GENERACIÓN DE IDEAS EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

EL VÉRTIGO DEL INFINITO ARTIFICIAL

Vivimos bajo el influjo de un nuevo vértigo. Durante siglos, el acto creativo se enfrentó al abismo de la página en blanco, al silencio del lienzo vacío. Hoy, el abismo ha sido reemplazado por un océano: un torrente infinito de contenido, imágenes y textos generados por una inteligencia artificial que nunca duerme. La ansiedad ya no nace del vacío, sino de la saturación. La pregunta que atormenta al creador, al estratega, al pensador, ya no es «¿Cómo puedo tener una idea?», sino «¿Cómo puede mi idea tener valor en un mundo donde una máquina produce un millón por minuto?».

La respuesta no reside en competir con la máquina en velocidad o volumen, sino en comprender la diferencia fundamental en la naturaleza de nuestros respectivos actos creativos. Este ensayo se aleja del pánico y la hipérbole para ofrecer una guía filosófica y práctica, desglosada en tres recomendaciones puntuales para navegar y prosperar en esta nueva era.

La Distinción Esencial: Anchura vs. Profundidad

Antes de las recomendaciones, es crucial internalizar la metáfora central.

Por un lado, tenemos la prodigiosa Inteligencia Artificial: La creatividad de la IA es un acto de combinatoria prodigiosa, esencialmente, descompone la totalidad del conocimiento humano digitalizado en miles de millones de pequeñas teselas (datos, palabras, píxeles, notas musicales) y las reensambla a velocidades sobrehumanas para crear patrones nuevos y estadísticamente probables. Su poder reside en la anchura: tiene acceso a un universo de información que ningún humano podría abarcar. Sin embargo, su limitación fundamental es que opera en la superficie. No puede crear una tesela nueva; solo puede reconfigurar las existentes. Carece de experiencia vivida, de intención, de un «porqué».

Por el otro lado, tenemos la insuperable Creatividad Humana: Una idea genuinamente humana no es un mosaico de datos preexistentes. Es una semilla: una estructura orgánica, compacta y cargada de potencial, que nace de la profundidad. Su origen no está en la data, sino en la tensión: la contradicción observada, la pregunta que nos desvela, la injusticia que nos indigna, la conexión inesperada entre dos emociones. La semilla no se nutre de información, sino de experiencia, conciencia y propósito. Es la manifestación de nuestra interioridad.

Entender esta diferencia es liberador. Dejamos de ver a la IA como un competidor para empezar a verla como lo que es: una herramienta de superficie increíblemente potente que podemos usar para nutrir y hacer crecer nuestras propias ideas de profundidad.

Recomendaciones para el Creador en la Era de la IA

Uno: La Primacía de la Experiencia Humana.

En un mundo que nos empuja a la conexión digital constante, la primera y más radical recomendación es la desconexión intencionada. Si la materia prima de la IA son los datos, tu materia prima es la experiencia vivida y la reflexión silenciosa. Debes convertirte en un coleccionista obsesivo de «semillas».

  • Acciones Puntuales:
    • Practica el «Aburrimiento Activo»: Dedica periodos de tiempo sin estímulos digitales. Camina sin rumbo, siéntate en un parque a observar, permite que tu mente divague. Es en estos espacios de aparente inactividad donde las conexiones subconscientes se forman y las semillas de las ideas germinan.
    • Consume Contenido de «Baja Velocidad»: Prioriza la lectura de libros físicos, las conversaciones largas y sin interrupciones, la visita a museos. Estas actividades fomentan el pensamiento profundo y la reflexión, en contraste con el consumo fragmentado y acelerado de las redes sociales.
    • Lleva un «Diario de Tensiones»: En lugar de un diario de eventos, documenta preguntas, frustraciones y contradicciones que observes. Anota: «¿Por qué la gente se siente más sola en las ciudades más conectadas?» o «¿Qué contradicción hay entre nuestro discurso sobre la sostenibilidad y nuestras acciones?».

Dos: Dialoga con la Inteligencia Artificial como un compañero de entrenamiento Socrático.

Una vez que tienes el germen de una idea —una pregunta, una tensión— es hora de acercarte a la máquina. Pero no lo hagas como quien pide una respuesta, sino como quien inicia un diálogo socrático para explorar los límites de su propia idea. Tu rol no es el de un operador, sino el de un interrogador experto.

Acciones Puntuales:

  • Formula «Preguntas Generativas», no Órdenes: No le pidas a la IA «Escribe un poema sobre la soledad». Pregúntale: «Genera diez metáforas inesperadas que conecten la soledad urbana con la física cuántica». «Explora los argumentos históricos a favor y en contra de mi idea X». «Reescribe este párrafo en el estilo de un filósofo estoico y luego en el de un manifiesto futurista».
  • Utilízala para Romper tus Propios Patrones: La IA, al no tener sesgos cognitivos humanos, puede crear conexiones que a nosotros nos parecerían ilógicas. Pídele que fusione conceptos imposibles («diseña una silla inspirada en el concepto de la melancolía»). El 99% de los resultados será inútil, pero el 1% puede ofrecer una perspectiva que rompa tu bloqueo y te muestre un ángulo completamente nuevo.
  • Pide Múltiples Perspectivas: Usa la IA como un «simulador de audiencias». Pídele que critique tu idea desde el punto de vista de un economista, un artista, un niño de 10 años o un ingeniero. Esto te permitirá anticipar objeciones y fortalecer tu argumento.

3. Sintetiza con Propósito

La IA te entregará un vasto mosaico de posibilidades, un torbellino de datos y opciones. La etapa final, y la más crucialmente humana, es la de la síntesis. Aquí es donde tu semilla original actúa como el filtro definitivo, como el criterio para dar sentido a todo ese ruido de dispersión.

Acciones Puntuales:

  • Imprime y Externaliza: No trabajes solo dentro de la interfaz. Imprime las respuestas más interesantes de la IA. Pégalas en una pared. Usa marcadores, post-its. Externalizar el material te permite verlo en su conjunto y empezar a trazar conexiones con tu propia intuición.
  • Aplica el Criterio del «Porqué»: Para cada fragmento de información generado por la IA, pregúntate: «¿Cómo sirve esto al propósito central de mi semilla? ¿Refuerza mi intención o la diluye?». Sé un editor implacable. Tu valor no está en la cantidad de información que incluyes, sino en la coherencia y la potencia del mensaje que construyes.
  • Inyecta Ética y Emoción: La IA puede generar un texto que suene empático, pero no puede sentir empatía. Puede construir un argumento lógico, pero no tiene una brújula ética. Tu labor final es infundir en el producto final los elementos que la máquina nunca podrá replicar: la vulnerabilidad, la convicción ética, la resonancia emocional, la sabiduría nacida de la experiencia.

Conclusión: El Imperativo de Ser Más Humanos

La llegada de la inteligencia artificial no es el fin de la creatividad humana. Es, por el contrario, una provocación para refinarla, para destilarla hasta su esencia más pura. Nos libera de la carga de la combinatoria y nos obliga a invertir nuestro tiempo en la profundidad, en la experiencia, en el propósito.

El futuro no pertenece a quienes intenten ganarle a la IA en su propio juego de velocidad y escala, sino a aquellos que dominen el arte de colaborar con ella, aportando lo que es irremplazable.

En la era de la inteligencia artificial, la verdadera pregunta no es si las máquinas pueden pensar. La verdadera pregunta es si nosotros, como humanos, nos atreveremos a sentir, a preguntar y a liderar con propósito.

Fuentes de Consulta y Profundización

Para aquellos interesados en explorar más a fondo los conceptos discutidos en este ensayo, se recomienda la siguiente selección de recursos, que abordan la creatividad, la tecnología y el pensamiento profundo desde diversas perspectivas.

1. Sobre la Crítica a la Cultura Digital y la Necesidad de Profundidad:

  • Autor/Fuente: Byung-Chul Han (Entrevista en El País).
  • Título: «El smartphone es un instrumento de dominación. Actúa como un rosario digital».
  • Relevancia: El filósofo Byung-Chul Han es una de las voces más lúcidas en la crítica de la sociedad digital. Esta entrevista encapsula sus ideas sobre cómo la saturación de información y la comunicación sin presencia erosionan el pensamiento profundo y la capacidad de reflexión, un argumento central para entender por qué debemos «cultivar nuestra semilla».
  • Enlace: https://elpais.com/ideas/2021-10-09/byung-chul-han-el-smartphone-es-un-instrumento-de-dominacion-actua-como-un-rosario-digital.html

2. Sobre el Método para Fomentar el Pensamiento Profundo:

  • Autor/Fuente: Cal Newport.
  • Título: «Deep Work: Rules for Focused Success in a Distracted World» (Resumen y Principios).
  • Relevancia: El concepto de «Trabajo Profundo» de Newport ofrece un marco práctico y metodológico para la recomendación de «Priorizar la Experiencia Humana». Argumenta que la capacidad de concentrarse sin distracciones en una tarea cognitivamente exigente es una habilidad cada vez más rara y valiosa.
  • Enlace: https://www.calnewport.com/books/deep-work/

3. Sobre la Colaboración Creativa con la IA (El Modelo del «Centauro»):

  • Autor/Fuente: Ethan Mollick (Blog: «One Useful Thing»).
  • Título: «The Centaur’s Stride: A New Theory for Old Problems».
  • Relevancia: Mollick es un referente en la exploración de la colaboración humano-IA. Este artículo (y su blog en general) desarrolla la idea del «centauro» (mitad humano, mitad máquina) como el modelo a seguir, donde la intuición y el juicio humano guían el poder computacional de la IA. Es la aplicación práctica de «dialogar con la IA como un compañero socrático».
  • Enlace: https://www.oneusefulthing.org/p/the-centaurs-stride

4. Sobre el Origen de las Ideas y la Importancia de la Incubación:

  • Autor/Fuente: Steven Johnson (Charla TED).
  • Título: «¿De dónde vienen las buenas ideas?».
  • Relevancia: Esta popular charla refuerza la metáfora de la «semilla». Johnson argumenta que las ideas innovadoras raramente son un momento «eureka» aislado, sino más bien una «lenta corazonada» (slow hunch) que necesita tiempo, conexión y un entorno fértil para madurar. Esto valida científicamente la necesidad de practicar el «aburrimiento activo» y consumir contenido de «baja velocidad».
  • Enlace: https://www.ted.com/talks/steven_johnson_where_good_ideas_come_from?language=es

5. Sobre la Relación entre Tecnología, Humanidad y Empatía:

  • Autor/Fuente: Sherry Turkle (Charla TED).
  • Título: «¿Conectados, pero solos?».
  • Relevancia: El trabajo de Turkle explora las paradojas de la vida digital, especialmente cómo la tecnología que promete conectarnos puede fomentar una nueva forma de soledad. Su investigación es fundamental para entender la importancia de la recomendación final: «Inyectar Ética y Emoción», recordando que la verdadera conexión y el significado siguen siendo dominios exclusivamente humanos.
  • Enlace: https://www.ted.com/talks/sherry_turkle_connected_but_alone?language=es

LA ENCRUCIJADA DEL PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO: CRÍTICA A LA FRAGMENTACIÓN EPISTEMOLÓGICA Y PROPUESTA PARA UNA PRAXIS FILOSÓFICA INTEGRADORA PARA ESTE SIGLO XXI

Santos E. Moreta Reyes

Profesor asociado de Ética en el Instituto Tecnológico

de Las Américas, ITLA, RD

smoreta@itla.edu.do

Resumen

El pensamiento filosófico contemporáneo, heredero de las críticas post-estructuralistas y la denominada condición postmoderna, se encuentra en una encrucijada crítica. Por un lado, ha logrado una deconstrucción necesaria de las meta-narrativas totalizadoras y los dogmatismos epistemológicos. Por otro lado, esta misma empresa ha derivado en una notable fragmentación del saber, un relativismo sofisticado que amenaza con disolver la capacidad de la filosofía para ofrecer orientaciones normativas y una proliferación de jergas herméticas que la aíslan del debate público. Este artículo realiza un diagnóstico crítico de tres tendencias centrales del pensamiento contemporáneo: 1) la hiper-especialización y el solipsismo disciplinario; 2) la estetización del nihilismo y la renuncia a la verdad como ideal regulativo; y 3) la desconexión entre la producción teórica y los urgentes dilemas ético-políticos de la sociedad global. Como contrapropuesta, se articula una recomendación para la enseñanza y divulgación de la filosofía basada en una «praxis filosófica integradora». Esta praxis se fundamenta en tres pilares: a) una epistemología de la complejidad que fomente el diálogo transdisciplinario; b) una pedagogía histórico-crítica que reconecte las ideas contemporáneas con la tradición para evaluar su pertinencia; y c) un compromiso renovado con la claridad conceptual y la participación cívica. El objetivo es revitalizar la filosofía como una herramienta potente para la comprensión y transformación del mundo, sin sacrificar el rigor crítico alcanzado en las últimas décadas.

