundidad:

  • Autor/Fuente: Byung-Chul Han (Entrevista en El País).
  • Título: «El smartphone es un instrumento de dominación. Actúa como un rosario digital».
  • Relevancia: El filósofo Byung-Chul Han es una de las voces más lúcidas en la crítica de la sociedad digital. Esta entrevista encapsula sus ideas sobre cómo la saturación de información y la comunicación sin presencia erosionan el pensamiento profundo y la capacidad de reflexión, un argumento central para entender por qué debemos «cultivar nuestra semilla».
  • Enlace: https://elpais.com/ideas/2021-10-09/byung-chul-han-el-smartphone-es-un-instrumento-de-dominacion-actua-como-un-rosario-digital.html

2. Sobre el Método para Fomentar el Pensamiento Profundo:

  • Autor/Fuente: Cal Newport.
  • Título: «Deep Work: Rules for Focused Success in a Distracted World» (Resumen y Principios).
  • Relevancia: El concepto de «Trabajo Profundo» de Newport ofrece un marco práctico y metodológico para la recomendación de «Priorizar la Experiencia Humana». Argumenta que la capacidad de concentrarse sin distracciones en una tarea cognitivamente exigente es una habilidad cada vez más rara y valiosa.
  • Enlace: https://www.calnewport.com/books/deep-work/

3. Sobre la Colaboración Creativa con la IA (El Modelo del «Centauro»):

  • Autor/Fuente: Ethan Mollick (Blog: «One Useful Thing»).
  • Título: «The Centaur’s Stride: A New Theory for Old Problems».
  • Relevancia: Mollick es un referente en la exploración de la colaboración humano-IA. Este artículo (y su blog en general) desarrolla la idea del «centauro» (mitad humano, mitad máquina) como el modelo a seguir, donde la intuición y el juicio humano guían el poder computacional de la IA. Es la aplicación práctica de «dialogar con la IA como un compañero socrático».
  • Enlace: https://www.oneusefulthing.org/p/the-centaurs-stride

4. Sobre el Origen de las Ideas y la Importancia de la Incubación:

  • Autor/Fuente: Steven Johnson (Charla TED).
  • Título: «¿De dónde vienen las buenas ideas?».
  • Relevancia: Esta popular charla refuerza la metáfora de la «semilla». Johnson argumenta que las ideas innovadoras raramente son un momento «eureka» aislado, sino más bien una «lenta corazonada» (slow hunch) que necesita tiempo, conexión y un entorno fértil para madurar. Esto valida científicamente la necesidad de practicar el «aburrimiento activo» y consumir contenido de «baja velocidad».
  • Enlace: https://www.ted.com/talks/steven_johnson_where_good_ideas_come_from?language=es

5. Sobre la Relación entre Tecnología, Humanidad y Empatía:

  • Autor/Fuente: Sherry Turkle (Charla TED).
  • Título: «¿Conectados, pero solos?».
  • Relevancia: El trabajo de Turkle explora las paradojas de la vida digital, especialmente cómo la tecnología que promete conectarnos puede fomentar una nueva forma de soledad. Su investigación es fundamental para entender la importancia de la recomendación final: «Inyectar Ética y Emoción», recordando que la verdadera conexión y el significado siguen siendo dominios exclusivamente humanos.
  • Enlace: https://www.ted.com/talks/sherry_turkle_connected_but_alone?language=es