Palabras clave: pensamiento contemporáneo, epistemología, fragmentación, postmodernismo, praxis filosófica, enseñanza de la filosofía, divulgación científica.

Abstract

Contemporary philosophical thought, heir to post-structuralist critiques and the so-called postmodern condition, finds itself at a critical crossroads. On one hand, it has achieved a necessary deconstruction of totalizing meta-narratives and epistemological dogmatisms. On the other, this very enterprise has led to a significant fragmentation of knowledge, a sophisticated relativism that threatens to dissolve philosophy’s capacity to offer normative guidance, and a proliferation of hermetic jargon that isolates it from public discourse. This article provides a critical diagnosis of three central trends in contemporary thought: 1) hyper-specialization and disciplinary solipsism; 2) the aestheticization of nihilism and the renunciation of truth as a regulative ideal; and 3) the disconnection between theoretical production and the urgent ethical-political dilemmas of global society. As a counter-proposal, it articulates a recommendation for the teaching and dissemination of philosophy based on an «integrative philosophical praxis.» This praxis is founded on three pillars: a) an epistemology of complexity that fosters transdisciplinary dialogue; b) a historical-critical pedagogy that reconnects contemporary ideas with tradition to assess their relevance; and c) a renewed commitment to conceptual clarity and civic engagement. The objective is to revitalize philosophy as a potent tool for understanding and transforming the world, without sacrificing the critical rigor achieved in recent decades.

Keywords: Contemporary Philosophy, Epistemology, Fragmentation, Postmodernism, Philosophical Praxis, Philosophy Education, Public Philosophy.

Introducción: El Legado Ambivalente de la Deconstrucción

La filosofía de finales del siglo XX y principios del XXI es, en gran medida, hija del «giro lingüístico»[1] y de la crítica radical a los fundamentos de la Modernidad. Pensadores como Foucault, Derrida, Lyotard y Deleuze, entre otros, llevaron a cabo una labor de «arqueología» y «deconstrucción» indispensable, revelando las estructuras de poder inherentes al saber (Foucault, 1969), la inestabilidad del significado (Derrida, 1967) y la caída de las grandes «meta-narrativas» que legitimaban el conocimiento y la organización social (Lyotard, 1979). Este legado es ambivalente. Si bien nos ha vacunado contra la ingenuidad de un positivismo absoluto y nos ha hecho permanentemente sospechosos de cualquier discurso que se pretenda universal y ahistórico, también nos ha sumido en un paisaje intelectual fragmentado, donde la especialización extrema y la desconfianza hacia cualquier proyecto sintético parecen ser la norma.

El presente artículo argumenta que esta fragmentación, aunque comprensible como reacción histórica, ha alcanzado un punto de rendimiento decreciente. Amenaza con convertir a la filosofía en un archipiélago de jergas ininteligibles entre sí y, lo que es más grave, irrelevante para los desafíos existenciales, éticos y políticos de nuestra era. A continuación, se procederá a un diagnóstico crítico de las tendencias dominantes para, finalmente, proponer una serie de recomendaciones orientadas a una praxis filosófica—tanto en la academia como en su divulgación—que sea a la vez crítica, rigurosa e integradora.

1. Diagnóstico de la Fragmentación: Tres Ejes Problemáticos

1.1. La Hiper-especialización y el Solipsismo Disciplinario

La profesionalización de la filosofía en la academia ha conducido a una especialización cada vez más estrecha. Hoy, un experto en la metafísica modal de David Lewis puede tener serias dificultades para dialogar con un especialista en la biopolítica de Agamben. Cada sub-campo ha desarrollado su propio canon, su terminología específica y sus propios criterios de validación, operando en un aislamiento que Foucault (1970) habría descrito como «formaciones discursivas» cerradas.

El problema no es la especialización en sí, que es necesaria para la profundización del conocimiento, sino el solipsismo que genera. Se ha perdido la visión sinóptica, la capacidad de conectar los avances en, por ejemplo, la filosofía de la mente con las discusiones sobre la justicia social, o las reflexiones de la epistemología con la crisis medioambiental. El pensamiento se vuelve «rizomático» en el sentido de Deleuze y Guattari (1980), pero sin los puntos de conexión y las líneas de fuga que los propios autores postulaban; en su lugar, tenemos rizomas[2] que no se tocan, monólogos eruditos que no convergen en un diálogo polifónico.

1.2. La Estetización del Nihilismo y la Renuncia a la Verdad

La crítica postmoderna a la «verdad» como correspondencia objetiva con la realidad fue epistemológicamente necesaria. Sin embargo, en sus vertientes más radicales, ha derivado en un relativismo sofisticado que a menudo se presenta bajo una pátina de nihilismo estetizado. La idea de que solo existen «interpretaciones», «juegos de lenguaje» o «narrativas» en competencia, sin un horizonte normativo o un ideal regulativo de verdad (incluso si este es asintótico e inalcanzable), priva a la filosofía de su función crítica fundamental.

Si todo discurso es reducible a una estrategia de poder, como una lectura simplista de Foucault podría sugerir, entonces la distinción entre un argumento razonado y la propaganda se vuelve borrosa. Si el objetivo de la deconstrucción es simplemente mostrar la «indecidibilidad» del texto, como una vulgarización del pensamiento de Derrida podría implicar el riesgo de caer en una parálisis analítica. Esta tendencia puede llevar a una actitud de ironía distanciada o de juego intelectual que evita el compromiso con la pregunta por el «buen vivir» o la «sociedad justa», reemplazándola por una estética de la transgresión por la transgresión misma.

1.3. La Brecha entre la Torre de Marfil y la Plaza Pública

Consecuencia directa de los dos puntos anteriores es la creciente irrelevancia de una gran parte de la producción filosófica académica para el debate público. Mientras la sociedad global enfrenta crisis de una complejidad sin precedentes —cambio climático, desinformación masiva, desigualdades estructurales, dilemas bioéticos—, una porción significativa del discurso filosófico se ha refugiado en debates meta-físicos ultra-especializados o en exégesis textuales que raramente trascienden los muros de la universidad.

Este repliegue hacia la auto-referencialidad no es un mero accidente ni una simple elección intelectual; responde también a las lógicas de producción del conocimiento en la academia contemporánea. El sistema de incentivos, dominado por el «publica o perece», premia la producción rápida de artículos dirigidos a un nicho de especialistas, ya que son estos pares quienes evalúan y validan el trabajo. La alta divulgación, la escritura de ensayos de largo aliento para un público amplio o la intervención en debates públicos son actividades que a menudo se consideran secundarias, «poco serias» o incluso perjudiciales para una carrera académica «exitosa». A esta presión estructural se suma una suerte de «ansiedad epistémica» post-deconstructiva: el temor a ser acusado de ingenuidad, de universalismo o de simplificación si se osa formular una tesis normativa clara y directa. El resultado es un círculo vicioso: la academia incentiva un discurso hermético y auto-contenido, y este discurso, a su vez, reafirma la percepción pública de que la filosofía es un ejercicio inútil y elitista, desconectado de las preocupaciones vitales de la comunidad.

El lenguaje deliberadamente oscuro, que confunde complejidad con profundidad, actúa como una barrera de entrada. Filósofos como Byung-Chul Han o Slavoj Žižek han alcanzado notoriedad precisamente por su intento (con mayor o menor éxito) de conectar la alta teoría con fenómenos de la cultura popular y la política cotidiana; sin embargo, representan más una excepción que la regla. La norma es una filosofía que ha renunciado a su vocación socrática de interpelar a la polis, de ser un «tábano» para la conciencia colectiva.

2. Propuesta: Hacia una Praxis Filosófica Integradora

Frente a este diagnóstico, no se propone un retorno nostálgico a los grandes sistemas metafísicos del pasado, sino la adopción de una «praxis filosófica integradora» que asuma el legado crítico contemporáneo pero lo reoriente hacia un fin constructivo. Esta praxis se articula en tres recomendaciones fundamentales para la enseñanza y la divulgación en distintos contextos filosóficos:

2.1. Fomentar una Epistemología de la Complejidad y la Transdisciplinariedad

La enseñanza de la filosofía debe superar activamente la fragmentación. Esto implica diseñar currículos que no solo presenten las distintas escuelas y autores, sino que enfaticen los «puentes» conceptuales entre ellos. Se debe enseñar a los estudiantes a pensar transdisciplinariamente, poniendo a dialogar la filosofía política con la economía, la ética con la biotecnología, y la epistemología con las ciencias cognitivas.

Esto requiere que el docente-filósofo sea, ante todo, un «traductor» y un «conector», alguien capaz de mostrar cómo las preguntas de Platón sobre la justicia resuenan en los debates actuales sobre el algoritmo y el sesgo, o cómo la fenomenología de Merleau-Ponty puede iluminar nuestra comprensión de la realidad virtual. Se trata de cultivar una epistemología que acepte la incertidumbre y la complejidad, pero que no renuncie a la búsqueda de una comprensión holística[3].

2.2. Implementar una Pedagogía Histórico-Crítica

Para contrarrestar el presentismo y el relativismo, es crucial adoptar un enfoque histórico-crítico, el pensamiento contemporáneo no surgió ex nihilo. Enseñar a Deleuze sin Spinoza, a Butler sin Hegel, o a Foucault sin Nietzsche y Kant, es ofrecer una caricatura de sus ideas. Cada concepto contemporáneo es una respuesta, una continuación o una ruptura con una larga conversación histórica.

Una pedagogía histórico-crítica sitúa las ideas en su contexto genético, permitiendo al estudiante comprender por qué surgieron y qué problemas intentaban resolver. Esto cumple una doble función: por un lado, desmitifica a los pensadores contemporáneos, mostrándolos como interlocutores de una tradición; por otro, dota al estudiante de las herramientas para evaluar críticamente su pertinencia y sus limitaciones en el presente, en lugar de aceptarlos como la última e insuperable palabra de la filosofía.

2.3. Renovar el Compromiso con la Claridad y la Divulgación Rigurosa

Finalmente, la comunidad filosófica debe asumir una responsabilidad ineludible: la claridad. Como sentenció Wittgenstein, «todo lo que puede ser dicho, puede ser dicho con claridad». La complejidad de una idea no es excusa para la ofuscación de su expresión y la enseñanza debe penalizar el uso de jerga innecesaria y premiar la capacidad de expresar argumentos profundos de manera precisa y accesible.

Asimismo, se debe incentivar y validar académicamente la alta divulgación. Escribir para un público culto pero no especializado no es una actividad menor, sino una de las tareas más difíciles y necesarias para el filósofo. Revistas, blogs, podcasts y conferencias públicas deben ser vistos como extensiones legítimas y valiosas de la labor filosófica. Esta tarea de «traducción» al dominio público no solo enriquece el debate social, sino que obliga al propio filósofo a destilar su pensamiento hasta su núcleo más esencial, en un saludable ejercicio de auto-clarificación.

A Modo de Conclusión: De la Crítica a la Praxis Constructiva. Lineamientos para una Filosofía del Siglo XXI

El diagnóstico presentado no es una invitación a la melancolía intelectual ni un llamado reaccionario para restaurar los sistemas filosóficos de antaño. Por el contrario, es una exhortación a movilizar el potente arsenal crítico heredado del pensamiento contemporáneo hacia una fase constructiva. La fragmentación, el solipsismo y la ofuscación no son destinos ineludibles, sino tendencias que pueden y deben ser contrarrestadas mediante una acción deliberada y coordinada en la enseñanza y la divulgación. Para ello, los tres pilares de la «praxis filosófica integradora» deben traducirse en lineamientos de acción concretos.

Operacionalizar la Transdisciplinariedad: La epistemología de la complejidad no puede ser un mero eslogan. En la práctica docente, esto significa ir más allá de los cursos de «Filosofía de la Ciencia» o «Filosofía Política» para diseñar seminarios y proyectos de investigación que aborden problemas en lugar de disciplinas. Por ejemplo, un curso sobre la «Crisis Climática» debería poner en diálogo a teóricos de la justicia como Rawls, pensadores del riesgo como Ulrich Beck, expertos en biopolítica como Foucault y científicos de datos que trabajan en modelización climática. El filósofo del siglo XXI debe actuar como un arquitecto de puentes conceptuales, capacitando a los estudiantes para crear una caja de herramientas cognitivas que les permita analizar un problema desde múltiples vértices. La meta es formar no solo exégetas de textos, sino pensadores capaces de intervenir en conversaciones complejas, aportando rigor conceptual donde a menudo solo hay ruido ideológico.

Revitalizar la Historia como Laboratorio del Presente: La pedagogía histórico-crítica debe concebir la tradición filosófica no como un museo de ideas muertas, sino como un laboratorio activo. Cada concepto—desde la sustancia aristotélica hasta el rizoma de Deleuze y Guattari—fue una herramienta forjada para resolver un problema específico. La labor del docente-divulgador es enseñar a «desmontar» estas herramientas para entender su mecanismo interno, evaluar su contexto de origen y, crucialmente, testear su utilidad para los problemas actuales. Este enfoque evita dos peligros: la veneración acrítica del pasado y el desdén ignorante del presente. Se trata de entablar un diálogo socrático con la tradición, preguntando constantemente: ¿Qué problema intentaba resolver Platón con su Teoría de las Ideas y cómo se relaciona ese problema con nuestra lucha contemporánea contra la post-verdad? ¿Sirven las categorías kantianas para pensar la ética de la inteligencia artificial? Tratar a los pensadores contemporáneos como gurús ahistóricos es tan empobrecedor como tratar a los clásicos como reliquias intocables.

Institucionalizar la Claridad y el Compromiso Cívico: La claridad conceptual y la vocación pública no pueden depender únicamente de la buena voluntad individual; deben ser incentivadas institucionalmente. Las universidades y centros de investigación deben empezar a valorar la alta divulgación—artículos en revistas de pensamiento, ensayos accesibles, podcasts de calidad, conferencias públicas—con el mismo rigor que se valora un artículo en una revista peer-reviewed de circulación limitada. La «responsabilidad cívica del intelecto» implica un compromiso activo por traducir la complejidad sin traicionarla. Esto exige combatir la noción perniciosa de que la escritura deliberadamente oscura es un signo de profundidad intelectual. Por el contrario, como lo demuestran pensadores de la talla de Bertrand Russell o Hannah Arendt, la máxima profundidad se alcanza cuando una idea compleja es destilada hasta su esencia más clara y potente. La filosofía debe recuperar su lugar en la plaza pública, no como un oráculo que dicta verdades, sino como un catalizador del pensamiento crítico, un interlocutor indispensable en el diálogo democrático que define a una sociedad abierta y reflexiva.

La encrucijada del pensamiento contemporáneo nos obliga a tomar una decisión. Podemos seguir por la senda de la fragmentación, convirtiendo la filosofía en un juego de especialistas cada vez más irrelevante, o podemos usar el poder de la crítica para reconstruir una práctica filosófica que sea, a la vez, autoconsciente de sus límites y audaz en su ambición de comprender y mejorar el mundo. La segunda vía es, sin duda, la más exigente, pero es la única que honra la promesa fundamental de la filosofía.

REFERENCIAS

AFA (American Philosophical Association). (s.f.). What is Public Philosophy? Public Philosophy at the APA. Recuperado el 30 de agosto de 2025, de https://www.apaonline.org/page/publicphilosophy

Deleuze, G., & Guattari, F. (1987). A Thousand Plateaus: Capitalism and Schizophrenia (B. Massumi, Trad.). University of Minnesota Press. (El análisis de este concepto es ampliamente accesible y explicado en recursos académicos como la Stanford Encyclopedia of Philosophy).

Derrida, J. (1997). Of Grammatology (G. C. Spivak, Trad.). Johns Hopkins University Press. (Una versión digital de la obra original en francés, De la grammatologie, está a menudo disponible en repositorios como Archive.org: https://archive.org/details/ofgrammatology1976derr/page/n5/mode/2up).

Foucault, M. (2002). The Archaeology of Knowledge (A. M. Sheridan Smith, Trad.). Routledge. (Recurso explicativo disponible en la Stanford Encyclopedia of Philosophy: Kelly, M. (2021). Michel Foucault. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophyhttps://plato.stanford.edu/archives/spr2021/entries/foucault/)

Lyotard, J.-F. (1984). The Postmodern Condition: A Report on Knowledge (G. Bennington & B. Massumi, Trad.). University of Minnesota Press. (Una versión del texto original en francés, La condition postmoderne: Rapport sur le savoir, está disponible en múltiples repositorios universitarios y en Archive.or)

Weinberg, J. M. (2017, 18 de julio). Does “Public Philosophy” Need To Be More Interesting? Daily Nous. https://www.academia.edu/13924244/The_Value_of_Public_Philosophy_to_Philosophers


[1] El «giro lingüístico» (Linguistic Turn) es un término que describe el cambio de enfoque en la filosofía y las humanidades del siglo XX, que pasa a considerar el lenguaje no como un mero vehículo transparente para el pensamiento, sino como la estructura que prefigura y limita el propio pensamiento y la realidad que podemos conocer.

[2] El concepto de «rizoma», acuñado por Gilles Deleuze y Félix Guattari, se opone a la estructura jerárquica del «árbol» (típica del pensamiento occidental tradicional). Un rizoma es un sistema acentrado, no jerárquico, que se conecta de cualquier punto a cualquier otro. Mi crítica apunta a que, en la práctica académica, se han formado «rizomas aislados» que no logran establecer esas conexiones transversales.

[3] Una «comprensión holística» no se refiere aquí a una teoría totalizadora o a una «teoría del todo», sino a la capacidad de integrar conocimientos de diversas áreas para abordar un problema complejo, reconociendo que el todo es más que la suma de sus partes y que las interconexiones son tan importantes como los componentes individuales.

LA APLICACIÓN DE LA ÉTICA EN EL SIGLO XXI: HACIA UNA TECNOLOGÍA CON PROPÓSITO INTEGRAL

Santos E. Moreta Reyes 

Profesor asociado de Ética en el Instituto Tecnológico

de Las Américas, ITLA, RD 

smoreta@itla.edu.do

Resumen

La vertiginosa evolución tecnológica del siglo XXI, impulsada por la inteligencia artificial (IA), la biotecnología y la neurotecnología, plantea desafíos éticos sin precedentes que generan una deuda ética creciente. Ante ello, este artículo argumenta la necesidad de una transición paradigmática: de un enfoque reactivo y funcionalista de la tecnología, a un enfoque proactivo y teleológico[1], que sitúe los valores humanos en el núcleo del diseño y desarrollo; apoyándose en un marco teórico que integra la ética de la responsabilidad de Hans Jonas, el constructivismo tecnológico de Langdon Winner y el enfoque del Diseño Sensible a los Valores (VSD). Se analiza cómo implementar una tecnología con propósito y se proponen recomendaciones específicas para legisladores, empresas, educadores y la sociedad civil, con el fin de fomentar un ecosistema de innovación que no sólo mitigue riesgos, sino que promueva activamente el florecimiento humano y la justicia social. Se sostiene, que la integración de principios como la equidad, la transparencia y la rendición de cuentas no es una opción, sino un prerrequisito para la legitimidad, la aceptación social y la sostenibilidad a largo plazo de la innovación tecnológica.

Palabras Clave: Ética de la tecnología, propósito integral, Hans Jonas, Value Sensitive Design, innovación responsable, ética de la IA, gobernanza tecnológica, constructivismo tecnológico.

Abstract: The vertiginous technological evolution of the 21st century, driven by artificial intelligence (AI), biotechnology, and neurotechnology, poses unprecedented ethical challenges, giving rise to a growing «ethical debt». This article argues for a paradigm shift: from a reactive and functionalist approach to technology, to a proactive and teleological one that places human values at the core of design and development. Drawing on a theoretical framework that integrates Hans Jonas’s ethics of responsibility, Langdon Winner’s technological constructivism, and the Value-Sensitive Design (VSD) approach, it analyzes how to implement «technology with purpose». Specific recommendations are proposed for legislators, companies, educators, and civil society to foster an innovation ecosystem that not only mitigates risks but actively promotes human flourishing and social justice. We contend that the integration of principles such as equity, transparency, and accountability is not an option, but a prerequisite for the legitimacy, social acceptance, and long-term sustainability of technological innovation.

Keywords: Technology Ethics, integral purpose, Hans Jonas, Value Sensitive Design, responsible innovation, AI ethics, technology governance, technological constructivism.

1. Introducción: La Deuda Ética en la Era de la Aceleración Tecnológica

Vivimos una coyuntura histórica definida por una aceleración tecnológica sin parangón, la Cuarta Revolución Industrial, más que una simple sucesión de avances, representa una reconfiguración fundamental de lo que significa ser humano, fusionando las esferas física, digital y biológica de maneras que antes pertenecían a la ciencia ficción (Schwab, 2017). Sin embargo, esta era de progreso exponencial ha generado una peligrosa deuda ética: un desfase creciente entre el poder de nuestras herramientas y nuestra sabiduría para manejarlas. Cada avance en inteligencia artificial, edición genética o neurotecnología que se despliega sin una reflexión ética profunda, acumula un pasivo de consecuencias no deseadas que recaerán sobre las generaciones futuras.

La tecnología no es, como a menudo se asume en un paradigma tecnosolucionista, un vector neutral de progreso, como argumentó Langdon Winner (1980) en su influyente trabajo, los artefactos tecnológicos tienen políticas intrínsecas; sus diseños y arquitecturas promueven ciertas formas de poder y de vida social mientras inhiben otras. Un algoritmo de reconocimiento facial puede perpetuar sesgos raciales, una red social puede estar diseñada para fomentar la polarización y el tiempo de permanencia a costa de la salud mental, y una plataforma de economía colaborativa puede precarizar el trabajo bajo un velo de modernidad.

Este artículo rechaza frontalmente la noción de la ética como un añadido, un simple módulo de cumplimiento o un ejercicio de relaciones públicas. Por el contrario, se propone un giro teleológico en la concepción de la tecnología. No basta con preguntar ¿qué podemos hacer con la tecnología?; la pregunta fundamental debe ser ¿para qué propósito la creamos? Esto implica transitar desde una ética puramente deontológica (basada en reglas) o consecuencialista (basada en resultados) hacia una que integre una ética de la virtud y la responsabilidad, centrada en el propósito o telos de la innovación. El objetivo es claro: construir una tecnología con propósito integral, donde los valores humanos no sean una restricción, sino la principal fuente de inspiración y la métrica definitiva del éxito.

2. Marco Teórico para una Tecnología con Propósito

Para construir este nuevo paradigma, es necesario anclarlo en un marco teórico robusto que proporcione las herramientas conceptuales para el análisis y la acción.

2.1. El Imperativo de la Responsabilidad de Hans Jonas

Ante el poder sin precedentes de la tecnología moderna, especialmente en campos como la biotecnología, las éticas tradicionales resultan insuficientes. Hans Jonas (1984), en su obra magna El principio de responsabilidad, argumenta que la escala de nuestras acciones tecnológicas exige una nueva ética, proponiendo un «imperativo categórico» reformulado para la era tecnológica: «Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra».

Este principio introduce dos conceptos clave para nuestro análisis:

  1. La heurística del miedo[2]: Jonas nos insta a prestar más atención a los pronósticos negativos que a los positivos. Ante la incertidumbre de los efectos a largo plazo de tecnologías como la IA general o la edición de la línea germinal, es la previsión del daño potencial la que debe guiar nuestra acción, promoviendo un principio de precaución robusto.
  2. La responsabilidad hacia el futuro: Nuestra obligación ética se extiende a las generaciones futuras y a la biosfera en su totalidad. Esto obliga a los innovadores a considerar el impacto a largo plazo de sus creaciones, mucho más allá de las métricas de beneficios trimestrales.

2.2. El Constructivismo Tecnológico: «Los Artefactos Tienen Política»

Para superar la falacia de la neutralidad tecnológica, nos apoyamos en la tesis de Langdon Winner (1980), quien demostró que las tecnologías son formas de orden social. Los diseños tecnológicos no son meras herramientas; son elecciones que configuran las relaciones de poder. Por ejemplo, la arquitectura de un sistema de software puede centralizar o descentralizar el control, sus algoritmos pueden promover la equidad o exacerbar la discriminación.

Este enfoque nos obliga a realizar un «análisis político» de la tecnología, preguntando: ¿Quién se beneficia de este diseño? ¿Qué grupos son sistemáticamente desfavorecidos? ¿Qué tipo de mundo y de ser humano presupone y fomenta esta tecnología? Esta perspectiva es fundamental para desmantelar la idea de que los sesgos en la IA son meros «errores» técnicos, y reconocerlos como el resultado de decisiones de diseño y estructuras sociales incrustadas en el código.

2.3. El Diseño Sensible a los Valores (Value Sensitive Design – VSD)

Como puente entre la teoría abstracta y la práctica del diseño, adoptamos el marco del Diseño Sensible a los Valores (VSD). El VSD es una metodología tripartita que busca integrar los valores humanos de manera sistemática en el proceso de diseño tecnológico desde el principio (Friedman & Hendry, 2019). Sus tres fases son:

  1. Investigación Conceptual: Se identifican los valores humanos fundamentales implicados en el proyecto (p. ej., privacidad, autonomía, confianza, justicia) y se analiza a los stakeholders directos e indirectos.
  2. Investigación Empírica: Se investiga cómo los stakeholders comprenden y priorizan esos valores en el contexto de la tecnología en cuestión, utilizando métodos cualitativos y cuantitativos.
  3. Investigación Técnica: Se exploran y diseñan los mecanismos tecnológicos que encarnan los valores identificados. Por ejemplo, si la «privacidad» es un valor clave, se podrían implementar arquitecturas de «privacidad por diseño» como la federación de datos o la encriptación homomórfica.

El VSD proporciona una metodología rigurosa para traducir los imperativos éticos de Jonas y las críticas de Winner en decisiones de ingeniería concretas, haciendo que la «ética por diseño» sea una realidad tangible y no solo un eslogan.

3. Recomendaciones Específicas para un Ecosistema de Innovación Responsable

Basados en el marco teórico expuesto, proponemos las siguientes recomendaciones para los actores clave del ecosistema tecnológico:

Para Desarrolladores y Empresas Tecnológicas:

  • Adoptar el VSD como estándar: Integrar la metodología de Diseño Sensible a los Valores en los ciclos de vida del desarrollo de productos, desde la ideación hasta el despliegue y mantenimiento.
  • Crear «Comités de Ética» vinculantes: Establecer comités de ética multidisciplinarios (con filósofos, sociólogos, abogados y representantes de la sociedad civil) con poder real para auditar y, si es necesario, vetar proyectos que contravengan los principios éticos de la organización.
  • Fomentar la transparencia algorítmica: Desarrollar y publicar «fichas técnicas de modelos» (Model Cards) o «hojas de datos para conjuntos de datos» (Datasheets for Datasets) que documenten el rendimiento, las limitaciones y los sesgos potenciales de los sistemas de IA (Gebru et al., 2021).

Para Legisladores y Organismos Reguladores:

  • Desarrollar una «Gobernanza Adaptativa»: Crear marcos regulatorios ágiles que no se centren en prohibir tecnologías específicas, sino en regular sus aplicaciones de alto riesgo. La Ley de Inteligencia Artificial de la UE es un paso en esta dirección (Comisión Europea, 2021).
  • Incentivar la «Ética por Diseño»: Ofrecer incentivos fiscales o ventajas en la contratación pública a las empresas que puedan demostrar de forma verificable la implementación de marcos éticos robustos en sus procesos de diseño.
  • Establecer regímenes de responsabilidad claros: Legislar para que la responsabilidad por los daños causados por sistemas autónomos pueda atribuirse claramente a los desarrolladores, implementadores o propietarios, evitando vacíos legales.

Para Instituciones Académicas y Educativas:

  • Reformar los planes de estudio de STEM: Integrar módulos obligatorios de ética, filosofía de la tecnología y estudios de ciencia y tecnología (CTS) en los grados de Ingeniería, Informática y Ciencia de Datos.
  • Promover la investigación interdisciplinaria: Fomentar la creación de centros de investigación que unan a tecnólogos con humanistas y científicos sociales para abordar conjuntamente los desafíos éticos de las nuevas tecnologías.

4. Conclusiones: Hacia una Tecnología que nos Haga más Humanos

Hemos argumentado que la trayectoria actual de la innovación tecnológica, si no se redirige, amenaza con profundizar una peligrosa deuda ética. La solución no reside en frenar el progreso, sino en dotarlo de un propósito integral y humano. Para ello, hemos propuesto un marco teórico robusto que, partiendo del imperativo de responsabilidad de Hans Jonas, reconoce que los artefactos tienen política (Winner) y nos dota de una metodología práctica como el Diseño Sensible a los Valores (VSD) para actuar en consecuencia.

La transición de una tecnología funcionalista a una con propósito teleológico no es un mero ajuste técnico; es un cambio cultural profundo. Requiere que los ingenieros se vean a sí mismos como constructores de mundos sociales, que las empresas midan su éxito no solo en términos de beneficios económicos sino de impacto humano, y que los ciudadanos pasen de ser consumidores pasivos a participantes activos en la configuración de su futuro tecnológico.

Las recomendaciones específicas que hemos delineado ofrecen una hoja de ruta para comenzar este viaje. La tarea es monumental, pero la alternativa —una tecnología sin rumbo ético, que nos aliene de nosotros mismos y de los demás— es sencillamente inaceptable. El objetivo final debe ser la creación de una tecnología que no solo resuelva problemas, sino que nos ayude a florecer, que amplíe nuestras capacidades para la empatía, la creatividad y la justicia. Una tecnología que, en última instancia, nos haga más y no menos humanos.

Referencias Bibliográficas

Comisión Europea. (2021). Proposal for a Regulation laying down harmonised rules on artificial intelligence (Artificial Intelligence Act). Brussels: European Commission. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?uri=CELEX:52021PC0206

Friedman, B., & Hendry, D. G. (2019). Value Sensitive Design: Shaping Technology with Moral Imagination. The MIT Press. https://mitpress.mit.edu/9780262039536/value-sensitive-design/

Gebru, T., Morgenstern, J., Vecchione, B., Vaughan, J. W., Wallach, H., Daumé III, H., & Crawford, K. (2021). Datasheets for datasets. Communications of the ACM, 64(12), 86-92. https://dl.acm.org/doi/10.1145/3458723

Jonas, H. (1984). The Imperative of Responsibility: In Search of an Ethics for the Technological Age. University of Chicago Press. (Título original: Das Prinzip Verantwortung, 1979). https://archive.org/details/imperativeofresp0000jona/page/n5/mode/2up

Schwab, K. (2017). The Fourth Industrial Revolution. Crown Business. https://www.weforum.org/about/the-fourth-industrial-revolution-by-klaus-schwab/

Winner, L. (1980). Do Artifacts Have Politics? Daedalus, 109(1), 121–136. https://www.jstor.org/stable/20024652


[1] Teleológico: Del griego telos, que significa «fin», «propósito» o «meta». Un enfoque teleológico evalúa las acciones y los sistemas en función del fin o propósito que persiguen. En este contexto, se opone a un enfoque puramente funcionalista que solo se pregunta si la tecnología «funciona» técnicamente.

[2] Heurística del miedo: Concepto acuñado por Hans Jonas que propone dar prioridad a las predicciones de amenaza sobre las de promesa al considerar tecnologías con consecuencias potencialmente vastas e irreversibles. No es un llamado a la parálisis, sino un principio de prudencia y responsabilidad ante lo desconocido.

HERRAMIENTAS PARA EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO EN LA ERA DIGITAL: DESDE UN ENFOQUE METODOLÓGICO Y FILOSÓFICO

Santos E. Moreta Reyes 

Profesor asociado de Ética en el Instituto Tecnológico

de Las Américas, ITLA, RD 

smoreta@itla.edu.do

RESUMEN

El presente artículo analiza los desafíos epistemológicos que la era digital impone al desarrollo del pensamiento crítico y, al mismo tiempo, propone un marco de herramientas conceptuales y metodológicas para su ejecución. En un ecosistema informativo caracterizado por la sobreabundancia, la polarización afectiva, los sistemas algorítmicos y la proliferación de la desinformación, las concepciones tradicionales del pensamiento crítico resultan insuficientes. Se argumenta que la competencia crítica en el siglo XXI debe trascender el mero análisis lógico para incorporar una alfabetización algorítmica, una robusta metacognición sobre los propios sesgos cognitivos y una epistemología práctica de las fuentes digitales. A partir de una revisión de la literatura filosófica y de las ciencias cognitivas, se postula un conjunto de cinco herramientas interconectadas: el escepticismo metodológico digital, la alfabetización algorítmica, la metacognición y humildad intelectual, la epistemología de las fuentes y la hermenéutica de la intención. Se concluye que la implementación de este marco no sólo es una necesidad pedagógica, sino un imperativo cívico para la preservación de una esfera pública democrática y racional.

Palabras clave: pensamiento crítico, era digital, desinformación, alfabetización mediática, sesgos cognitivos, epistemología, pedagogía.

ABSTRACT

This article analyzes the epistemological challenges that the digital era imposes on the development of critical thinking and, at the same time, proposes a framework of conceptual and methodological tools for its implementation. In an information ecosystem characterized by overabundance, affective polarization, algorithmic systems, and the proliferation of disinformation, traditional conceptions of critical thinking prove insufficient. It is argued that critical competence in the 21st century must transcend mere logical analysis to incorporate algorithmic literacy, robust metacognition of one’s own cognitive biases, and a practical epistemology of digital sources. Based on a review of literature from philosophy and the cognitive sciences, a set of five interconnected tools is postulated: digital methodological skepticism, algorithmic literacy, metacognition and intellectual humility, epistemology of sources, and a hermeneutics of intention. The article concludes that the implementation of this framework is not only a pedagogical necessity but also a civic imperative for the preservation of a democratic and rational public sphere.

Keywords: critical thinking, digital era, disinformation, media literacy, cognitive biases, epistemology, pedagogy.

INTRODUCCIÓN

La era digital representa una paradoja fundamental para el intelecto humano. Por un lado, ha democratizado el acceso a un volumen de información sin precedentes en la historia; por otro, ha generado un ecosistema mediático donde la desinformación, la posverdad y la manipulación algorítmica prosperan, erosionando las bases de la confianza epistémica y el debate racional (McIntyre, 2018). En este contexto, el pensamiento crítco, definido clásicamente como la capacidad de analizar información de manera objetiva para formar un juicio (Facione, 1990), enfrenta desafíos de una naturaleza y escalas inéditas. La velocidad y el volumen del flujo informativo, sumados a la arquitectura persuasiva de las plataformas digitales, potenciadas con la Inteligencia artificial, exigen una reconceptualización y un fortalecimiento urgente de las herramientas con las que individuos y sociedades evalúan la realidad.

Este artículo, se propone articular un marco teórico y práctico de herramientas para el desarrollo del pensamiento crítico, adaptado a las especificidades del entorno digital. Lejos de ser un simple listado de técnicas de verificación, el modelo aquí propuesto se fundamenta en principios filosóficos y hallazgos de las ciencias cognitivas, postulando que el pensamiento crítico digital es una competencia multifacética que integra el análisis lógico con la autoconciencia (entendida aquí como la metacognición), la comprensión del medio (alfabetización algorítmica) y una sofisticada jerarquización de la evidencia (epistemología práctica).

MARCO TEÓRICO

Redefiniendo el Pensamiento Crítico en el Contexto Digital

Tradicionalmente, el pensamiento crítico se ha anclado en la tradición socrática del cuestionamiento, formalizado posteriormente por filósofos como John Dewey, quien lo describió como una «consideración activa, persistente y cuidadosa de cualquier creencia o supuesta forma de conocimiento a la luz de los fundamentos que la sostienen y las conclusiones a las que tiende» (Dewey, 1910, p. 6). Sin embargo, el entorno digital introduce variables que complican este proceso. La información ya no es un recurso escaso que se busca comprobadamente, sino un torrente que nos encuentra, a menudo preseleccionado por algoritmos diseñados no para la verdad, sino para el compromiso (Pariser, 2011).

Fenómenos como las «cámaras de eco» y las «burbujas de filtro» (Sunstein, 2017), limitan la exposición a perspectivas discordantes, mientras que nuestros propios sesgos cognitivos, como el sesgo de confirmación, son explotados y amplificados a escala masiva (Kahneman, 2011). Por tanto, un modelo robusto de pensamiento crítico digital debe ser, en esencia, un modelo de resiliencia cognitiva frente a un entorno diseñado para la persuasión y la simplificación.

Desafíos Epistemológicos de la Esfera Digital

Para construir herramientas efectivas, es imperativo diagnosticar con precisión los desafíos:

La Sobreabundancia Informativa y la Economía de la Atención: La atención humana es un recurso finito. La sobrecarga de información conduce a un procesamiento superficial y al uso de heurísticas (atajos mentales) que son propensas al error (Simon, 1971)[1] .

El Sesgo Algorítmico y la Opacidad de la Curación: Los algoritmos que personalizan nuestrosalimentade noticias y resultados de búsqueda operan como «cajas negras», dificultando que el usuario comprenda por qué se le presenta cierta información y no otra (Noble, 2018).

La crisis de la autoridad epistémica: El colapso de los «guardianes» tradicionales (periodismo de calidad, academia) y el ascenso de fuentes no verificadas (influencers, contenido generado por usuarios) crea un panorama informativo plano donde la evidencia y la opinión a menudo se presentan con igual validez.

La Viralidad de la Desinformación: La información falsa, especialmente aquella con una fuerte carga emocional, ha demostrado propagarse más rápido y más lejos que la información veraz en las redes sociales (Vosoughi, Roy, & Aral, 2018).

Herramientas para el Fomento del Pensamiento Crítico Digital

Frente a estos desafíos, se propone un andamiaje de cinco herramientas interdependientes:

1. Escepticismo Metodológico Digital[2]

No se trata de un cinismo paralizante, sino de una duda metódica y activa aplicada a cada pieza de información digital. Esta herramienta va más allá de la simple pregunta ¿es esto cierto? para preguntar ¿cuál es el mejor proceso para verificarlo?. Incluye prácticas concretas como la lectura lateral, popularizada por Wineburg y McGrew (2017), que consiste en abrir nuevas pestañas para investigar la fuente, el autor y sus afirmaciones en tiempo real, en lugar de analizar el contenido de forma aislada. Otras técnicas incluyen la búsqueda inversa de imágenes y la triangulación de datos a través de fuentes independientes y de alta reputación.

2. Alfabetización Algorítmica

Consiste en desarrollar una comprensión conceptual de que los flujos de información digital no son neutrales, sino el producto de sistemas automatizados con objetivos específicos (generalmente comerciales o de retención de la atención). Un pensador crítico digital debe ser consciente de que su entorno informativo está personalizado y, por tanto, inherentemente sesgado. Esta alfabetización promueve la búsqueda activa de perspectivas alternativas y el uso de herramientas que diversifiquen la exposición a la información, rompiendo proactivamente la burbuja de filtro.

3. Metacognición y Humildad Intelectual

Quizás la herramienta más fundamental, esta se centra en el propio sujeto pensante. Implica el conocimiento y la vigilancia activa de los propios sesgos cognitivos, especialmente el sesgo de confirmación[3], la tendencia a favorecer la información que confirma nuestras creencias preexistentes (Kahneman, 2011). La humildad intelectual, como corolario, es el reconocimiento de la propia falibilidad y la apertura a la corrección. En la práctica, esto se traduce en preguntarse: «¿Estoy buscando la verdad o la validación? ¿Qué evidencia podría refutar mi postura actual?».

4. Epistemología Práctica de las Fuentes

En un entorno de fuentes heterogéneas, es crucial desarrollar una jerarquía de la evidencia. El pensador crítico debe ser capaz de diferenciar el peso epistémico de un estudio revisado por pares, un informe de una agencia de noticias internacional, un artículo de opinión, una publicación de blog y un meme. Esto requiere una educación fundamental sobre los procesos de producción de conocimiento: el método científico, la revisión por pares, los estándares periodísticos, etc. La pregunta clave es: ¿Cómo sabe esta fuente y por qué le debería creer?

5. Hermenéutica de la Intención

Derivada de la tradición filosófica de la interpretación (hermenéutica), esta herramienta se enfoca en analizar el propósito subyacente de un contenido digital. ¿Fue creado para informar, persuadir, entretener, vender un producto o incitar al odio? Analizar el tono, el lenguaje, el cuadro (framing) y el modelo de financiación de la fuente (p. ej., publicidad, suscripciones, donaciones) permite desvelar la intención pragmática del mensaje, que a menudo condiciona su contenido y confiabilidad.

CONCLUSIÓN

El pensamiento crítico en el siglo XXI no puede seguir siendo concebido como una habilidad puramente analítica y descontextualizada. La era digital, exige la evolución del pensamiento crítico hacia una competencia holística que integre el rigor lógico con la autoconciencia, la comprensión tecnológica y una sofisticada inteligencia epistémica. El marco de cinco herramientas aquí propuesto: escepticismo metodológico, alfabetización algorítmica, metacognición, epistemología de las fuentes y hermenéutica de la intención, ofrece una hoja de ruta para educadores, ciudadanos y organizaciones que busquen cultivar una mente verdaderamente crítica, capaz no sólo de consumir información, sino de evaluarla con sabiduría y discernimiento. Fomentar estas capacidades no es un mero ejercicio académico; es una condición de posibilidad para la supervivencia de la deliberación democrática y la búsqueda colectiva de la verdad en un mundo digitalmente mediado.

REFERENCIAS

Dewey, J. (1910). How we think. D. C. Heath & Co. https://archive.org/details/howwethink00deweuoft

Facione, P. A. (1990). Critical thinking: A statement of expert consensus for purposes of educational assessment and instruction. Research findings and recommendations. The California Academic Press. https://files.eric.ed.gov/fulltext/ED315423.pdf

Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.

McIntyre, L. (2018). Post-truth. The MIT Press. https://mitpress.mit.edu/books/post-truth

Noble, S. U. (2018). Algorithms of oppression: How search engines reinforce racism. New York University Press. https://nyupress.org/9781479837243/algorithms-of-oppression/

Pariser, E. (2011). The filter bubble: What the Internet is hiding from you. Penguin UK. https://www.penguin.co.uk/books/184948/the-filter-bubble-by-eli-pariser/9780241954522

Simon, H. A. (1971). Designing organizations for an information-rich world. In M. Greenberger (Ed.), Computers, communications, and the public interest (pp. 37–72). The Johns Hopkins Press.

Sunstein, C. R. (2017). #Republic: Divided democracy in the age of social media. Princeton University Press. https://press.princeton.edu/books/paperback/9780691181129/republic

Vosoughi, S., Roy, D., & Aral, S. (2018). The spread of true and false news online. Science, 359(6380), 1146–1151. https://doi.org/10.1126/science.aap9559.

Wineburg, S., & McGrew, S. (2017). Lateral reading: Reading less and learning more when evaluating digital information (Stanford History Education Group Working Paper No. 2017-A1). https://ssrn.com/abstract=3048994.


[1]El concepto de «economía de la atención» de Herbert Simon postula que, en un mundo rico en información, la riqueza de información genera una pobreza de atención y la necesidad de asignar esa atención de manera eficiente entre la sobreabundancia de fuentes que la consumen.

[2] Es crucial distinguir este escepticismo metodológico, de raíz cartesiana, del escepticismo pirrónico. Mientras el primero utiliza la duda como un instrumento para alcanzar un conocimiento más seguro, el segundo suspende el juicio de forma radical, considerando que la certeza es inalcanzable. El escepticismo digital propuesto es una herramienta, no un fin en sí mismo.

[3] Es crucial distinguir este escepticismo metodológico, de raíz cartesiana, del escepticismo pirrónico. Mientras el primero utiliza la duda como un instrumento para alcanzar un conocimiento más seguro, el segundo suspende el juicio de forma radical, considerando que la certeza es inalcanzable. El escepticismo digital propuesto es una herramienta, no un fin en sí mismo.

LA FILOSOFÍA DEL ZAGUÁN

HACIA UNA ONTOLOGÍA LIMINAL Y UNA EPISTEMOLOGÍA DEL UMBRAL EN EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO CONTEMPORÁNEO

Santos E. Moreta Reyes 

Profesor asociado de Ética en el Instituto Tecnológico

de Las Américas, ITLA, RD 

smoreta@itla.edu.do

 Resumen

Este artículo postula la «Filosofía del Zaguán» como un marco conceptual para el pensamiento latinoamericano actual, proponiendo una superación dialéctica de las fases de denuncia, características de la Filosofía de la Liberación y los estudios decoloniales. Se argumenta que la condición ontológica latinoamericana puede ser definida como un «Ser-en-el-Zaguán», una forma de existencia constitutiva en el umbral liminal entre lo propio y lo ajeno. De esta ontología se deriva una inferencia epistemológica necesaria: el «Saber de Umbral». Este modo de conocimiento, analizado a través de sus principios que descansan en el mestizaje metodológico (sentipensar), la corporalidad situada y una hermenéutica de la hospitalidad crítica, se presenta como un paradigma riguroso y original para la producción de conocimiento desde y para la región; y, en diálogo con el mundo. El análisis se fundamenta en una relectura articulada de Rodolfo Kusch, Enrique Dussel, Walter Mignolo, Gloria Anzaldúa, Orlando Fals Borda y Édouard Glissant.

Palabras clave: Filosofía del Zaguán, epistemología del umbral, pensamiento fronterizo, ontología liminal, Rodolfo Kusch, Édouard Glissant, sentipensar, decolonialidad.

 Abstract

This essay posits the «Philosophy of the Zaguán» as a conceptual framework for contemporary Latin

American thought, proposing a dialectical overcoming of the denunciatory phases characteristic of

Liberation Philosophy and Decolonial Studies. It is argued that the Latin American ontological condition can be defined as a «Being-in-the-Zaguán,» a constitutive form of existence within the liminal threshold between the self and the other. From this ontology, a necessary epistemological inference is derived: the «Threshold Knowledge» (Saber de Umbral). This mode of knowing—analyzed through its principles of methodological mestizaje (sentipensar), situated corporeality, and a hermeneutics of critical hospitality— is presented as a rigorous and original paradigm for producing knowledge from and for the region, in dialogue with the world. The analysis is grounded in an articulated re-reading of

Rodolfo Kusch, Enrique Dussel, Walter Mignolo, Gloria Anzaldúa, Orlando Fals Borda, and Édouard Glissant.

Keywords: Philosophy of the Zaguán, threshold epistemology, border thinking, liminal ontology, Rodolfo Kusch, Édouard Glissant, sentipensar, decoloniality.

INTRODUCCIÓN

De la Herida Colonial a la Praxis de la Cicatriz

El vigor del pensamiento latinoamericano del siglo XX reside en su potente capacidad de diagnóstico y denuncia. La Filosofía de la Liberación nos enseñó, con Enrique Dussel, a pensar desde la exterioridad del Otro oprimido, invirtiendo el punto de partida de la filosofía occidental (Dussel, 1977). Los estudios decoloniales, con Aníbal Quijano y Walter Mignolo, desvelaron la persistencia de la «colonialidad del poder»1 y del saber, como estructuras que sobreviven al colonialismo formal, perpetuando una lógica eurocéntrica (Quijano, 2000). Esta tradición crítica, es el fundamento ineludible de cualquier filosofía actual; sin embargo, habiendo cartografiado la herida colonial con precisión, el desafío contemporáneo es transitar de una filosofía de la denuncia a una filosofía de la propuesta; es decir, pensar no ya desde la herida abierta, sino desde la praxis de la cicatriz: aquel lugar de memoria, de reconfiguración y de nueva fortaleza.

Este artículo propone un marco para esta transición: la Filosofía del Zaguán. El zaguán2, como espacio arquitectónico y metáfora ontológica, representa el umbral, que no es ni la intemperie de lo públicoglobal (la calle o patio) ni la clausura de lo privado-local (la casa). Es un entre-lugar de tránsito, negociación y encuentro poroso. Nuestra tesis es, que la condición existencial latinoamericana está fundada en un «Ser-en-el- Zaguán». De esta ontología liminal se deduce su correlato epistemológico: un «Saber de Umbral», que ofrece un método para generar conocimiento desde nuestra posición fronteriza.

¹ Colonialidad del poder: Concepto acuñado por el sociólogo peruano Aníbal Quijano. A diferencia del «colonialismo» (control político formal), la «colonialidad» se refiere a una estructura de poder que perdura y que opera a través de la clasificación racial de la población y del control del saber, del trabajo y de la autoridad, perpetuando la superioridad epistémica y cultural eurocéntrica.

² Zaguán: Palabra de origen árabe andalusí (istiwān). En la arquitectura colonial y poscolonial de muchos países de habla hispana, es el vestíbulo o pasillo de entrada que conecta la puerta de la calle con el patio interior de una casa. Funciona como un espacio de transición entre lo público y lo privado, siendo la metáfora central de este artículo.

Fundamento Ontológico

Del Estar de Kusch a la Poética de la Relación

Para fundamentar el «Ser-en-el-Zaguán», es preciso recurrir a la aguda distinción de Rodolfo Kusch entre el ser y el estar. Para Kusch, el ser es la categoría de la filosofía occidental: pulcra, definida, abstracta y ligada a un sujeto que domina el ente. En contraste, el estar es la categoría del pensamiento americano: un modo de ser situado, embarrado, dependiente del suelo y de las circunstancias. El estar es «un estar no más, un mero estar arrojado en el mundo» (Kusch, 1962, p. 74). El zaguán es la localización física y simbólica de este estar: un espacio que no ofrece la seguridad ontológica del ser (el «adentro» de la casa), pero que protege de la disolución en el no-ser (el «afuera» de la calle). Es una morada precaria, pero morada al fin.

Esta ontología del estar en el umbral se enriquece con el pensamiento de Édouard Glissant y su «Poética de la Relación». Glissant, rechaza tanto el universalismo abstracto (totalidad) como la afirmación de una esencia pura y enraizada (lo Uno). En su lugar, propone la Relación: un proceso de «criollización», donde las culturas y los seres entran en contacto y se transforman mutuamente de manera impredecible, sin una síntesis final hegeliana (Glissant, 1990). El zaguán es el escenario por excelencia de la Relación y no pretende ser un espacio de fusión que borra las diferencias, sino un campo de tensiones donde lo local y lo global, lo propio y lo ajeno, se afectan y reconfiguran sin cesar. El Ser-en-el-Zaguán es, por tanto, un Ser en relación, cuya identidad no es una esencia fija, sino el resultado dinámico de sus tránsitos y negociaciones.

La Inferencia Epistemológica: El Saber de Umbral

Si nuestra ontología es la de la liminalidad y la relación, nuestra epistemología no puede ser ni la del universalismo abstracto (la epistemología del punto cero que denuncia Santiago Castro-Gómez) ni la de un particularismo romántico. La consecuencia necesaria es una epistemología que asume la frontera como su lugar de enunciación. A esto lo llamamos Saber de Umbral, concepto que dialoga directamente con el «pensamiento fronterizo» (border thinking) de Walter Mignolo y la «conciencia mestiza» de Gloria Anzaldúa.

Mignolo, define el pensamiento fronterizo como una respuesta epistémica a la diferencia colonial, pensando desde la subalternidad para criticar y desvincularse de la hegemonía eurocéntrica (Mignolo, 2000). Anzaldúa, por su parte, describe la «conciencia de la frontera» como una forma de conciencia que surge del choque cultural y que aprende a «jongler» múltiples realidades, desarrollando una tolerancia a la contradicción y la ambigüedad (Anzaldúa, 1987). El Saber de Umbral se nutre de ambos: es la praxis del pensamiento fronterizo en el lugar específico del Zaguán, y es la manifestación metodológica de la conciencia mestiza. No es solo un pensamiento sobre la frontera, sino desde y en el umbral, con las herramientas que este provee.

Principios Metodológicos del Saber de Umbral

El Mestizaje Metodológico y el Sentipensar

El Saber de Umbral eleva el mestizaje de una constatación a un método. Implica la utilización consciente y crítica de herramientas teóricas de diversas procedencias, poniéndolas en diálogo con saberes subalternizados. Esta práctica encuentra su mejor expresión en el concepto de sentipensar[1], recuperado y teorizado por el sociólogo Orlando Fals Borda, aprendido de las comunidades campesinas de la costa colombiana. El sentipensar, alude a un modo de conocer que no escinde la razón del sentimiento, el cuerpo de la mente, el sujeto del objeto (Fals Borda, 1970). Es una ruptura limpia con el dualismo cartesiano, proponiendo un conocimiento encarnado y afectivo que es, a su vez, riguroso. Desde el zaguán, sentipensar significa analizar críticamente un texto de Foucault mientras se es consciente de cómo sus conceptos resuenan o disuenan con la memoria corporal de la dictadura o con la sabiduría de un refrán popular.

La Corporalidad Situada

Haciendo eco de los «conocimientos situados» de Donna Haraway (1988), el Saber de Umbral radicaliza esta posición desde una perspectiva decolonial. El cuerpo no es solo un punto de vista, sino el territorio primero y fundamental donde se inscribe la historia de la colonialidad y la resistencia. Es un cuerpo- archivo que ha aprendido a navegar la tensión del zaguán: ha sentido la violencia de la calle (el poder colonial, el mercado global) y ha buscado refugio en el interior (la comunidad, la familia). Por tanto, el conocimiento que produce es geográficamente y corporalmente denso. Es un saber que huele, que toca, que recuerda; un conocimiento cuya validación no depende únicamente de la coherencia, sino también de su pertinencia existencial y su capacidad para dar sentido a una experiencia corporal concreta.

Hermenéutica de la Hospitalidad Crítica

El pensador del umbral opera bajo una doble hermenéutica; por un lado, una hermenéutica de la sospecha, en la línea de Ricoeur, pero aplicada al campo decolonial. Se sospecha de las narrativas universalistas que emanan de la «calle», pero también de las idealizaciones esencialistas de un «adentro» puro e incontaminado. Por otro lado, esta sospecha se complementa con lo que denominamos una crítica de hospitalidad. Inspirada en la ética de la alteridad de Dussel, donde el punto de partida es la acogida del Otro, esta hospitalidad no es ingenua. Es una apertura que, consciente de las asimetrías de poder, interroga al visitante (sea este una teoría, una política pública o una persona). Es una práctica que busca un diálogo genuino, pero que se reserva el derecho de «traducir» y adaptar lo que recibe, en lugar de simplemente «adoptarlo». Es una ética de la acogida que no renuncia a la soberanía epistémica.


CONCLUSIÓN

La Praxis de Habitar el Umbral

La Filosofía del Zaguán no es una celebración de la hibridez posmoderna, ni una resignación a una condición periférica. Es una afirmación ontológica de nuestro lugar y una propuesta epistemológica sobre cómo pensar productivamente desde él. Nos libera de la disyuntiva paralizante entre la imitación del centro y la búsqueda de una autenticidad anacrónica.

La praxis de esta filosofía —la zaguanería— consiste en crear, fortalecer y habitar espacios de umbral en la academia, la política y el arte. De la misma manera, Implica cultivar una racionalidad capaz de sostener la contradicción, de traducir sin traicionar y de acoger sin ser asimilado. La tarea del pensamiento latinoamericano contemporáneo no es, entonces, forzar la puerta de la casa de la Filosofía Universal ni tapiar la entrada para protegernos en un localismo estéril. Nuestra tarea más urgente y original es amueblar el zaguán: convertir ese espacio de tránsito en una morada filosófica fecunda desde la cual pensar nuestro mundo y, desde ahí, el mundo entero.



Bibliografía 

Anzaldúa, G. (1987). Borderlands/La Frontera: The New Mestiza. Aunt Lute Books. Dussel,    E. (1977). Filosofía de la Liberación. Fondo de Cultura Económica.

Fals Borda, O. (1970). Ciencia propia y colonialismo intelectual. Carlos Valencia Editores. 

Glissant, É. (1990). Poétique de la relation. Gallimard.

Haraway, D. (1988). Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of

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               Kusch, R. (1962). América Profunda. Hachette.

Mignolo, W. D. (2000). Local Histories/Global Designs: Coloniality, Subaltern Knowledges, and Border Thinking. Princeton University Press.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas (pp. 201– 246). CLACSO.


[1] Sentipensar: Término popularizado por el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, quien a su vez lo aprendió de pescadores de la costa colombiana. Se refiere a una forma de conocimiento que no separa la razón («pensar») de la emoción y la percepción sensorial («sentir»), abogando por un enfoque más integral y humano en la investigación y la vida. Es un concepto central para las epistemologías del Sur.

El Arquitecto Silencioso del Éxito: Por qué la Inteligencia Emocional es la Metahabilidad Definitiva

Un ensayo sobre liderazgo, gestión de conflictos y crecimiento personal

En el vertiginoso ecosistema laboral del siglo XXI, nos enfrentamos a una curiosa paradoja: mientras nuestras herramientas tecnológicas nos conectan de manera instantánea a través de continentes, la fricción interpersonal, los malentendidos y los conflictos parecen más presentes que nunca. Durante décadas, el paradigma del éxito profesional se construyó sobre el anda- miaje de las habilidades técnicas o hard skills. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que la brillantez técnica abre puertas, pero raramente garantiza la capacidad de prosperar, influir y liderar una vez dentro. La verdadera moneda de cambio en el mundo moderno es una competencia más sutil, pero inmensamente más poderosa: la Inteligencia Emocional (IE).

Este ensayo se aleja de la concepción superficial de la IE como un simple manual de bue- nos modales. Propone, en cambio, que la Inteligencia Emocional es la metahabilidad funda- mental del ser humano: el sistema operativo que, una vez comprendido y optimizado, potencia y magnifica el efecto de todas nuestras demás competencias, desde las técnicas hasta las es- tratégicas. Analizaremos su anatomía, su aplicación directa en la gestión de conflictos y su rol como pilar del liderazgo auténtico y efectivo.

Redefiniendo la Inteligencia: Más Allá del Coeficiente Intelectual

Cuando el psicólogo y periodista científico Daniel Goleman popularizó el término en 1995, lo definió como “la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, así como de reconocer, comprender e influir en las emociones de los demás”. Esta definición marcó un punto de inflexión, desafiando la primacía del Coeficiente Intelectual (CI). Mientras el CI mide nuestra capacidad lógica y analítica y tiende a ser relativamente estable a lo largo de la vida, la Inteligencia Emocional es una habilidad plástica, dinámica y, lo más importante, desarrollable.

El CI puede conseguirte el trabajo, pero es la IE la que te permite navegar la política de la oficina, inspirar a tu equipo tras un fracaso y convertir una crítica tensa en una oportunidad de crecimiento. No es una cualidad innata reservada para unos pocos elegidos, sino un conjunto de músculos que todos podemos entrenar.

La Anatomía de la IE: Los Cinco Pilares del Dominio Personal y Social

El modelo de Goleman desglosa la IE en cinco competencias clave, organizadas en dos grandes áreas que funcionan en tándem: la aptitud personal (el dominio de uno mismo) y la aptitud social (el manejo de las relaciones).

El Dominio Interno (Aptitud Personal): La base de todo

 Autoconciencia: Es el pilar fundamental, el faro interior que nos permite saber qué    sentimos y por qué lo sentimos. Sin autoconciencia, somos barcos a la deriva en un océano de reacciones impulsivas.

 Autorregulación: Si la autoconciencia es el diagnóstico, la autorregulación es el      tratamiento. Es la habilidad para controlar o redirigir esos impulsos disruptivos, pensando antes de actuar.

 Motivación: Más allá del dinero o el estatus, es la pasión por el trabajo por el trabajo mismo. Es la resiliencia que nos impulsa a perseguir metas con energía y persistencia.

El Dominio Externo (Aptitud Social): La inteligencia interior  en acción

 Empatía: La capacidad de entender la perspectiva emocional de los demás, de «ponerse en sus zapatos». La empatía no es sentir lástima, sino comprender el marco de referencia del otro.

 Habilidades Sociales: Aquí es donde todo converge. Es la empatía en acción y la    competencia para persuadir, liderar, negociar, inspirar y, crucialmente, gestionar conflictos.

Del Caos a la Oportunidad: La IE como Herramienta de Gestión de Conflictos

El conflicto en el lugar de trabajo es inevitable. La meta no es eliminarlo, sino transformar- lo de una fuerza destructiva a una constructiva. Aquí es donde la Inteligencia Emocional se convierte en un instrumento de precisión para la Gestión de Conflictos.

Un líder emocionalmente inteligente aborda un conflicto no como una batalla, sino como un problema a resolver. Utiliza técnicas como el Modelo de Thomas-Kilmann no como una fórmula rígida, sino como una paleta de opciones estratégicas. La IE le da la flexibilidad para saber cuándo competir (en una emergencia), cuándo colaborar (en un problema complejo), cuándo ceder (si el tema no es importante) o cuándo evitar (para calmar los ánimos). Las Reglas de Oro» de la resolución de conflictos son, en esencia, Inteligencia Emocional aplicada: atacar el problema y no a la persona, usar un lenguaje respetuoso, escuchar para entender y buscar un objetivo común.

Conclusión: La Inversión Más Rentable

Hemos viajado desde la teoría de nuestras emociones hasta su aplicación en las trinche- ras de las relaciones profesionales. La conclusión es clara: la Inteligencia Emocional no es una «habilidad blanda», sino una capacidad nuclear que potencia el liderazgo, fortalece la colaboración y transforma las crisis en catalizadores de innovación.

Convertirse en una persona emocionalmente inteligente no es alcanzar un destino final, sino comprometerse con un viaje continuo de práctica y autoevaluación. Cada interacción y cada desafío es una oportunidad invaluable para entrenar estos músculos emocionales. La inversión en tu Inteligencia Emocional es la inversión más rentable que puedes hacer en tu carrera y, en última instancia, en tu bienestar y calidad de vida. El camino empieza ahora.

Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional: por qué puede ser más importante que el coeficiente intelectual.

Goleman, D., Boyatzis, R., y McKee, A. (2002). *Primordial Liderazgo Primordial: Descubrir el poder de la inteligencia emocional.

Salovey, P., y Mayer, JD (1990). En Imaginación, cognición y personalidad, 9(3),

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Thomas, KW (1976). Conflicto Manual de psicología industrial y organizacional (págs. 889-935).

LA ÚLTIMA FRONTERA DE LA FILOSOFÍA: HACIA UNA SÍNTESIS DE LA ÉTICA DEL FUTURO A LARGO PLAZO, EL RIESGO EXISTENCIAL Y LA ONTOLOGÍA POSTHUMANA

Resumen (Abstract)

La humanidad se encuentra en una encrucijada histórica, definida por una capacidad tecnológica sin precedentes y riesgos existenciales concurrentes. Esta coyuntura revela una laguna significativa en la tradición filosófica universal: la ausencia de un marco sistemático y robusto para la filosofía del futuro a largo plazo. Este artículo argumenta que la formulación de dicho marco constituye el imperativo ético y filosófico central de nuestra era. Para defender esta tesis, el análisis procede en cuatro etapas. Primero, se establecen los cimientos normativos del campo, sintetizando el «principio de responsabilidad» de Hans Jonas con la ética consecuencialista impersonal de Derek Parfit. Segundo, se examina el trabajo de Nick Bostrom sobre el riesgo existencial como la aplicación analítica de esta obligación ética, articulando la lógica del largoplacismo (longtermism). Tercero, se aborda el desafío que el posthumanismo y el transhumanismo plantean a la noción de un «sujeto» humano estable, argumentando que cualquier ética futura debe incorporar una ontología fluida del ser. Cuarto, se explora la búsqueda de un propósito cósmico secular como una respuesta funcional al problema de la motivación en un marco no religioso. El artículo concluye que la contribución original de esta síntesis es la articulación de una agenda de investigación para una filosofía prospectiva, una que integre la axiología, la gestión del riesgo y la ontología para guiar a la humanidad a través de su peligrosa adolescencia tecnológica.

Palabras Clave: Filosofía del Futuro, Riesgo Existencial, Largoplacismo (Longtermism), Posthumanismo, Ética Intergeneracional, Hans Jonas, Derek Parfit, Nick Bostrom.

1. Introducción: La Emergencia de un Nuevo Imperativo Filosófico

Desde la Antigüedad, la filosofía occidental ha centrado sus investigaciones en la condición humana dentro de parámetros ontológicos y temporales relativamente estables. La escala de la acción humana, aunque capaz de producir grandes bienes y males, no amenazaba la continuidad de la especie ni la integridad de la biosfera a escala geológica. Hoy, esta presunción ha colapsado. El Antropoceno, caracterizado por la capacidad humana para alterar sistemas planetarios fundamentales, y el desarrollo de tecnologías de doble uso con potencial catastrófico global (Ord, 2020), nos sitúan en un «precipicio» histórico. Esta nueva condición, marcada por una asimetría radical entre el poder tecnológico y la sabiduría ética, exige una reorientación fundamental del quehacer filosófico.

El presente ensayo postula que la construcción de una filosofía sistemática del futuro a largo plazo representa la tarea intelectual más urgente y de mayor impacto de nuestro tiempo. Esta no es una mera subdisciplina, sino una meta-filosofía necesaria para orientar todas las demás. Este artículo defiende que tal empresa requiere una síntesis integradora de campos a menudo tratados de forma aislada. Para articular esta tesis, el argumento se desarrollará de la siguiente manera: la sección 2 establecerá las bases normativas de la responsabilidad hacia el futuro lejano, basándose en Jonas y Parfit. La sección 3 analizará la formalización de esta responsabilidad a través del prisma del riesgo existencial y el largoplacismo. La sección 4 explorará el problema del «sujeto» del futuro a través del debate posthumanista. La sección 5 abordará el problema motivacional mediante la noción de propósito cósmico. Finalmente, una sección de discusión evaluará las limitaciones del enfoque antes de concluir con un llamado a una nueva agenda de investigación filosófica.

2. Fundamentos Normativos: De la Responsabilidad Asimétrica a la Ética Impersonal

La obligación moral hacia las generaciones futuras no es un concepto novedoso, pero su formulación tradicional es insuficiente para la era tecnológica. Hans Jonas (1984), en El Principio de Responsabilidad, fue uno de los primeros en diagnosticar esta insuficiencia. Argumentó que las éticas pre-tecnológicas eran recíprocas y de consecuencias limitadas. La tecnología moderna crea una asimetría de poder: nuestras acciones afectan a las generaciones futuras, pero ellas no pueden hacernos responsables. Esto da lugar a un nuevo imperativo: «Actúa de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra» (Jonas, 1984). Su «heurística del miedo» funciona como un principio de precaución, instándonos a dar un peso desproporcionado a los posibles resultados catastróficos.

Si Jonas estableció la obligación, Derek Parfit (1984), en Razones y Personas, desmanteló las intuiciones que obstaculizaban su aplicación lógica. A través del «Problema de la no Identidad», Parfit demostró que un enfoque ético basado en «dañar» a personas futuras específicas es incoherente, ya que nuestras decisiones a largo plazo determinan qué individuos existirán. Su solución es un giro hacia una ética impersonal y consecuencialista, donde el objetivo es producir el mejor resultado posible en abstracto, independientemente de las identidades de las personas futuras. Desde esta perspectiva, la extinción es la peor de las catástrofes no solo por el sufrimiento que causa, sino porque aniquila la totalidad del valor futuro potencial (Parfit, 1984; Meyer, 2021). Juntos, Jonas y Parfit proporcionan el fundamento normativo: tenemos una obligación asimétrica de asegurar la continuidad de la humanidad, y el valor de cumplir esta obligación debe juzgarse de manera impersonal y consecuencialista.

3. La Formalización del Deber: Riesgo Existencial y la Lógica del Largoplacismo

Sobre estos cimientos normativos, Nick Bostrom ha construido un programa de investigación analítico centrado en los riesgos existenciales. Un riesgo existencial se define como aquel que amenaza con «aniquilar la vida inteligente originaria de la Tierra o restringir permanente y drásticamente su potencial» (Bostrom, 2002). Estos riesgos (ej. IA no alineada, guerra nuclear, pandemias sintéticas) son cualitativamente distintos de otras catástrofes porque su daño es terminal e irrecuperable.

Esta formalización da lugar a la postura ética del largoplacismo (longtermism), que sostiene que influir positivamente en el futuro a largo plazo es una prioridad moral clave (Ord, 2020). Su argumento central, basado en el cálculo del valor esperado, es que incluso una pequeña reducción en la probabilidad de un riesgo existencial produce un beneficio moral de magnitud astronómica, al salvaguardar el valor potencial de billones de vidas futuras. Este enfoque prioriza intervenciones que son robustamente beneficiosas bajo una amplia gama de escenarios futuros, como la promoción de la cooperación internacional, el aumento de la sabiduría institucional y la investigación en seguridad tecnológica (Bostrom, 2013). Así, el largoplacismo traduce el imperativo abstracto de Jonas y Parfit en un programa de acción concreto y priorizado.

4. El Problema del Sujeto: Posthumanismo y la Ontología del Futuro

Una filosofía del futuro debe responder a la pregunta: ¿el futuro de quién o de qué estamos tratando de asegurar? La concepción tradicional de «humanidad» como una categoría biológica y ontológica estable es cuestionada por el posthumanismo y el transhumanismo.

El posthumanismo crítico, representado por teóricos como Francesca Ferrando (2019), deconstruye el humanismo como una ideología antropocéntrica y aboga por una visión donde las fronteras entre lo humano, lo animal y lo tecnológico se difuminan. Esto desafía a la ética largoplacista a aclarar si su objetivo es la preservación de Homo sapiens o la propagación de la conciencia y la complejidad, independientemente de su sustrato. Por otro lado, el transhumanismo (Bostrom, 2016) aboga activamente por la superación de las limitaciones humanas mediante la tecnología, planteando la posibilidad de sucesores «posthumanos» con capacidades radicalmente mejoradas (Bostrom, 2014). Esto introduce la cuestión de si tenemos la obligación de permanecer «humanos» o de guiar nuestra propia evolución. Una filosofía del futuro a largo plazo, por tanto, no puede ser una mera ética de la preservación; debe ser también una ontología política que delibere sobre la naturaleza deseable del sujeto moral del futuro.

5. Discusión y Limitaciones del Enfoque

La síntesis propuesta no está exenta de importantes desafíos teóricos y prácticos. Primero, el enfoque largoplacista enfrenta un problema de incertidumbre epistémica. Las probabilidades asignadas a los riesgos existenciales son, por naturaleza, especulativas, y la cadena causal entre nuestras acciones presentes y sus efectos milenarios es extraordinariamente compleja (el «cluelessness problem»). El argumento se defiende no como una ciencia predictiva exacta, sino como un marco para la gestión prudente del riesgo bajo condiciones de profunda incertidumbre.

Segundo, existe una tensión normativa entre las obligaciones hacia el futuro lejano y las demandas urgentes del presente, como la pobreza extrema o la injusticia social. Aunque se argumenta que muchas de las mejores intervenciones a largo plazo también benefician al presente, esta convergencia no está garantizada y requiere una teoría de la justicia distributiva inter e intrageneracional más sofisticada.

Tercero, la inclusión de un «propósito cósmico» (Goff, 2023) como solución al problema motivacional es metodológicamente controvertida. Se corre el riesgo de caer en la especulación metafísica. Sin embargo, se postula aquí su valor funcional: en ausencia de narrativas teleológicas tradicionales, una cosmología secularizada que dote de significado a la supervivencia y expansión de la conciencia puede ser un componente psicológicamente necesario para movilizar la acción colectiva a la escala requerida.

6. Conclusión y Agenda de Investigación Futura

Este artículo ha argumentado que la filosofía se enfrenta a un imperativo categórico para nuestra era tecnológica: desarrollar un marco sistemático para el futuro a largo plazo. Se ha postulado que dicho marco debe ser una síntesis de cuatro dominios: (1) una base normativa fundada en la responsabilidad asimétrica y la ética impersonal; (2) una metodología analítica centrada en la mitigación del riesgo existencial; (3) una ontología crítica del sujeto posthumano; y (4) una teleología funcional que aborde el problema de la motivación.

La contribución principal de este análisis no reside en la originalidad de sus partes individuales, sino en su articulación sintética como un programa de investigación coherente y unificado. El descuido de esta síntesis es el mayor punto ciego de la filosofía contemporánea.

La agenda para la investigación futura debe, por tanto, ser interdisciplinaria y multifacética. Las líneas prioritarias incluyen:

  1. Desarrollar teorías de la justicia que equilibren de manera robusta las demandas del presente con el valor del futuro lejano.
  2. Refinar la axiología del riesgo, explorando cómo tomar decisiones prudentes bajo incertidumbre radical y cómo valorar diferentes trayectorias futuras para la humanidad.
  3. Elaborar una «ética de la creación» que pueda guiar el desarrollo de inteligencias artificiales y las modificaciones genéticas, abordando la ontología del sujeto futuro.
  4. Investigar las bases psicológicas y sociológicas de la orientación a largo plazo, para que los imperativos filosóficos puedan traducirse en acción política y cultural efectiva.

En última instancia, la filosofía debe asumir su rol como guía en la encrucijada más peligrosa de la humanidad. Forjar la brújula conceptual para navegar nuestro futuro no es solo una tarea académica; es una condición necesaria para que la vasta y prometedora historia de la humanidad tenga la oportunidad de ser escrita.

Referencias Bibliográficas

Bostrom, N. (2002). Existential risks: Analyzing human extinction scenarios and related hazards. Journal of Evolution and Technology, 9(1), 1–31.

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Bostrom, N. (2016). Transhumanism. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Ed. de otoño de 2016). Metaphysics Research Lab, Stanford University. https://plato.stanford.edu/archives/fall2016/entries/transhumanism/

Ferrando, F. (2019). Philosophical posthumanism. Bloomsbury Academic.

Goff, P. (2023). Why? The purpose of the universe. Oxford University Press.

Jonas, H. (1984). The imperative of responsibility: In search of an ethics for the technological age. University of Chicago Press.

Meyer, L. (2021). Intergenerational justice. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Ed. de verano de 2021). Metaphysics Research Lab, Stanford University. https://plato.stanford.edu/archives/sum2021/entries/justice-intergenerational/

Ord, T. (2020). The precipice: Existential risk and the future of humanity. Hachette Books. Parfit, D. (1984). Reasons and persons. Oxford University Press.

El Porqué de un Diseño Curricular desde una Perspectiva Vigotskiana

Una de las contribuciones más importantes de Vigotsky, ha sido considerar a los individuos como seres sociales y al conocimiento como un producto social. partiendo de estas contribuciones vale preguntarse ¿cuáles serían los aspectos centrales de la Teoría Socio-Histórica para un diseño currricular para la sociedad de hoy? Para encontrar esta respuesta se debe partir de las siguientes tres tesis planlanteadas por Baquero (1996)[1]:

  1. La tesis de que los Procesos Psicológicos Superiores (PPS) tienen un origen histórico y social.
  2.  La tesis de que los instrumentos de mediación (herramientas y signos) cumplen un papel central en la construcción de tales PPS.
  3. La tesis de que los PPS deben abordarse según los procesos de su construcción, es decir, desde una perspectiva genética.

Estas tres tesis son de importancia vital, ya que todos los PPS (rudimentarios y avanzados) son adquiridos, en primera instancia, en un contexto social, para luego internalizarse. Esta internalización, que es una reconstrucción interna de una operación externa, es producto del uso de un determinado comportamiento cognitivo en un contexto social[2]. El proceso de internalización consiste en una serie de transformaciones[3]:

a) Una operación que inicialmente representa una actividad externa se reconstruye y comienza a suceder internamente. Para el desarrollo de los procesos mentales superiores la transformación de la actividad que se sirve de signos, cuya historia y característica quedan ilustradas por el desarrollo de la inteligencia práctica, de la atención voluntaria y de la memoria.

b) Un proceso interpersonal queda transformado en otro intrapersonal. En el desarrollo cultural del niño, toda función aparece dos veces: primero a nivel social, y más tarde, a nivel individual; primero entre personas (interpsicológica), y después, en el interior del propio niño (intrapsicológico). Esto puede aplicarse igualmente a la atención voluntaria, a la memoria lógica y a la formación de conceptos. Todas las funciones superiores se originan como relaciones entre seres humanos.

c) La transformación de un proceso interpersonal en un proceso intrapersonal es el resultado de una prolongada serie de procesos evolutivos. El proceso, aun siendo transformado, continúa existiendo y cambia como una forma externa de actividad durante cierto tiempo antes de internalizarse definitivamente. Su internalización está vinculada a cambios en las leyes que rigen su actividad y se incorporan en un nuevo sistema con sus propias leyes.

Puede observarse que el aprendizaje no es visto como una actividad solitaria, individual, sino en compañía de otros, es de carácter social y, según Vigotsky, esto favorecería un buen aprendizaje del sujeto, y contribuye a su desarrollo y su producción, a diferencia del sujeto epistémico piagetiano.

Los resultados de las investigaciones realizadas en los últimos años dan cuenta de la importancia cada vez mayor, de las interacciones sociales en el aprendizaje. En este marco, otro aporte importante de Vigotsky relacionado con las prácticas educativas, es el de la Zona de Desarrollo Próximo, (ZDP): “No es otra cosa que la distancia entre el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz[4].

Términos de su concepción general, “la ZDP puede entenderse como la estructura de actividad conjunta en cualquier contexto donde hay participantes que ejercen responsabilidades diferenciales en virtud de su distinta pericia”[5]. En ese sentido, se considera que en la actividad el objeto es transformado en forma subjetiva o imagen; al mismo tiempo, la actividad es convertida en resultado objetivo o producto.

Todos estos aspectos, enmarcan el concepto de competencia y en particular aquellas como el trabajo en equipo; pensamiento orientado a la resolución de problemas, pensamiento reflexivo, pensamiento crítico, entre otras de carácter transversal. Si se define competencia como la posesión y desarrollo de conocimientos, destrezas y actitudes, que le permiten al individuo que las posee: a) desarrollar con éxito ciertas actividades en un contexto determinado, b) adaptarse a las nuevas situaciones y transferir dichos conocimientos y habilidades a áreas profesionales próximas, la perspectiva vigotskyana enmarca adecuadamente tal definición.

Las Zonas de Desarrollo Próximo y las Competencias: Implicaciones Educativas

La Zonas de DesarrolloPróximo está relacionada con la interacción social, el uso y dominio de instrumentos semióticos, los que juegan un gran papel en el desarrollo de los propios niveles de intersubjetividad.

Es importante centrar el desarrollo de las competencias transversales en la interacción docente-alumno y en la interacción alumno-alumno. En este sentido, sostiene Onrubia[6]:

a) Al Insertar, en el máximo grado posible, la actividad puntual que el alumno realiza en cada momento, en el ámbito de marcos u objetivos más amplios en los cuales esa actividad pueda tomar significado de manera más adecuada.

Las competencias que pone en juego el alumno, se encuentran en un entorno más amplio en el cual se ubican y se insertan.

b) Propiciar la máxima participación de todos los alumnos, en las diversas actividades y tareas, incluso si su nivel de competencia, su interés, o sus conocimientos resultan en un primer momento muy escasos y poco adecuados.

Se trata de crear escenarios en los cuales cada uno de los participantes pueda realizar efectivamente todo aquello que sea capaz y el participante menos competente, pueda ir probando o modificando su capacidad de resolver las tareas.

c) Establecer un clima relacional, afectivo y emocional basado en la confianza, la seguridad y la aceptación mutua, y en el que tengan cabida la curiosidad, la capacidad de sorprenderse y el interés del conocimiento.

No sólo se debe tener en cuenta los aspectos cognitivos e intelectuales, sino que la creación de Zona de Desarrollo Próximo se ve favorecida por los aspectos emocionales, relacionales y afectivos.

d) Realizar modificaciones o ajustes tanto en la programación más amplia como en el desarrollo “sobre la marcha, de la propia actuación en función de la información obtenida a partir de las actuaciones y productos parciales realizados por los alumnos.

La asistencia adecuada de la Zona de Desarrollo Próximo, implica el seguimiento constante del participante más competente (que puede ser el docente) al participante menos competente.

e) Desarrollar la capacidad de autonomía en el uso de los conocimientos y en las decisiones de los alumnos.

Esto implica, por un lado, la creación de escenarios donde los alumnos desarrollen su actividad sin asistencia o con muy poca y por otro utilizar recursos que propicien en los alumnos el aprendizaje de competencias, que les permitan ir aprendiendo en forma autónoma.

f) Procurar las mayores relaciones explícitas entre los nuevos conocimientos (objeto de aprendizaje) y los conocimientos previos de los alumnos.

Puede ser útil emplear el conocimiento potencialmente compartido por el profesor y los alumnos como recurso facilitador: por una parte, el conocimiento compartido como resultado de la experiencia social común de los alumnos y por otra, el conocimiento compartido como resultado de la historia común de aprendizajes realizados en la propia aula.

g) Utilizar el lenguaje de la forma más clara y explícita posible. De acuerdo a Vigotsky, el habla es uno de los aspectos claves en el desarrollo de la Zona de Desarrollo Próximo, porque es a través de la misma que los alumnos entre sí y con el docente, realizan sus interacciones.

h. Emplear el lenguaje para recontextualizar y reconceptualizar la experiencia.

El lenguaje es un instrumento decisivo para ayudar a reestructurar y reorganizar las experiencias y conocimientos, reconstruyendo los significados relativos a estas experiencias en términos más cercanos a los significados culturales compartidos por los adultos.

La Educación Basada en Competencia pretende ser un enfoque integral que busca vincular el sector educativo con el productivo y elevar el potencial de los individuos, de cara a las transformaciones que sufre el mundo actual y la sociedad contemporánea.

La educación para el futuro debe sostenerse sobre la base de un Plan de Estudios con una modalidad educativa más acorde a las necesidades reales del entorno, donde la educación tenga mayor presencia no solo con los contenidos institucionales y pedagógicos, sino también en la evaluación de los resultados que se tenga en base al desempeño que demuestren los individuos una vez que hayan concluido su formación en el sistema educativo y que a su vez le permita la demostración de los saberes, sus competencias y su desempeño.

Por esta razón, la tesis que se plantea en este trabajo establece la idea de reforzar, ampliar y adecuar los Planes de Estudios en el sistema educativo bajo la metodología por competencias de cara a las exigencias del sector productivo. Esta metodología para los efectos de este trabajo es considerada como aquel proceso de enseñanza que facilita la transmisión de conocimientos, la generación de habilidades y destrezas que permite lograr un desempeño idóneo y eficiente al individuo para que incluya todos sus saberes y competencias adquiridos en su formación y que pueda ser utilizado para y en el trabajo.

Por último, es propio considerar la creciente necesidad que tienen las instituciones educativas en establecer la conexión entre la educación por competencias y una articulación curricular que responda a la demanda del sistema productivo de la República Dominicana.


[1] Baquero, R. Vigotsky y el aprendizaje escolar. Buenos Aires. Aique. 1996. 31 p.  

[2] Carretero, M. Constructivismo y Educación. Buenos Aires. Aique. 1999

[3] Vigotsky, L. El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. México. Crítica. 1988. 93, 94 págs.

[4] Cfr. Ibid., 133 p.

[5] Cfr. Coll, C. Martín, E. Mauri, T, Miras, M, Onrubia, J, Solé, I, Zabala, A. El constructivismo en el

aula. Barcelona. Grao. 1999. 155 p.

[6] Coll, C. Martín, E. Mauri, T, Miras, M, Onrubia, J, Solé, I, Zabala, A. Op. Cit. 139 p.

EL CORCHO PEDAGÓGICO

EL CORCHO PEDAGÓGICO 

cc

Un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido, le llamó la atención que una maestra estaba escondida en su escritorio, los alumnos tenían un desorden; todo un caos.«Con permiso, soy el Inspector. ¿Algún problema?»«Estoy abrumada señor, no sé qué hacer con estos chicos… No tengo láminas, no tengo libros, la Secretaría no me manda material didáctico, no tengo recursos electrónicos, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…»El inspector vio un corcho en el escritorio, lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos: «¿Qué es esto?»

Corcho, Cosas, Cierre, Tapa

«Un corcho señor», gritaron los alumnos. «Bien, ¿De dónde sale el corcho?». «De la botella señor. Se lo pone una máquina…». «Del alcornoque… de un árbol»… «De la madera…», respondían los niños. «¿Y qué se puede hacer con madera?», continuaba el docente. «Sillas…», «una mesa…», «¡un barco!». «Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja?… ¡Yo! ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito?… ¡Yo! ¿A qué provincia pertenece? ¿Y cuál es el puerto más cercano? ¿Qué poeta nació allí? ¿Qué produce la región?Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión.La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase, le dijo conmovida: «Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias.»Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra… Estaba escondida detrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden…«Señorita… ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí? «Sí señor, ¡Cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Usted se lo llevó?».Cuando el maestro no tiene vocación o alma de maestro, ¡nunca encontrará el corcho!

En este sentido, nos gustaría leer su opinión sobre qué tipo de consecuencias tendría en nuestros participantes y cómo nos veríamos como facilitadores delante de ellos,  si utilizamos o elaboramos de manera incorrecta los medios y ayudas didácticas.

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Diseño de un ambiente educativo como recurso didáctico bajo la Modalidad de Aprendizaje Tecno Colectivo para la asignatura Ética de la Persona I — santosmoretablog

Origen: Diseño de un ambiente educativo como recurso didáctico bajo la Modalidad de Aprendizaje Tecno Colectivo para la asignatura Ética de la Persona I

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